Pinturas murales de la Sala de los Reyes de La Alhambra
Realizadas bajo el influjo del arte gótico, las pinturas que decoran las alcobas de la sala de los Reyes evidencian los intercambios culturales que mantuvieron cristianos y musulmanes en la época nazarí |
La bóveda de la Sala de los Reyes atesoran unas representaciones únicas en el mundo, ejemplares que son auténticas joyas: tres bóvedas de 15 metros cuadrados cada una revestidas con pinturas que representan escenas cortesanas del siglo XIV según la mayoría de opiniones o principios del XV, según las menos. El mal estado en que se encuentran y el peligro de que se deterioren aún más en el futuro hacen necesarios los actuales trabajos de conservación.
La Sala de los Reyes se encuentra en el testero este del Patio de los Leones. Tres alcobas con cúpulas elipsoidales de madera contienen las citadas pinturas, objeto de largas controversias desde que a mediados del siglo XVIII empezaran a atraer el interés de los estudiosos. ¿Fueron obra de artistas musulmanes o cristianos? ¿qué asuntos se representan en ellas? ¿a qué época pertenecen?
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Cúpula de mocárabes de la Sala de los Reyes |
Casi todos los autores señalan la influencia de la pintura gótica miniada en estos ejemplares que fueron realizados entre finales del siglo XIV y principios del XV, buscando su ascendente en el quattrocento del norte de Italia o incluso en el círculo de Aviñón, lo que no es de extrañar si tenemos en cuenta que el Reino de Granada mantuvo una importante colonia de comerciantes genoveses y venecianos con una gran influencia en la corte nazarí. Otros hablan de pintores mudéjares como artífices de estas obras, dadas las buenas relaciones entre Mohammed V, rey nazarí que mandó construir este espacio, y Pedro I "El Cruel", que llegarían posiblemente desde Sevilla.
Se desconoce el o los artistas que crearon estas pinturas y se discute su origen si italiano o peninsular, aunque está clara la influencia del arte cristiano en la obra |
Esta arquitectura construida con tanta originalidad fue la envidia de los soberanos cristianos, por lo que mientras Mohammed V seguía embelleciendo su palacio, Pedro I rey de Castilla y León decidió construir el suyo en Sevilla, ciudad que había sido arrebatada a los musulmanes hacía casi un siglo, pero prevalecía la fascinación por un modelo ideal de residencia. Pedro I recurrió a los artistas mudéjares de Toledo, así como a los del emirato de Mohammed V; esta colaboración fue tan estrecha porque ambos eran aliados. Todo ello redundó en un palacio que reproduce fielmente los códigos de la arquitectura andalusí y exhibe en su fachada, repetido hasta ocho veces, el lema de los sultanes nazaríes de la Alhambra: "No hay más vencedor que Alá". A esta suntuosa decoración, se suman símbolos del reinado Pedro I y ornamentos que caracterizan este nuevo estilo en que se fusionan las culturas. El estilo mudéjar marcará profundamente la arquitectura española hasta el siglo XVII.
Resulta curioso que el mismo fenómeno se produce en La Alhambra, en el Palacio de los Leones, pero a la inversa. A pocos metros de estos ornamentos propios de la arquitectura islámica, surgen tres bóvedas decoradas con figuras al estilo de un palacio cristiano. ¿Quién las construyó? ¿Quién las pintó? ¿Qué significa su presencia en La Alhambra? Realizadas en pieles de animales, las pinturas se encontraban en pésimo estado, con la pintura desprendida del soporte y había lascas enteras colgando, otras perdidas, o en el suelo. Las restauraciones concluidas, dirigidas por Elena Correa, Jefa del Departamento de Restauración de La Alhambra, permiten entender mejor su historia. En el siglo XIX se modifican las zonas de cubiertas y se introduce un canalón que se altera y produce muchas filtraciones de agua en las bóvedas; el efecto del agua había terminado por soltar los fragmentos de piel de la madera. En un primer momento, el objetivo es fijar la policromía desprendida y devolver la nitidez de los colores. Este ambicioso proyecto de restauración que se prolongó durante veinte años ha exigido un estudio en profundidad de los materiales y técnicas utilizados, además de permitir aclarar quienes fueron los constructores de las bóvedas, pues a través de rayos X se ha podido constatar que en el reverso de la piel hay una serie de rasgos caligráficos que nos indica que el soporte de piel