La atalaya de La Solana
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| La Atalaya de la Solana, cerca de Moclín, es una de las huellas de la antigua frontera entre el Reino nazarí de Granada y Castilla |
En las tierras que rodean Moclín todavía quedan algunas huellas de aquella frontera que durante siglos separó el Reino nazarí de Granada de los territorios castellanos. Una de ellas es la Atalaya de la Solana, una pequeña torre de vigilancia que formaba parte de una extensa red defensiva.
La Torre Atalaya de la Solana se encuentra sobre una elevación situada a la derecha de la carretera que une Moclín con Puerto Lope, muy cerca de un cortijo al que se puede llegar fácilmente. Desde allí, el último tramo hasta la torre hay que hacerlo a pie, monte arriba, sobre un terreno cuyo sustrato es principalmente calizo.
Construida probablemente durante época nazarí, en el siglo XIV, aunque esta cronología se plantea como una hipótesis basada en su estructura y funcionalidad. su función no era la de albergar una guarnición numerosa, sino vigilar el territorio y advertir de cualquier movimiento enemigo. Desde su posición elevada podía mantener contacto visual con otras torres y fortalezas de la zona, transmitiendo avisos mediante señales de humo durante el día o fuego durante la noche.
La Atalaya de la Solana se integraba así en el complejo sistema defensivo de Moclín, una de las principales plazas fuertes de la frontera occidental del reino nazarí. El castillo dominaba un importante paso hacia la Vega de Granada y estaba conectado visualmente con otras atalayas, creando una auténtica cadena de vigilancia.
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| El Castillo de Moclín fue una de las principales fortalezas de la frontera nazarí, dominando el paso hacia la Vega de Granada y conectado con una red de atalayas para vigilar el territorio |
Hoy, contemplar esta sencilla torre en medio del paisaje permite imaginar una frontera muy distinta de la que vemos actualmente: un territorio de caminos, fortalezas, pequeñas aldeas y torres desde las que se vigilaba constantemente el horizonte.
La frontera nazarí no estaba formada únicamente por grandes castillos como los de Moclín o Íllora. También estaba hecha de estas pequeñas torres, aparentemente humildes, pero esenciales para defender, comunicar y controlar el territorio. La Atalaya de la Solana es, en definitiva, uno de esos pequeños testimonios que todavía nos ayudan a comprender cómo funcionaba el Reino nazarí de Granada y cómo se vivía en sus fronteras.
La torre llegó a 1993 prácticamente minada en su base. Ese año fue restaurada por la Escuela-Taller de Moclín, una intervención que permitió conservar su silueta, aunque no respetó del todo algunos de sus elementos constructivos más característicos. Especialmente afectadas quedaron la mitad inferior y las caras este y sur, donde se alteraron considerablemente las hiladas de mampostería y las verdugadas de ripio.
Su planta es circular y su aspecto, prácticamente cilíndrico, aunque no es completamente uniforme: la parte inferior parece algo más estrecha y el cuerpo central presenta un ligero abombamiento. Está construida con mampostería, es decir, con piedras colocadas de forma irregular, entre las que aparecen unas características verdugadas de ripio que marcan y separan las distintas hiladas. Las piedras son de tamaño mediano y grande y, al igual que la roca sobre la que se levanta la torre, son principalmente calizas. Para unirlas se utilizó una argamasa de aspecto muy terroso y ligeramente granuloso. Entre una verdugada de ripio y la siguiente hay una separación de aproximadamente 24 a 29 centímetros. En las caras norte y este todavía se conserva un enfoscado de unos 2 centímetros de grosor, que oculta completamente las piedras de la fábrica. En la cara norte puede observarse una plataforma interior que llega hasta una roca, sobre la que continúa levantándose la atalaya. En esa misma cara, aproximadamente en el tercio superior, todavía pueden distinguirse las huellas dejadas por los palos del encofrado, precisamente en el punto donde comienza ese cuerpo superior. En la cara este se abre una pequeña ventana-puerta, construida con jambas formadas por piedra tallada, tanto sillares como sillarejos. El dintel, sin embargo, se ha perdido.
Estos elementos permiten comprender cómo estaba organizada originalmente la torre: los dos tercios inferiores eran macizos, mientras que el tercio superior era hueco y constituía el espacio interior de la atalaya.
Por sus características constructivas y por la función que desempeñaba, todo apunta a que debemos situarla dentro del periodo nazarí, probablemente hacia mediados del siglo XIV.
Una pequeña torre, aparentemente sencilla, pero que nos habla de una época en la que vigilar el territorio era también una forma de protegerlo.
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| La Atalaya de la Solana, de época nazarí, formaba parte de una red de vigilancia fronteriza desde la que se alertaba de los movimientos enemigos mediante señales de humo y fuego |





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