Torre de Juan de Arce
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| La torre de Juan de Arce, conocida así por la persona que la habitó según el Memorial de Orea informándonos de su uso tras la conquista como vivienda para soldados de la guarnición alhambreña |
La torre de Juan de Arce, situada en el flanco sur de la Alhambra, responde plenamente al modelo constructivo de las torres defensivas de este sector del recinto. Su estructura original fue sencilla y funcional, concebida como un elemento integrado en la muralla más que como una edificación autónoma y monumental. Formaba parte de una cortina continua de muros robustos, que en época medieval estuvieron coronados por almenas, configurando la imagen defensiva característica de la fortaleza nazarí.
Tras la conquista cristiana, la torre de Juan de Arce mantuvo este aspecto almenado durante décadas. No fue hasta el último cuarto del siglo XVI cuando los merlones comenzaron a desaparecer, al considerarse ya ineficaces desde el punto de vista militar. En su lugar se levantaron parapetos de piedra de Alfacar, adaptando la muralla —y con ella la torre— a nuevas formas de defensa acordes con la evolución de la artillería.
A finales del siglo XVIII, la torre de Juan de Arce había sufrido nuevas transformaciones que evidencian el uso continuado del recinto. En este momento estaba coronada por una pequeña vivienda construida sobre su plataforma superior, mientras que el adarve de la guardia la atravesaba, integrándola plenamente en el recorrido defensivo. Este uso residencial-militar no fue excepcional y refleja la adaptación de la Alhambra a funciones prácticas más allá de su papel simbólico y defensivo original.
La situación cambió radicalmente en el siglo XIX. En el plano de la Alhambra realizado por Rafael Contreras a mediados de esa centuria, la torre de Juan de Arce ya no aparece representada, señal de su completa desaparición. Las fotografías de comienzos del siglo XX confirman esta pérdida: la línea de muralla entre la torre del Agua y la de Siete Suelos se muestra como una cortina recta y continua, sin torres intermedias visibles. El abandono, las transformaciones históricas y los episodios bélicos habían borrado casi por completo la torre del paisaje fortificado.
Toda la línea de muralla (que durante las primeras guerras carlistas fueron añadidos a estos tramos un parapeto con aspilleras para mayor defensa de la fortaleza, según cita Gómez-Moreno en su Guía de Granada) presenta las huellas de la voladura napoleónica que deshizo esta torre, junto a la de Baltasar de la Cruz.
La recuperación de la torre de Juan de Arce comenzó con las actuaciones de Modesto Cendoya, quien desescombró el foso entre Siete Suelos y la torre del Agua, sacando nuevamente a la luz los restos de las torres desaparecidas. En el plano elaborado tras esta intervención, la torre de Juan de Arce vuelve a figurar como tal, recuperando su identidad dentro del sistema defensivo. No obstante, sería Leopoldo Torres Balbás quien, poco antes de 1936, acometiera su reconstrucción, cerrando definitivamente el perímetro fortificado de la Alhambra, hasta entonces protegido de manera provisional.
Las obras continuaron en la segunda mitad del siglo XX. Entre 1960 y 1961 se completó la reconstrucción de la parte superior de este sector de murallas, y aunque en 1964 la intervención más destacada de Francisco Prieto-Moreno se centró en la torre de Baltasar de la Cruz, sus criterios influyeron también en la lectura actual de la torre de Juan de Arce. Prieto-Moreno defendió una restauración legible, dejando visible el ladrillo empleado en las reconstrucciones para diferenciarlo claramente del tapial original, y aplicó una pátina blanquecina que evocaba el color primitivo de torres y murallas, suavizada con una mezcla de agua y tierra alpañata para evitar un contraste excesivo.
En este contexto se abrieron vanos que probablemente no existieron en época nazarí, aunque podrían tener precedentes en la etapa cristiana, cuando la torre fue utilizada como residencia militar. La decisión de dejar algunas torres sin cubrir provocó, con el paso del tiempo, problemas de filtraciones y deterioro. Por ello, en 2003 se llevó a cabo una nueva intervención en la torre de Juan de Arce, que corrigió estas deficiencias, la cubrió adecuadamente y le otorgó el aspecto que presenta hoy.
La torre de Juan de Arce es, en definitiva, un ejemplo elocuente de la compleja historia constructiva de la Alhambra: una arquitectura marcada por la función defensiva, transformada por los cambios históricos, desaparecida durante décadas y finalmente recuperada mediante sucesivas restauraciones que reflejan las distintas sensibilidades patrimoniales de cada época.


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