La producción de la seda
| Los gusanos de seda se han domesticado tanto que es difícil encontrarlos en estado salvaje, sólo se crían en cautividad |
El carácter de mercancía cara y preciosa ha llevado a pueblos enteros a lo largo de la historia a consagrarse a la manufactura de la seda y para muchos de ellos, su industria ha sido su base económica. Mientras que el uso de la lana y el lino en la Península Ibérica esta documentado en época romana por Plinio, el algodón y la seda fue desconocido hasta la llegada de los musulmanes, siendo introducido en España y Sicilia a través del Magreb. La calidad de la seda granadina se distinguió desde los momentos iniciales en que fue conocida su presencia en tierras andalusies, allá por el siglo VIII, cuando el asentamiento islámico en la Península Ibérica la trajo consigo.
La implantación de la sericultura en Granada se debe a las tribus sirias que se establecen en las zonas abrigadas de los valles de Sierra Nevada (Yabal al-Talch) y Sierra Morena. Fueron ellos quienes supieron reconocer en las Alpujarras las condiciones de clima y terreno adecuadas para desarrollar la producción de seda, introduciendo los primeros gusanos y las técnicas necesarias para su cultivo y elaboración. Las fuentes escritas de al-Andalus mencionan numerosas localidades dedicadas a la producción de seda. Así, según la información proporcionada por el geógrafo al-Idrisi, se calcula que hacia el siglo XI podían existir unas trescientas poblaciones vinculadas a esta actividad en las Alpujarras. El procesamiento inicial de la materia prima se realizaba principalmente en el ámbito rural, desde donde la seda era posteriormente trasladada a los centros textiles para ser hilada y tejida.
La actividad sedera no tardó en extenderse y surgieron numerosos centros textiles, generalmente próximos a las zonas donde se obtenía la materia prima: Granada, Córdoba, Almería, Jaén, Málaga y Murcia. En sus talleres se elaboraban tejidos destinados tanto al consumo dentro del propio reino como a mercados extranjeros. La exportación de estas telas contribuyó a difundir por distintos territorios la fama de los tejidos andalusíes y el prestigio de la seda con la que eran confeccionados.
![]() |
| Ilustración con el árbol de la morera: las ramas desnudas simbolizan la hoja caduca |
La manufactura de la seda requiere condiciones de clima, suelo y mano de obra muy particulares: la morera —alimento del gusano de seda— exige un suelo fino y fresco y, junto al gusano, reclama un calor moderado por la altitud o la cercanía del mar. Requería también una mano de obra abundante, especializada y asequible. Mientras que la cría de los gusanos necesitaba trabajadores durante todo el año, otras tareas eran estacionales. La recogida de los capullos y su posterior devanado concentraban buena parte del trabajo en un periodo de unos cuarenta días anuales.
La producción de seda tuvo, en gran medida, un marcado carácter doméstico y familiar, con una clara división de las tareas entre hombres y mujeres. Era una actividad que se desarrollaba de forma pausada y continuada a lo largo del año, siguiendo los distintos ciclos de la cría y transformación de la seda.
Las mujeres se ocupaban principalmente de la cría de los gusanos. Para favorecer la incubación de los huevos y mantenerlos a una temperatura adecuada, se colocaban los pequeños sacos que los contenían bajo las axilas o sobre el pecho, una práctica recogida ya en el Calendario de Córdoba del siglo X. Los capullos, recogidos durante el verano, se trabajaban posteriormente durante los meses de invierno. Entre las distintas fases del proceso, las mujeres se encargaban de devanarlos en la azarja, así como de las labores finales de encañado y urdido. Los hombres, por su parte, intervenían principalmente en las tareas intermedias de torcido y teñido de los hilos.
Durante el siglo IX, las calles de Córdoba comenzaron a llenarse de prendas de clara influencia oriental: altos gorros de seda sin teñir, tocados de terciopelo bordado, velos de brocado y lujosos vestidos. En la difusión de esta nueva moda tuvo un papel destacado Ziryab, el célebre músico de origen persa que llegó a la corte de Abd al-Rahman II procedente de la corte abasí de Bagdad. Las fuentes atribuyen a Ziryab numerosas innovaciones, entre ellas importantes cambios en la forma de vestir. Se le relaciona con la creación de un calendario de indumentaria que establecía qué tipos de prendas y tejidos eran más apropiados según cada estación. La seda, por ejemplo, se asociaba especialmente a la primavera, cuando se utilizaban tejidos de seda cruda (jazz), telas con urdimbre de seda y combinaciones de lana y seda.
