El Jarrón de las Gacelas

Aparte de los conservados como obras 
maestras en distintos museos de ámbito 
internacional y que supone el reconocimiento
 de sus valores artísticos, encontramos en 
el Museo de la Alhambra el denominado 
Jarrón de las Gacelas

De los conocidos jarrones de La Alhambra, que fueron muy apreciados en su época por las Cortes de Europa quedan en la actualidad escasos ejemplares.Los denominados jarrones o vasos de la Alhambra conforman el punto algido de la producción nazarí por su tamaño y sus funciones áulicas, siendo el Jarrón de las Gacelas el más prestigioso de ellos sin duda. Esta pieza extraordinaria, con su compleja decoración azul y dorada marca la culminación del dominio técnico y artístico de los alfareros nazaríes.

El Jarrón de las Gacelas Mantiene una constante
en su forma con el resto de la serie de
Jarrones de a Alhambra

La silueta del jarrón de las Gacelas arranca sobre una pequeña base plana de la que abre un importante cuerpo en forma de pera invertida. Tiene en el arranque del cuerpo anillas paralelas que aparecen de forma constante en todos los jarrones, quizás para ayudar a su sujeción en el reposadero.

Su inestabilidad obligaba a tener alguna sujeción. A pesar de impresionar su verticalidad, dado su tamaño y volumen sobre un solero tan pequeño, nadie mencionó el sistema de sujeción que debió de tener en su origen, ni tampoco cómo lo vieron en el siglo XVII en el jardín de los Adarves. 

Reposadero realizado en Granada entre 
los siglos XIV y XV en loza estannifera 
decorada con estampillado, 
calado e incisión

Otros grandes jarrones estampillados o tinajas de almacenamiento nazaríes, tenían unos reposaderos como los que se conservan estampillados con base rebajada y borde muy alto, adaptado a la forma de la panza que abrazaban y así encajarían en los reposaderos.

El jarrón de las Gacelas fue torneado con una arcilla anaranjada, depurada y compacta, dejando paredes de unos 2,5 cm aproximadamente, que se espatulaban en el interior, quizás para ayudar a levantar la arcilla. El jarrón se atiene a un sistema de proporción casi inscrito en raiz cuadrada de 4, con poco mas de dos codos rastasies de altura por algo más de un codo de anchura. El cuerpo se cierra de forma pronunciada para dar paso al gollete de estrecho diámetro, enlazándose magistralmente con el cuerpo con altura y delgadez. Su estructura decorativa con tres bandas horizontales hace de transición entre el cuerpo y la parte superior del cuello y muestra la silueta de dos cuerpos cónicos: el primero con dos bandas paralelas separadas por tres molduras horizontales de media caña y sobre ellos, de forma cónica invertida, un segundo cuerpo con ocho facetas aparentemente separadas por dobles cintas entre nervaduras aplicadas que reducen la superficie de cada faceta y fomentan la verticalidad. 

Las nervaduras se prolongan hasta el borde
 y caen a modo de voluta con un tema modelado
vegetal; el borde abre en horizontal
con un nervio en el filo

A cada lado del cuerpo, y casi en vertical, ascienden las asas planas que se adaptan a la curva de la parte superior del cuerpo, redondeando el canto superior, modelando un tema vegetal, y uniéndose al gollete. Esta solución no será constante entre los jarrones, ya que en otros se mantienen las asas separadas del cuello en la parte superior, quizás como recuerdo de las tinajas estampilladas de almacenamiento.


Según la teoría del profesor Antonio Fernández-
Puertas, este tipo de jarrones se realizaba en
secciones para poder tornearse (parte inferior del
cuerpo; parte superior; gollete y asas) y en fresco
se unían, siendo estas uniones los puntos más débiles,
correspondiéndose a las fracturas actuales

Detalles decorativos del gollete, así como
la marca de la fractura donde se juntaba el
asa desaparecida del jarrón 

Tras el torneado y la primera cochura, la pieza en "bizcocho" se preparó para la segunda cochura. En esta segunda fase de horneado se fijó el decorado blanco y azul. Al observar la pieza vemos que el borde superior del gollete corta en horizontal y no tiene restos de vidriado. Posiblemente para bañar estas grandes piezas se ponían boca abajo, apoyadas en el cuello que tiene una forma discal plana sobresaliente y así se protegía la superficie superior del gollete. Posteriormente se les daba la vuelta y se terminarían de bañar con el esmalte blanco que terminaba chorreando hacia abajo como vemos en la parte inferior del cuerpo.

