Jardín nazarí: zumaque
| El nombre zumaque procede del árabe summāq, que a su vez deriva del arameo summāqā, “rojo”, en referencia al característico color de sus frutos |
Este arbusto, originario del Mediterráneo oriental, el Cáucaso y el norte de Irán, puede alcanzar los 4 metros de altura. Sus hojas aterciopeladas adquieren tonos rojizos en otoño y sus pequeños frutos también se vuelven rojos al madurar. En al-Ándalus, summaq y summaq al-ahmar. Crece en las laderas pedregosas de la península ibérica, y también en Oriente Próximo. Su corteza y sus hojas eran empleadas para el tinte en los curtidos de las pieles. Conocido desde la época romana, en la que se usaba como acidulante, su cultivo de forma intensa se debe a los árabes, quienes lo introdujeron en Europa durante la conquista de Sicilia en el siglo IX. En al-Ándalus era además usado para la alimentación, en época de escasez, en forma de harina para agregar al pan y Ibn al-’Awwām señala que su zumo servía para aderezar nabos y otras hortalizas.
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| En al-Ándalus, el zumaque tenía numerosos usos; gracias a sus taninos se empleaba para curtir pieles, teñir tejidos y cabello, e incluso para fabricar una tinta de gran calidad |
La ’Umda (siglos XI-XII) menciona que sus hojas y madera servían para el curtido y que con ellas se elaboraba una tinta “excelente”. Una planta aparentemente humilde que revela, una vez más, el profundo conocimiento que los andalusíes tenían de su entorno vegetal.



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