![]() |
| Piezas expuestas en el Museo de Artes Decorativas de Madrid |
![]() |
| Piezas nazaríes en el Museo de Artes Decorativas de Madrid |
![]() |
| Museo de Artes Decorativas de Madrid |
La desaparición del Califato de Córdoba supuso el declive de buena parte de las estructuras que habían sustentado su esplendor, y la producción de seda fue desplazándose hacia otros territorios del sur de la península. Sin embargo, esta tradición encontró una continuidad especialmente destacada en el Reino nazarí de Granada (1238-1492), que heredó y mantuvo el saber y las técnicas de la industria sedera andalusí. Allí se conservaron y perfeccionaron unos tejidos de gran prestigio, cuya fama traspasó las fronteras de la península. Hoy sólo quedan fragmentos, retazos y jirones de las exquisitas piezas creadas por la cultura hispanomusulmana del reino nazarí, vestigios de un espléndido pasado. Se comerciaba con seda en bruto para exportarla a Italia, Aragón y Castilla (Kastalla), convirtiéndose estos tejidos en un vehículo de comunicación cultural, como ninguna otra de las llamadas artes industriales, por lo tanto su conocimiento es imprescindible para todo aquel que se interese por la Historia. Y es que las ricas telas nazaríes eran objetos elocuentes que, además de vistosas decoraciones de lacerías o atauriques, llevaban leyendas alusivas a valores políticos, éticos y estéticos islámicos, sin que ello restase interés a los ojos de los cristianos que las usaban comúnmente para la creación de su propio boato y en ceremonias religiosas. La seda era un bien muy preciado, como lo fuese el oro o las joyas, siendo utilizado en la diplomacia para agasajar a otros Estados como ocurrió por ejemplo en 1404 cuando las galeras castellanas mandadas por Pedro Niño recalaron en Málaga, a las que los musulmanes nazaríes llevaron el adiafa (regalos a los huéspedes diplomáticos) "muy honrosamente, en muchas zabras (barcos) guarnidas de paño de oro y seda".
| Lampás de seda nazarí con lacerías fabricado en Granada en el siglo XIV, conservado en Madrid, en el Museo Lázaro Galdiano |
![]() |
| Fragmento de mango de rueca realizado en hueso y tallado con decoración incisa, datado en el siglo XIV, procedente de la Alcazaba de Vélez-Málaga |
En Granada, la base de la manufactura se situaba entorno a la Vega, Guadix, Baza, y, principalmente, en la zona de las Alpujarras, donde -nos describe el ya nombrado Ibn Hawqal- las hojas de la morera inundaban el espacio disponible como una selva, enredados en ellas y en las ramas los capullos de seda. Las telas fabricadas en el reino nazarí causaba admiración incluso entre los viajeros orientales. Así, por ejemplo, en Almería (al-Mariya) donde se produce el dibay, un paño de seda que se caracteriza por su duración y calidad, o en Málaga (Malaqa) donde se hacían telas de colores con reflejos dorados (al-mawsi al-mudahhab) y en Granada y Baza una clase de tejido sedoso (mulabbad mujattam) en el que se mezclaban espléndidos colores que formaban decoraciones de arabescos y llevaban leyendas alusivas a valores islámicos, sin que ello preocupara a los cristianos que las utilizaban en sus ceremonias religiosas. Estas sedas llegaban al oriente islámico, especialmente Egipto, donde existía un importante consumo, y en menor cantidad a Bizancio.
La seda era clasificada en tres tipos dependiendo de su calidad:
- mercadante: la más valiosa, reservada para la exportación;
- raerzo: típica de las sierras de Ronda y Gaucín, de calidad media, también se exportaba, aunque en su mayoría iba para las clases pudientes de los reinos de la Península.
- cardazo: producida por gusanos alimentados por hojas de moral y zarza en lugar de moreras, destinada para el comercio interior
La industria sedera implicaba tanto a los habitantes del campo que ejercían la sericultura como a los de las ciudades que tejían y comercializaban el producto. Los campesinos plantaban grandes extensiones de morales en las sierras, criaban gusanos y almacenaban capullos, siendo las de Málaga, Comares y Bentomín las más apreciadas, aunque en la Alpujarra (al-Busarrat) era producida de forma masiva. Los sederos o qazzaz, tenían talleres de manufactura de la seda, siendo los más conocidos eran los de Jubiles, Nerja (Nâriyat) y el de la Alhambra, y con ella se fabricaban magníficos tejidos decorados con motivos vegetales que luego se vendían en todo el reino granadino. Los tejidos más apreciados eran los velos de gasa o almyzares y el tiraz, una tela delicada sobre la que se escribe el nombre del monarca, el príncipe y otros personajes importantes del reino nazarí de Granada.
