Alhaurín el Grande (Málaga)

El Alhaurín nazarí fue una villa amurallada que
protegía el valle del Guadalhorce

Cuando pensamos en el Reino nazarí de Granada solemos imaginar la Alhambra o las grandes ciudades fortificadas. Sin embargo, el territorio nazarí estaba formado también por una red de pequeñas villas y alquerías estratégicas que defendían los fértiles valles del reino. Una de ellas fue Laurín, la actual Alhaurín el Grande, cuya historia medieval aún puede reconstruirse gracias a las crónicas, los Libros de Repartimiento y un único vestigio conservado: el Arco del Cobertizo.

Durante el siglo XV, el valle del Guadalhorce se convirtió en un territorio fronterizo sometido a continuas incursiones castellanas. Tras la conquista de Antequera en 1410, las expediciones militares sobre las poblaciones nazaríes fueron cada vez más frecuentes. En ocasiones se trataba de rápidas razias destinadas al saqueo; otras veces eran campañas dirigidas por la nobleza o incluso por los propios reyes de Castilla.

Las fuentes medievales mencionan ya a Laurín en 1455, durante el reinado de Enrique IV, cuando fue atacada junto a otras localidades del valle. Años más tarde, en 1470, las tropas del marqués de Cádiz devastaron Laurín, Coín y el llamado Valle de Santa María, una zona que comprendía parte de los actuales municipios de Alhaurín el Grande, Alhaurín de la Torre y Coín.

La situación cambió definitivamente en 1485, cuando los Reyes Católicos emprendieron la conquista del valle del Guadalhorce. Mientras sitiaban Álora y Cártama, muchos habitantes de las poblaciones cercanas abandonaron sus hogares para evitar la muerte o la esclavitud. Entre esas localidades se encontraba Alhaurín, que pasó a formar parte de la Corona de Castilla.

Aunque hoy apenas quedan restos visibles, las fuentes documentales confirman que Alhaurín el Grande fue una villa fortificada. Los cronistas de Enrique IV describen la existencia de una fortaleza, mientras que Alonso de Palencia vuelve a citarla durante la campaña de 1485. A ello se suman los Libros de Repartimiento, donde aparecen referencias constantes al adarve, a puertas, postigos, torres y portillos, elementos propios de un recinto defensivo.

Todo indica que la villa estaba rodeada por una muralla adaptada al relieve y dotada de varias entradas. La principal probablemente se encontraba en la actual calle Puerta de la Villa, un topónimo que ha sobrevivido más de cinco siglos y que conserva la memoria del acceso principal al recinto medieval.

La defensa de Laurín no dependía únicamente de sus murallas. Formaba parte de una red de fortificaciones que protegían uno de los territorios agrícolas más ricos del Reino nazarí.

Las atalayas situadas en la Sierra de Mijas vigilaban el acceso desde la costa, mientras que núcleos como Urique, Fahala, Benamaquís o Dakwan (la actual Coín) completaban un complejo sistema defensivo. A ello se añadían diversas torres de alquería distribuidas por todo el valle, encargadas de controlar caminos, cultivos y comunicaciones.

Hoy únicamente se conserva un elemento de aquel 
recinto medieval: el Arco del Cobertizo

El único elemento de aquel recinto medieval conservado es el Arco del Cobertizo, que lejos de ser un simple arco aislado, los estudios arqueológicos indican que formó parte de una torre-puerta en recodo, un sistema defensivo muy habitual en la arquitectura nazarí. Este tipo de acceso obligaba a los atacantes a realizar un giro de noventa grados antes de entrar en la población, dificultando enormemente cualquier asalto.

Los ladrillos originales, de tipología almohade, permiten fechar su construcción entre los siglos XII y XIII. Sin embargo, las sucesivas restauraciones realizadas desde finales del siglo XX han alterado parcialmente su aspecto original.

Situado en la confluencia de las calles Altillo e Iglesia, el Arco del Cobertizo constituye hoy el único vestigio visible del antiguo recinto amurallado y uno de los elementos patrimoniales más importantes de Alhaurín el Grande.

Los Libros de Repartimiento ofrecen una valiosa fotografía de la villa inmediatamente después de la conquista. En ellos aparecen repartidas 54 viviendas, además de otros solares y casas que posteriormente serían ocupados por los nuevos pobladores cristianos. Todo ello permite calcular que la población islámica disponía de entre 70 y 80 casas, muchas de ellas de reducidas dimensiones.

Aplicando los modelos demográficos utilizados para otras poblaciones andalusíes, los investigadores estiman que Laurín contaría con una población aproximada de 350 habitantes en los últimos años del dominio nazarí. Además del núcleo principal, probablemente existía un arrabal extramuros, mencionado también en los repartimientos, lo que demuestra que la actividad urbana comenzaba a extenderse más allá de la muralla incluso antes de la conquista castellana.

La desaparición casi total del recinto defensivo ha
obligado a reconstruir su recorrido combinando
documentación histórica, topografía y toponimia

La hipótesis más reciente plantea un recinto de algo más de 10.000 metros cuadrados, mucho más reducido que otras propuestas anteriores y mejor adaptado tanto a los datos arqueológicos como a la información de los repartimientos. El trazado partiría desde el Arco del Cobertizo y recorrería las actuales calles Iglesia, Altillo, Rosales, Plaza Baja, San Sebastián y Puerta de la Villa, cerrando un perímetro coherente con el tamaño que debió tener la antigua villa nazarí. Los nombres de calles como Puerta de la Villa o calle del Muro constituyen hoy auténticos fósiles históricos que siguen marcando, siglos después, el recorrido aproximado de aquella fortificación desaparecida.

Tras la conquista de 1485, las murallas perdieron rápidamente su función militar. Los nuevos pobladores comenzaron a construir viviendas apoyadas sobre el antiguo recinto defensivo e incluso sobre algunas de sus puertas. En apenas unas décadas, la cerca había quedado parcialmente derruida y en 1505 los vecinos ya informaban a la Corona de que la villa estaba “sin adarve” y con “la cerca muy caída”. A pesar de la inseguridad provocada por la piratería berberisca durante el siglo XVI, nunca se restauró la fortificación. Con el paso del tiempo, las murallas desaparecieron bajo el crecimiento urbano hasta quedar únicamente el Arco del Cobertizo como testimonio material de aquel pasado.

La historia de Alhaurín el Grande demuestra que el Reino nazarí no estuvo formado únicamente por grandes ciudades monumentales. Su fortaleza residía también en pequeñas villas como Laurín, organizadas para defender el territorio, controlar los recursos agrícolas y garantizar las comunicaciones del valle del Guadalhorce.

Aunque la muralla haya desaparecido casi por completo, la documentación histórica, la arqueología y la propia trama urbana permiten seguir leyendo el paisaje medieval. Caminar hoy por calles como Altillo, Puerta de la Villa o el entorno del Arco del Cobertizo es recorrer, en gran medida, el mismo espacio que protegieron las murallas nazaríes hace más de quinientos años.


Comentarios

Entradas populares

El legado nazarí por el mundo