fue trabajado por artesanos nazaríes; durante la restauración se ha descubierto que el armazón de madera es similar a otros de la Alhambra y se ha llegado a la conclusión de que fue realizado por artesanos musulmanes. Actualmente, las bóvedas pintadas de la Alhambra vuelven a ser perfectamente legibles gracias a las obras de restauración, redundando en un retrato sorprendentemente vívido del mundo nazarí: la escena central representa a los reyes de la dinastía nazarí (la opinión más aceptada por los historiadores, por las espadas ceremoniales que portan), mientras que las escenas laterales representan escenas de caza, de lucha, de castillos, que cuentan una historia en la que caballeros musulmanes luchan contra caballeros cristianos por la mano de una damisela y salen victoriosos. En cuanto a quienes fueron los pintores que produjeron estas imágenes, la pregunta sigue sin respuesta hoy en día, pues los motivos son comunes a la pintura medieval de aquella época, pudiendo ser que la idea fuese cristiana, pero hay mucha permeabilidad entre las dos culturas y que se prestan motivos. Tampoco se puede descartar que la mano ejecutora fuese musulmana, pues se sabe además, que eran diestros pintores. Estas pinturas demuestran así mismo que, lo figurativo, siempre que no invada los lugares y textos religiosos, tienen cabida en el mundo islámico, y la Alhambra no es una excepción al respecto.
Al igual que su origen es discutible, no lo es menos su simbolismo. La pintura principal situada en el camarín central, y que da nombre a la Sala, representa a unos personajes notables ataviados con las características vestimentas nazaríes, completamente lisas, sin adornos (similares a la Garnacha, una prenda cristiana utilizada en Europa Occidental entre los siglos XIII y XIV y que arraigó profundamente entre los musulmanes españoles), sólo portando la singular jineta nazarí, y sus tahalíes con adornos ejecutados con desaliño e inexactitud (algunos de dudoso carácter árabe) suspendidos del hombro derecho, y sentados sobre cojines o almohadas de asentar, dialogan animadamente entre ellos. Estos cojines bordados generalmente en rojo sobre fondo blanco, no están apoyados directamente sobre el suelo, sino en una colchoneta estrecha y de poca altura que va a lo largo del suelo junto a la pared y que solía ir cubierta por una tela gruesa y con un dibujo generalmente con rayado de diferentes colores sobre un fondo oscuro.
Siguiendo la moda nazarí, las barbas están teñidas de alheña |
Los notables muestran una actitud dialogante pero portando espadas jinetas pero ceremoniales, destacando el estatus privilegiado de su propietario |
La tradición considera que se trata de los diez primeros reyes de la dinastía Nazarí, desde Alhamar hasta Mohammed V como caballeros de la Orden Militar de la Banda (identificada con un estandarte de un campo rojo que sustenta una banda dorada y dos cabezas de sierpes en los cabos), establecida por Fernando III, quien la otorgaría al fundador de la dinastía nazarí por su valiosa ayuda en la conquista de Sevilla, y a sus descendientes. En el siglo XVI se decía “sala donde están los reyes” e incluso los testimonios de don Diego Hurtado de Mendoza y Antonio de Lalaing, afirmaron en 1502 que dichas figuras eran retratos de los reyes granadinos. Sin embargo carecen de atributos reales, por lo que es posible que se trate de una escena semejante a la que pudo haber ocurrido en este mismo lugar al reunirse con el rey o sin él, dignatario de la corte nazarí y doctores de la Ley, por lo que algunos críticos han querido ver en ellos un mexuar o tribunal.
En el revestimiento dorado de la bóveda pueden casi intuirse fragmentos del dibujo en relieve que representa unas palmetas alternando con otros dibujos que irían cubriendo toda la bóveda |
La cúpula elipsoide central de la Sala de los Reyes podría ser una estancia que en el lenguaje militar sería la Sala de Banderas, donde aparecen los retratos de los caballeros combatientes, con su galardón, que bien podría ser la espada honorífica ricamente adornada que lleva cada rey, en este caso por ser de la Orden Militar de la Banda. El escudo de la banda engolada aparece en los dos extremos de la bóveda sobre los leones sentados y coronados, que en heráldica eran la representación de Castilla, y también aparecen varios escudos rojos pequeños con la banda dorada simplemente en el zócalo inferior de dicha cúpula.