La producción de seda fue uno de los pilares de la prosperidad económica del Reino nazarí. El oficio de sedero gozaba de consideración dentro de la sociedad andalusí y su actividad implicaba a distintos sectores de la población. Era frecuente que los propietarios de las moreras proporcionaran al trabajador un determinado número de árboles y los huevos de los gusanos de seda. El encargado de la cría asumía todo el proceso de cuidado y, como compensación por su trabajo, recibía una cuarta parte de la seda obtenida.
La industria sedera estaba sometida a diferentes impuestos que engrosaban las arcas del reino: se gravaban las hojas de moreras y morales que alimentaban a los gusanos, también había un impuesto sobre los capullos producidos, así como para los hornos utilizados para el hilado. La seda vendida en la Alcaicería tributaba el diezmo y el tartil, por su venta posterior se abonaba la alcabala y si era exportada por el almojarifazgo.
Para la decoración de las telas lujosas se combinaba sedas e hilos metálicos llamados oropel que se fabricaban con planchas de cuero o pergamino que eran doradas o plateadas y luego cortadas en finísimas tiras que se enrollaban a una almilla de seda, convirtiéndose en hilos sumamente resistentes, elásticos y preciosos, dando efectos dorados y plateados confiriendo a los tejidos una especial belleza y suntuosidad.
| Un callejón de la Alcaicería de Granada; en este lugar se vendía los tejidos más lujosos de seda en época nazarí |
Para la decoración de las telas lujosas se combinaba sedas e hilos metálicos llamados oropel que se fabricaban con planchas de cuero o pergamino que eran doradas o plateadas y luego cortadas en finísimas tiras que se enrollaban a una almilla de seda, convirtiéndose en hilos sumamente resistentes, elásticos y preciosos, dando efectos dorados y plateados confiriendo a los tejidos una especial belleza y suntuosidad.
| Las fusayolas son pequeñas pesas de telar, en este caso de hueso tallado, testigos del auge de la fabricación de tejidos de seda en la Granada islámica |
![]() |
| Estas son piezas que formaban parte del torno con el que se realizaba el torcido de los hilos de seda en la Granada nazarí |
El sistema para tejer la seda en Granada era el telar de tiro, traído desde Persia a la península en el siglo XI o incluso antes. Los telares de tiro sirven para realizar tejidos labrados a través de dos sistemas de leva de hilos, uno de lizos y otro de rama o mallón, permitiendo reproducir motivos decorativos repetitivos infinitos, de forma simple, tanto de ancho como de largo, tomando para ello un eje de simetría vertical, horizontal o diagonal, haciendo con ello que la decoración ocupase la totalidad del espacio, en un sistema representativo acorde a los preceptos estéticos del islam y del gusto nazarí. El telar de tiro permite además trabajos de gran complejidad constructiva y la alternancia de las urdimbres con distintos ligamentos, siendo el más complejo y vistoso "el lampás", que se trabaja con dos urdimbres que intervienen en los efectos de fondo y decoración, consiguiendo tejidos planos y en relieve con vistosos juegos de luz y perspectiva, siendo esencialmente el tejido empleado en los telares nazaríes.
| Este singular fragmento de seda de intensos colores y bella decoración de ataurique |
Además de servir para la confección de ropajes, las telas tenían un papel importante en la arquitectura, pues son de tela las tiendas de campaña, las colgaduras y cortinas que hacen la vida más confortable y sirven para separar espacios; los manteles, cobertores y alfamares de las camas, los cabezales y almohadones, a veces de vistosos colores e hilos de oro.
La conquista de Granada en 1492 puso fin al Reino nazarí, pero no acabó con la tradición sedera que durante siglos había contribuido a su riqueza y prestigio. Las Capitulaciones garantizaban a la población musulmana el mantenimiento de sus bienes, costumbres, leyes y religión; sin embargo, estas condiciones fueron progresivamente incumplidas y la antigua ciudad islámica quedó cada vez más separada de la nueva realidad cristiana.
Conscientes de la importancia económica de la industria textil granadina, los Reyes Católicos impusieron a partir de 1492 una gestión indirecta de la actividad sedera. Durante los primeros años del siglo XVI, sin embargo, el contrabando de tejidos con el norte de África, al margen del control regio, contribuyó al progresivo deterioro del sistema. A ello se sumaron las subidas arancelarias y el incremento de los arrendamientos, medidas destinadas a sufragar las necesidades económicas de la monarquía, que terminaron provocando una profunda crisis entre los sederos.
