El lema de la dinastía nazarí: “Wa-lā ghāliba illā Allāh”

El lema nazarí aparece probablemente más de
un millar de veces en la Alhambra y el Generalife,
no solo como elemento ornamental, sino como
símbolo de la legitimidad e identidad
de la dinastía

Pocas inscripciones están tan estrechamente vinculadas a la imagen del Reino nazarí de Granada como “Wa-lā ghāliba illā Allāh” (وَلَا غَالِبَ إِلَّا اللّٰه), tradicionalmente traducida como “Y no hay vencedor sino Dios”. Repetida una y otra vez por los palacios de la Alhambra y el Generalife, esta breve frase se convirtió en el lema de la dinastía nazarí y en uno de los elementos más característicos de su identidad política y artística.

Su origen se relaciona con Mohammed I ibn al-Ahmar, fundador de la dinastía nazarí y primer emir de Granada. Tras sus primeras victorias militares recibió el sobrenombre de al-Ghālib bi-llāh, “el Vencedor por Dios”. Según la tradición, el propio Mohammed I habría respondido ante este apelativo con la expresión “Wa-lā ghāliba illā Allāh”, es decir, “y no hay vencedor sino Dios”. La frase terminaría convirtiéndose en el lema de la nueva dinastía.

El lema nazarí también figura en el escudo
de la Orden de la Banda, como puede
apreciarse en esta pieza de alicatado
de la Alhambra

En la Alhambra, el lema aparece de forma prácticamente omnipresente. Se encuentra integrado en las extraordinarias composiciones de yesería que decoran los palacios, formando cenefas que rodean otras inscripciones, recorren muros y rebordean puertas y ventanas. También aparece en los arrocabes de madera de las cubiertas, formando parte de un programa decorativo en el que arquitectura, escritura y poder se encuentran estrechamente unidos.

Su presencia es tan abundante que resulta difícil incluso contabilizar todas sus apariciones. Aunque no existe un recuento exhaustivo, probablemente el lema se repita más de un millar de veces en el conjunto de la Alhambra y el Generalife. Su reiteración no debe entenderse simplemente como una cuestión ornamental: la escritura era también un instrumento para expresar la legitimidad y la identidad de la dinastía gobernante.


Está partes del Cuarto Dorado repite la divisa
hasta la saciedad, en el interior de estrellas
de doce puntas

La fórmula recuerda además que, aunque el emir fuera el gobernante efectivo del territorio, la victoria última pertenecía a Dios. De este modo, el lema vinculaba simbólicamente el poder de los soberanos nazaríes con la voluntad divina.

Sin embargo, “Wa-lā ghāliba illā Allāh” no fue una expresión exclusiva del Reino nazarí. Su presencia también está documentada entre los meriníes de Marruecos, dinastía con la que los nazaríes mantuvieron durante siglos una intensa relación política, militar y cultural.

Incluso en el interior de la torre de Comares,
salón del trono de la dinastía nazarí, se
repite su divisa familiar

Un ejemplo especialmente interesante se encuentra en la qasba de los Udayya, en Rabat, donde el lema aparece en los capiteles de un templete situado en sus jardines. En este caso se presenta sin la conjunción wa- (“y”) al comienzo, dando lugar a la fórmula “Lā ghāliba illā Allāh”, que puede traducirse como “No hay vencedor sino Dios” o, de manera más literal, “Sólo Dios es vencedor”.

La utilización de una misma fórmula por nazaríes y meriníes resulta especialmente significativa. Ambos poderes formaban parte de un espacio político y cultural conectado a ambos lados del Estrecho de Gibraltar: al-Andalus y al-Magrib. Sus relaciones estuvieron marcadas por alianzas, conflictos y expediciones militares, pero también por la circulación de artistas, arquitectos, intelectuales, modelos decorativos e ideas.

Por ello, el lema “Wa-lā ghāliba illā Allāh” permite acercarnos a una realidad que va mucho más allá de la decoración de los palacios granadinos. Su presencia en Granada y Marruecos constituye también un testimonio de las profundas conexiones políticas y culturales existentes entre el Reino nazarí y los poderes del Magreb durante la Edad Media.

En las paredes de la Alhambra, repetida hasta convertirse casi en un elemento arquitectónico más, la frase resume en pocas palabras una de las ideas fundamentales de la ideología nazarí: el poder y la victoria pertenecen, en última instancia, a Dios.



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