Antequeruela y Rabad-Alfajjarin: Historia de los Arrabales de Granada

En las antiguas huertas de Abulnest se alzaba una iglesia
 mozárabe cuyos cristianos, aunque normalmente no podían
tocar las campanas, tenían permiso para hacerlo el Jueves
Santo, tradición que hoy pervive en la iglesia de San Cecilio

En la Granada medieval, los barrios periféricos o arrabales surgían alrededor de las murallas como zonas de expansión y refugio para diversas comunidades. Entre ellos destacan la Antequeruela y el Rabad-Alfajjarin, dos arrabales con un pasado ligado tanto a la historia urbana como a la migración de poblaciones en el contexto de la Reconquista.

A los pies de la Antequeruela se encuentra la plaza Campo
 del Príncipe, conocida en época hispanomusulmana como
 Abulnest o Abu l-Nayd, junto a la cual existió
probablemente un cementerio musulmán

La Antequeruela se desarrolló al sur de la ciudad, en un área que lindaba con la antigua Garnata al-Yahud o barrio judío. Según el P. Echevarría, lo que en tiempos antiguos era la Antequeruela comprendía el Campo del Príncipe, la calle de los Molinos, la de Santiago, Solares y toda la parroquia de San Cecilio. Esta zona se consolidó como un núcleo poblacional importante, protegido por la Cerca del Sur, construida para defender los arrabales del sur de Granada.

En el año 1410, tras la conquista de Antequera por el infante D. Fernando, hispanomusulmanes que huyeron de dicha ciudad se asentaron en la Antequeruela, situada en la loma de Ahabul, cerca de la ermita de los Mártires, consolidando así la población del arrabal y su carácter multicultural.

Limitando con la Antequeruela, al norte de la muralla de Poniente, se encontraba el Rabad-Alfajjarin o “arrabal de los Alfareros”. Este arrabal conectaba la ciudad con las afueras a través de la Puerta del Realejo Bajo, comunicando Muxmira o Alameda de Muamil con la actual calle de Santa Escolástica.

En el Rabad-Alfajjarin existían varias jima o pequeños barrios
 y edificios notables, cuyos vestigios aún se conservan en la
 Casa de los Girones como testimonio de su riqueza histórica

En el Rabad-Alfajjarin se situaban varias jima (calles o barrios pequeños), como la de Abengimara y otra denominada de los Altareros, así como destacados edificios que reflejaban la riqueza arquitectónica de la zona. Uno de estos edificios, aunque modificado, dejó vestigios que se conservan en la Casa de los Girones, testimonio del legado histórico del arrabal.

Ambos arrabales, Antequeruela y Rabad-Alfajjarin, ilustran cómo la expansión urbana de Granada respondía tanto a necesidades defensivas como a la integración de poblaciones desplazadas. Mientras la Antequeruela se caracterizaba por recibir a comunidades moriscas que huían de Antequera, el Rabad-Alfajjarin reflejaba la actividad económica y artesanal, destacando la presencia de alfareros y talleres que daban nombre al arrabal.

La historia de estos barrios muestra la confluencia de culturas, la adaptación urbana y la resiliencia de comunidades desplazadas, elementos que aún hoy pueden apreciarse en la configuración urbana y en los restos arquitectónicos que perduran en Granada.

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