El gran tamaño del jarrón, que se baña totalmente
al exterior de blanco, hace que éste, al ponerse
de pie, pese y lentamente escurra hacia abajo el
 vidriado acumulado, arrastrando y tapando
incluso la decoración ya dibujada en azul

El jarrón de las Gacelas muestra un claro fallo de horno en la parte superior del cuerpo, aunque esto no merma el resultado de la magnífica ejecución de torneado de la pieza en su totalidad. La calidad de la decoración y la composición decorativa favorecieron que los artistas respetaran la pieza y corrigieran en la tercera cochura para el dorado. 

Es interesante ver cómo se disimulan los
fallos producidos por el movimiento del esmalte
blanco que han tapado los temas pintados
en azul, con línea en dorado


Estos curiosos retoques de los dibujos en dorado
disimulaban los fallos por el desplazamiento del
esmalte blanco del jarrón 

La presencia del dorado aparece de formas muy diferentes: como color del dibujo, complementario y enriquecedor de temas vegetales, así como en temas de relleno o perfilador de ornamentos. Con anterioridad será conocido el dominio técnico y la riqueza que aporta este color en la cerámica rica nazarí. Su protagonismo sobresaldrá a lo conocido entre la cerámica que usa el monarca.

Este fallo quizás se produjera por la introducción
de un elemento decorativo nuevo, la fila de pequeñas
 almenas escalonadas que recorren la base del cuello
y retendrían una considerable cantidad de esmalte
blanco usado como base de la decoración, que al
pasar el tiempo y posiblemente al entrar en el horno,
empezarían a chorrear como en un momento
apuntó Isabel Flores

La decoracion de las Gacelas mostrara destacadas innovaciones en las que sólo fragmentos conservados en el Museo de la Alhambra hacen paralelo, como son la intervención conjunta de los tres colores: blanco, azul y dorado, que en el jarrón de Hornos conservado en el Museo Arquelógico Nacional de Madrid se usaran en una forma más simple al unirse de dos en dos (blanco y dorado o blanco y azul) de forma independiente. Esto, unido al juego de transparencias en los azules, produce un efecto cromático vibrante cargado de matices que se intensifican con los acabados dorados en perfiles, fondos y algo innovador, la duplicidad de tramas vegetales en dorado, con una ejecución ornamental de enorme dificultad compositiva decorativa y técnica que no se verá superada en ninguna otra pieza conservada. 

Se utilizará una técnica sumamente minuciosa
y delicada, el esgrafiado, que permite jugar sobre
un fondo ya conocido y sobre cubierta rayar con
finos punzones sobre la superficie ya dorada para
dar formas y movimientos con exquisita maestría

La alternancia de temas, la suavidad de movimiento de las palmas, hasta ahora no visto, la incorporación de formas figurativas, el cuidado y ágil desarrollo de formas complejas, unido al uso de varios esquemas decorativos superpuestos, la total armonía compositiva de magistral solución pictórica, muy lejos de la geometrización de las formas, hacen que el jarrón se aleje de la composición decorativa de otros conservados. 

La decoración presenta una composición abierta
siguiendo una organización triangular, separada
 por una pequeña banda epigráfica que en este caso
utiliza la epigrafía en cursiva, frente a los jarrones
conservados en dorado que disponen la ornamentación
en bandas horizontales y la decoración epigráfica
se realiza en escritura cúfica

La decoración juega un ritmo ornamental dispuesto por secciones ornamentales: parte inferior del cuerpo, parte superior, asas, primera área del gollete y zona afacetada. Y en cada sector la decoración hace un juego de disposición ornamental con un orden muy movido, jugando con una armonía en formas pero con soluciones generalmente de temas de simetría cruzada aunque con desarrollo de sus formas no iguales. 

