María Pérez, la Balteira: una mujer entre trovadores y fronteras

 

María Pérez, personaje del siglo XIII, fue
conocida como la Balteira, a medio camino
entre la realidad y la leyenda

En la historia del siglo XIII hay personajes que parecen haber sido creados para alimentar la leyenda. María Pérez, conocida como la Balteira, es uno de ellos. Su nombre ha llegado hasta nosotros envuelto en versos satíricos, acusaciones, amores, juegos, viajes y rumores. Una mujer cuya fama, ya en vida, parecía precederla allá donde llegaba.

María Pérez procedía de Armea, en Galicia, y pertenecía a una familia de cierta condición social. Sin embargo, en algún momento decidió abandonar la vida que correspondía a una mujer de su posición para convertirse en soldadeira: una mujer que acompañaba a las huestes y a los trovadores, participando en espectáculos, cantando, bailando y tocando instrumentos.

Su vida fue itinerante. Se movió por los territorios de la Corona de Castilla y por las zonas fronterizas donde la guerra, el comercio, la diplomacia y la aventura se mezclaban constantemente. Y fue precisamente en una de esas fronteras donde su historia adquiere un interés especial para quienes seguimos el rastro del reino nazarí de Granada.

Hacia 1244, el territorio murciano se había convertido en uno de los grandes escenarios de la expansión castellana hacia el sureste peninsular. El infante Alfonso de Castilla, futuro Alfonso X, participaba en las operaciones destinadas a consolidar el dominio castellano sobre Murcia y sus principales plazas.

Al otro lado de aquella frontera se encontraba reino nazarí de Granada, que no había alcanzado aún la configuración territorial que tendría en décadas posteriores, pero la dinastía nazarí comenzaba a consolidar su poder. Era un territorio de fronteras cambiantes, alianzas, vasallajes y enfrentamientos. Y también un espacio donde las personas cruzaban de un lado a otro mucho más de lo que una visión rígida de la frontera medieval podría hacernos imaginar.

Balteira fue protagonista de numerosas cantigas de escarnio y maldecir, en las que trovadores como Pero Garcia d’Ambroa y Pero Mafaldo construyeron a su alrededor una imagen tan fascinante como difícil de separar de la sátira: una mujer ingeniosa, aficionada al juego, provocadora y capaz de enfrentarse a los hombres con la palabra como principal arma. Sin embargo, estos testimonios deben leerse con cautela. No fueron escritos con intención de recoger su biografía, sino como composiciones satíricas en las que la exageración, el doble sentido y la caricatura formaban parte esencial del juego poético. Y, aun así, entre las burlas se adivina una realidad reveladora: Balteira era una mujer célebre, de carácter independiente y habituada a desenvolverse en unos espacios sociales y culturales mayoritariamente masculinos.

Buena parte de las composiciones dedicadas a Balteira giran alrededor del juego. Los trovadores cuentan que tenía fama de tramposa con los dados y que sabía desplumar a sus adversarios. Cuando perdía, según estos versos, respondía con la misma habilidad con la que jugaba: utilizando la palabra como arma.

La tradición literaria construyó así una Balteira casi legendaria: una mujer que podía enfrentarse a los hombres en el juego, en el canto y en la discusión; una mujer cuya lengua parecía ser tan peligrosa como cualquier espada. Incluso en una de aquellas escenas, Pero Garcia d’Ambroa habría llegado a advertir a los ballesteros que no disparasen contra María porque ella era mucho más certera que ellos.

Pero quizá lo más interesante de Balteira no sea lo que los trovadores dijeron de ella, sino lo que su presencia nos permite intuir sobre aquella sociedad. En una de las disputas poéticas relacionadas con Balteira, Vasco Pérez Pardal pregunta a Pedr’Amigo de Sevilla por la soldadeira y, dentro de aquel juego de provocaciones, aparece la insinuación de que María habría cruzado la frontera y llegado hasta territorio musulmán. El detalle resulta especialmente sugerente porque la composición menciona sus supuestos tratos con un miembro de los Banu Asqilula, linaje que tendría un papel fundamental en la historia política del reino nazarí. Los Banu Asqilula era una poderosa familia asentada principalmente en el área de Málaga y Comares. Durante la segunda mitad del siglo XIII llegarían a convertirse en los principales rivales de la dinastía nazarí y protagonizarían una compleja lucha por el poder. Por tanto, si las alusiones de las cantigas contienen algún fondo de verdad, Balteira habría podido entrar en contacto con personajes vinculados a uno de los linajes que acabarían enfrentándose a los propios nazaríes. ¿Pero qué hacía allí? No lo sabemos. Y probablemente nunca lo sepamos. Podríamos imaginarla atravesando la frontera como parte de una misión diplomática, llevando mensajes, buscando contactos o participando en las complejas negociaciones que mantenían los castellanos con los diferentes poderes musulmanes. Una mujer acostumbrada a viajar, relacionada con trovadores y cortes, y capaz de desenvolverse en ambientes aristocráticos podría haber sido una excelente intermediaria, pero esto es una hipótesis.

En aquel momento, las rivalidades internas de al-Andalus eran tan importantes como el enfrentamiento entre cristianos y musulmanes. Castilla podía encontrar aliados entre los enemigos de los nazaríes, mientras que los distintos linajes musulmanes podían recurrir a los castellanos para reforzar sus propias posiciones.

También existe una explicación mucho más sencilla: Balteira pudo haber cruzado la frontera simplemente para actuar. Las fronteras medievales no eran muros infranqueables. Mercaderes, cautivos, embajadores, soldados, peregrinos, artistas y aventureros las atravesaban constantemente. La guerra no impedía el contacto; muchas veces, precisamente, lo multiplicaba. Y quizá María Pérez no necesitara ninguna misión secreta y solo era una artista que seguía el camino allí donde encontraba público.

No sabemos si en Granada actuó ante una corte, si conoció a algún miembro de los Banu Asqilula, si sirvió como intermediaria o si simplemente siguió su oficio de artista.

Balteira continúa despertando curiosidad, quizá porque representa algo que las fuentes medievales suelen ocultar: la capacidad de algunas mujeres para escapar, al menos parcialmente, de los papeles que la sociedad había reservado para ellas. Cantó, viajó, jugó, discutió y cruzó fronteras.

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