La actividad sedera continuó bajo dominio castellano, y fueron principalmente los moriscos quienes mantuvieron los conocimientos y las distintas fases de elaboración de la seda hasta su expulsión. Su participación no se limitaba a la producción: también controlaban buena parte de su comercialización, lo que les permitió alcanzar una posición económica relativamente próspera. Algunos autores han planteado incluso que los sederos moriscos pudieron desempeñar algún papel en la rebelión de 1568, tras la cual se produjo la expulsión de los moriscos del Albaicín.
La importancia económica de la seda se refleja también en las leyes suntuarias de 1494, posteriormente ampliadas en 1534 y 1586, que restringían el uso de determinados tejidos y objetos de lujo entre las clases acomodadas. Estas limitaciones llegaron a provocar una petición al emperador Carlos V para que se permitiera a los granadinos continuar utilizando la seda, al menos en las prendas interiores, mientras se respetaban las restricciones aplicadas a la vestimenta exterior.
A pesar de los cambios políticos y sociales, las autoridades trataron de conservar la calidad y el prestigio de la seda granadina. En 1501, el Cabildo estableció unas Ordenanzas destinadas a evitar fraudes y proteger las distintas manufacturas vinculadas a esta industria: terciopelos, rasos, damascos, tocas, tejidos ligeros, cintas y cordones, entre otras. Poco después, la Casa del Arte de la Seda se instaló en su primera sede, en la calle Cobertizo de Santo Domingo. Su finalidad era regular la actividad gremial y preservar la calidad de los productos elaborados.
En la primera década del siglo XVI, cuando Carlos V era todavía un niño, se fundó en la Granada recién conquistada la Casa del Arte de la Seda, concebida para garantizar la calidad de las manufacturas y atender la importante demanda existente. De este modo, se intentaba prolongar una tradición que durante más de dos siglos había dado fama y prosperidad al Reino de Granada.
La calidad de aquella seda había impresionado incluso a algunos de los viajeros que visitaron Granada. Jerónimo Münzer, en 1484, la calificó como «la seda más fina del mundo», mientras que Andrea Navagiero, durante su estancia de 1524-1525, habló de “una seda perfectísima”.
Sin embargo, la crisis se agravó a partir del levantamiento morisco de 1568. Los campesinos dedicados a la cría de gusanos de seda se vieron sometidos a una creciente presión, mientras se producían talas generalizadas de moreras, indispensables para la alimentación de los gusanos. Al mismo tiempo, numerosos tejedores se dispersaron por el reino de Castilla, debilitando aún más la estructura productiva granadina. El proceso culminó con la expulsión de los moriscos bajo el reinado de Felipe III, que supuso la pérdida de buena parte de los conocimientos, técnicas y trabajadores vinculados a la elaboración de la seda.
Era la misma seda que había contribuido al esplendor económico del reino y cuyo conocimiento técnico habían transmitido los moriscos durante generaciones. Con ellos también se marcharon muchos de los saberes necesarios para su elaboración. Sin embargo, como evocaba el verso de Sait Faik, “con los pañuelos de seda natural siempre pasa lo mismo. Por más que los arrugues y aprietes en el puño con fuerza, al abrir la mano brotan como un manantial”.
En España, procedentes del mercado del arte del siglo XIX y XX, las colecciones del Museo de la Alhambra, en la Fundación Gómez-Moreno y en el Museo Lázaro Galdiano conservan tejidos e indumentarias realizados en España en el reino nazarí de Granada a pesar de múltiples avatares a lo largo de los siglos.
![]() |
| Fragmento de cortina de seda con decoración naturalista, datado hacia 1369 y perteneciente al período nazarí, conservado en el Museo de la Alhambra |














Hola, muy interesante su entrada y muy instructiva; un detalle: la entrada del gusano de seda en España parece ser que fue con los bizantinos que ocuparon la antigua Cartaginense, lo siento pero no recuerdo la referencia bibliográfica, no quita para dar por hecho que en época islámica se potenció, generalizó y se perfeccionó el mundo de la seda. Un saludo cordial.
ResponderEliminarMuchas gracias por su comentario, todo en historia es discutible, y los diferentes argumentos enriquecen y logran dar más luz al respecto. Un cordial saludo
ResponderEliminarMuy buen post! Enhorabuena
ResponderEliminarMuchas gracias Isa :)
EliminarEfectivamente en Ciencia todo son hipótesis mas o menos confirmadas, no hay ciencia-dogma, por eso le rogaria Sr. CENTRAL de LIBROS ANTIGUOS que si le fuera posible, cuando lo recuerde, me pase la cita que hace referencia a los Bizantinos, para mi puede ser importante.
ResponderEliminar