Jardín nazarí: la hiedra

La hiedra se encuentra ampliamente distribuida
por Europa y el Cáucaso y suele buscar lugares
frescos, húmedos y sombríos, cubriendo rocas,
troncos y paredes en bosques y barrancos
gracias a las numerosas raíces aéreas que nacen
de sus tallos que le permiten adherirse
a las superficies

Cuando pensamos en la vegetación de la Granada nazarí, nuestra imaginación suele detenerse en los naranjos, los limoneros, los cipreses o las plantas aromáticas de sus jardines. Sin embargo, el paisaje vegetal de al-Ándalus estaba compuesto por muchas otras especies que, además de aportar belleza, tenían importantes usos prácticos. Una de ellas era la hiedra, Hedera helix L., una planta trepadora que todavía hoy podemos encontrar creciendo sobre muros, rocas y árboles.

La hiedra es una planta leñosa y perenne que puede alcanzar hasta 30 metros de longitud. Sus hojas presentan formas muy variables —ovaladas, acorazonadas o palmeadas, algunas con lóbulos— y destacan por su intenso color verde y su superficie brillante. Sus pequeñas flores verdosas se agrupan en estructuras semejantes a sombrillas y dan lugar posteriormente a frutos redondeados y oscuros. Aunque estos frutos son consumidos por algunas aves, resultan tóxicos para el ser humano. En una ciudad como la Granada medieval, caracterizada por sus huertas, jardines, acequias, barrancos y espacios húmedos, estas características convertían a la hiedra en una presencia perfectamente integrada en el paisaje vegetal.

Pero la importancia de la hiedra en al-Ándalus no se limitaba a su presencia en la naturaleza. La planta fue utilizada tradicionalmente para teñir tejidos y curtir pieles, gracias a la riqueza en taninos de algunas de sus partes. Dependiendo de la variedad y del tratamiento empleado, las hojas y las bayas podían proporcionar tinta negra, mientras que los tallos podían utilizarse para obtener tonalidades rojizas.

Estos conocimientos quedaron recogidos en diferentes tratados botánicos y agrícolas de época andalusí, demostrando hasta qué punto el conocimiento de las plantas estaba vinculado a actividades artesanales y económicas.

Uno de los autores que nos proporciona información sobre la hiedra es el botánico sevillano Abū l-Jayr, activo entre los siglos XI y XII. En su obra Kitāb ʿUmdat al-ṭabīb, conocida como Guía básica para los médicos en torno a las plantas, recoge diferentes especies vegetales y sus características y usos. Entre ellas menciona una variedad de hiedra que algunos cristianos denominaban «hiedra negra» y que era utilizada con fines tintóreos. 

Este tipo de testimonios resulta especialmente interesante porque nos permite acercarnos a una realidad cotidiana de al-Ándalus que a menudo queda oculta tras los grandes monumentos: el conocimiento de la naturaleza y su aprovechamiento práctico.

La hiedra, una planta aparentemente humilde, que
 podía crecer espontáneamente sobre un muro o en un
barranco, formaba parte de un sistema de conocimientos
 que permitía aprovechar sus propiedades para teñir,
 curtir y elaborar productos utilizados
en la vida cotidiana


Comentarios

Entradas populares

El legado nazarí por el mundo