El Arrabal Bajo de la Ronda nazarí: la ciudad artesanal a los pies de la medina

El Arrabal Viejo o de San Miguel en Ronda, lejos de ser un
simple suburbio, formaba parte de la propia ciudad y
constituye uno de los mejores ejemplos para comprender
cómo se organizaban los espacios urbanos
en el Reino Nazarí de Granada

Cuando se visita Ronda, la atención suele concentrarse en la medina, el impresionante Tajo o los magníficos baños andalusíes. Sin embargo, a los pies de la ciudad amurallada existió un barrio que desempeñó un papel esencial en la vida económica y cotidiana de la Ronda nazarí: el Arrabal Bajo, también conocido como Arrabal Viejo, de las Curtidurías o de San Miguel.

Durante la época nazarí, Ronda contaba con dos grandes arrabales: el Bajo o Viejo y el Alto o Nuevo. El primero se extendía al pie de la medina, ocupando una pronunciada ladera que obligó a adaptar el urbanismo al relieve natural. Para salvar el desnivel se construyeron terrazas urbanas de diferentes dimensiones, sobre las que se distribuían viviendas, talleres y calles estrechas. Estas plataformas quedaban comunicadas por tres ejes principales: el camino de ronda que recorría el interior de la muralla del siglo XIV y los caminos que conducían hacia las puertas de la Cijara y de los Esparteros o del Colmenar, conectando el arrabal con la medina y con el Arrabal Alto.

Con una extensión aproximada de tres hectáreas, el Arrabal
Bajo representaba cerca del 19 % de la superficie urbana de la
Ronda nazarí, cuya ciudad ocupaba unas dieciséis hectáreas

Para quienes llegaban desde el interior del Reino Nazarí de Granada, el Arrabal Bajo era la primera imagen de la ciudad. El acceso se realizaba a través de la desaparecida Puerta de la Puente, demolida en 1905, situada entre la antigua mezquita —sobre cuyo solar se levantaría posteriormente la ermita de San Miguel— y los baños andalusíes, que se encontraban extramuros, junto al arroyo de las Culebras. Esta disposición no era casual. Los hammams solían levantarse junto a las puertas de las ciudades para facilitar el acceso tanto a viajeros como a vecinos y, al mismo tiempo, aprovechar la proximidad del agua necesaria para su funcionamiento.

Los arrabales no eran espacios marginales, sino auténticos barrios urbanos llenos de actividad. El Arrabal Bajo concentró buena parte de la producción artesanal de la Ronda nazarí, algo que todavía puede adivinarse gracias a la toponimia histórica. Nombres como Puerta de los Esparteros, camino de las Ollerías o Puente de las Curtidurías recuerdan algunos de los oficios que allí se desarrollaban: esparteros, alfareros, curtidores o ceramistas.

Estás pilas del siglo XVII en los Baños Árabes de Ronda
sirvieron para curtir pieles hasta entrado el siglo XIX

El cercano arroyo de las Culebras

Las excavaciones arqueológicas han confirmado esta intensa actividad económica. En una de las intervenciones apareció una tenería o curtiduría, cuya tradición continuó incluso después de la conquista castellana, junto a los baños andalusíes. En otra excavación se documentó una alfarería, donde se localizaron piletas destinadas a la decantación de las arcillas, además de otras dependencias relacionadas con la producción cerámica. Todo ello revela un barrio dinámico donde la artesanía, la transformación de materias primas y el comercio constituían parte fundamental de la economía urbana.

La importancia estratégica del Arrabal Bajo quedó patente durante el asedio castellano de 1485. Las tropas de los Reyes Católicos instalaron uno de sus campamentos en el Cerro de la Pedrea, situado frente al arrabal, bajo el mando de Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádiz. Desde allí, la artillería abrió brecha en la muralla baja, convirtiéndola en el primer objetivo del ataque contra la ciudad.

Tras la conquista de Ronda, una de las principales
preocupaciones de los Reyes Católicos fue reparar
los graves daños sufridos por las defensas, especialmente
porque la Guerra de Granada todavía no había terminado,
como atestiguan diversas cartas conservadas en el Tumbo  
de Sevilla que muestran cómo desde Ronda se solicitó el
envío urgente de albañiles, carpinteros y pedreros para
 reconstruir torres y murallas, pero las fortificaciones del
Arrabal Bajo nunca llegaron a restaurarse completamente

Entre 1505 y 1523 todavía se realizaron algunas reparaciones por temor a las incursiones moriscas en la Serranía de Ronda, pero el deterioro continuó agravándose. En 1572 las murallas del arrabal seguían presentando un estado muy deficiente y la ciudad comenzó a desplazarse progresivamente hacia una nueva zona de expansión situada al norte, conocida como el Mercadillo.

De esta forma, el antiguo barrio artesanal que durante la época nazarí había sido una de las principales puertas de entrada a Ronda fue perdiendo protagonismo hasta iniciar un lento proceso de abandono.


El antiguo barrio Mercadillo se desarrolló tras la conquista castellana y se convirtió en el principal centro comercial
de la Ronda cristiana hasta el siglo XIX


Hoy apenas quedan algunos vestigios de aquel arrabal, pero todavía es posible seguir las huellas de su pasado. Los Baños Andalusíes, excepcionalmente conservados, la ermita de San Miguel, levantada probablemente sobre una antigua mezquita, los restos de la muralla y la propia topografía del barrio permiten imaginar cómo era este espacio hace más de seis siglos. Recorrer el Arrabal Bajo es descubrir una Ronda distinta: la de los artesanos, los viajeros, los mercaderes y los vecinos que hicieron de este barrio uno de los motores económicos de la frontera occidental del Reino Nazarí de Granada.

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