El escudo representado pertenece a la Orden de la Banda, una orden militar de origen castellano |
En la exposición "El Legado de Al-Ándalus" en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid se mostraron estas obras de Diego Sánchez Sarabia, de finales del siglo XVIII quien se encargó de la realización de estas copias ante una posible pérdida de estos bienes artísticos |
Las pinturas de los otros dos camarines parecen estar relacionados por su temática, con episodios de leyendas caballerescas tan de moda en aquellos tiempos y en las que intervienen moros y cristianos:
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Pintura de la bóveda del camarín septentrional de la Sala de los Reyes |
- En el camarín norte, dos personajes, un cristiano y un musulmán, realizan una serie de actividades similares con el objetivo de ganarse el amor de una dama cristiana. Los ejes están determinados por la fuente en que una pareja aparece dialogando tranquilamente en medio de la dinámica competición caballeresca que les rodea, mientras que en el lado opuesto hay otra fuente más pequeña ante un castillo en el que asoman a los miradores cuatro personajes mientras que por las puertas salen un joven y una joven.
Reproducción de Diego Sánchez Sarabia realizada entre 1760-1761 donde aparece representado el caballero musulmán lanceando un jabalí |
Escena caballeresca entre un hispanomusulmán granadino y una doncella cristiana quien recibe de él una presa cazada |
Caballero cristiano lanceando un oso, reproducción de Diego Sánchez Sarabia realizada entre 1760-1761 |
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Pinturas en la cámara meridional de la Sala de los Reyes |
Eje central de la bóveda meridional de la Sala de los Reyes donde aparecen representados dos jóvenes jugando al ajedrez, copiado en 1760-1761 por Diego Sánchez Sarabia en óleo sobre lienzo |
Reproducción de la pintura original policromada de la bóveda meridional o sur |
- En el camarín sur, el caballero musulmán abate con su lanza al cristiano ante el gesto suplicante de la dama que se encuentra contemplando el torneo desde una torre. Los ejes centrales en este caso se encuentran en el patio de un castillo donde un joven y una dama juegan al ajedrez observados desde altos ventanales y por otro lado el eje formado por otro castillo (casi un poblado con alcázar) con una dama desde la torre que contempla escenas caballerescas. Completan las escenas la profusión de aves, tanto en las copas de los árboles como en el cielo, algunas en el momento de ser atrapadas por un ave de presa, mientras que la pradera aparece rebosante de vida, entre flores y animales que retozan o huyen tales como zorros, liebres, conejos, patos o jabalíes -de hecho la palabra "jabalí" proviene del término árabe chabalí y significa "de la montaña"-.
Detalle de la obra de Diego Sánchez Sarabia a finales del siglo XVIII donde aparece la escena de un caballero medieval cristiano rescatando a una doncella de las manos de un salvaje |
Caballero nazarí con capucha típica del siglo XIV lancea a un gran montés según copia de Diego Sánchez Sarabia |
¿Podría tratarse -como en 1974 sugirió Jesús Bermudez Pareja- de personajes que estuvieran reunidos al aire libre en un espacio acotado con tela ricas y acondicionado para una fiesta social mientras que a su alrededor se desarrollan escenas deportivas juveniles?
Previamente fueron dibujadas punteando los perfiles sobre la superficie de pieles de carnero imprimidas con varias capas de yeso y pintadas al temple con huevo y barnizadas, se sujetan a un soporte abovedado de madera, de peralejo, por medio de engrudo y unos clavitos de bambú -este sistema de fijación evitaba la oxidación si los clavos eran de hierro, así como el desprendimiento por la diferencia en la dilatación- para cubrir por completo el intradós cóncavo de las bóvedas de tablazón llamadas barcas por su parecido. Las tres bóvedas fueron fabricadas en madera como cascos de barcos, en una técnica llamada "bóveda encamonada". Ensamblando las piezas en el suelo, primero se montaba el perímetro de la estructura con un falso anillo de largos peinazos de álamo blanco a los que se acoplaban las vigas curvas de medio cilindro o "costillas" que forman unos cuartos de esfera en los extremos. A continuación se clavaban unas gruesas tablas de pino en la cara interior de las vigas y que en los extremos, al ser semiesféricos, se cortaban en triángulos.
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