Las diferentes facetas del gollete combina un tema
central en cúfico que en el lado opuesto se sitúa
en los lados y al revés en la disposición
de los temas vegetales

En la base del gollete se aprecian, como resto 
en la realización técnica de la decoración, las 
huellas del apoyo del compas en el centro de los 
círculos dorados que ornamentan la franja del gollete

La mitad inferior del cuerpo del jarrón sigue el esquema ya usado en las grandes zafas/safas (salifa) nazaríes, que en esta forma cerrada utiliza la franja medial del cuerpo como borde y distribuye temas alternos con palmetas ovoides rellenas de decoración vegetal, separadas por otras limitadas por arcos de palmas. Ambos motivos se unen simbólicamente por una línea en vertical a un anillo en la parte interior del cuerpo. 

Esta solución compositiva da lugar a una distribución
radial que asemeja en estilo a otras magníficas piezas
realizadas por los artistas ceramistas en safas

El diseño de la parte superior del cuerpo presenta como motivo central una gran palmeta formada por un arco vegetal en la que aparecen dos gacelas en movimiento, enfrentadas, similares pero no iguales, sobre un fondo vegetal; y en el otro lado, otras gacelas en movimiento aparecen fuera del arco en color negativo. La aparición de las palmetas no será un tema ajeno en el período nazarí. Su representación la encontramos desde el siglo XIII en estuco en la Casa de los Girones, en yesería tallada volverá a representarse en la galería del patio de Comares bajo Mohammed V y en piedra en la taza de la fuente de los Leones del palacio del Riyad. En la vajilla de lujo nazarí será un tema relativamente frecuente en safas y en general en la vajilla rica nazari.

La parte superior del cuerpo fue concebida como
la parte principal, realizada de forma más
cuidada y perfecta

Como unión del cuerpo y gollete hay una 
fila de almenas escalonadas independientes unas 
de otras por el espacio de un escalón (este motivo
 aparecerá sólo en este jarrón, no repitiéndose
 en ningún otro entre los conservados)

La epigrafía cúfica prácticamente desaparece para 
centrarse en la cursiva; solamente se usa el cúfico 
geométrico entre las superficies afacetadas del 
gollete, siempre con la misma leyenda en 
abreviatura, repetida con simetría en espejo,
yumn (felicidad) y también encontramos el 
cúfico en las pequeñas superficies de vuelta 
superior abiselada del borde del cuello, 
escrita en dorado y repitiendo 
constantemente al afiya (salvacion)

La escritura cursiva estará presente como elemento
de relleno o cenefas con repetición de leyendas;
 en la cenefa separadora de los dos espacios del
cuerpo sobre fondo dorado y con letra blanca se
repite al-yumn wa-l-iqbal (la felicidad y la prosperidad)
lo mismo que aparece en la cenefa cabalgante que
envuelve uno de los frentes de las asas, perfilado
en línea dorada, y en el relleno de dos palmetas
en letra azul perfilada en dorado sobre fondo blanco

En la parte inferior de la panza aparece sobre fondo
dorado y reserva de la letra en blanco en una ocasión,
 como enmarque de una de las formas ovoides, en
la que pone al-afiya (salvación)

El final del cuerpo junto a la base plana de este jarrón no esta vidriado y recoge, a chorreón, el esmalte sobrante cubriendo en parte una serie de molduras concéntricas.

Se duda sobre la función que realizaban o si eran solamente objetos decorativos, y si se ubicaba en los zaguanes, patios, salas o habitaciones, suponiendo que se mantenían en pie mediante un soporte del que aún nada sabemos. También se discute del origen de su fabricación: Granada, Málaga o Almería. 

La cuidada proporción y decoración el jarrón
de las Gacelas nos hacen fecharlo en la plenitud
del tercer período nazarí, o sea bajo Mohammed V,
y hacia 1380 dada la incorporación de formas figurativas

Se cree que se fabricaban como sutiles y refinados presentes diplomáticos, realizados siempre, a lo largo de la historia, con las piezas más selectas de las manufacturas palatinas. De este Jarrón de las Gacelas sabemos bastante de sus vicisitudes desde hace más de trescientos años: actualmente es el objeto más representativo (junto con la fuente y el patio de los Leones) y perfecto del arte que supieron hacer crear para sí los excelsos reyes nazaríes en su momento de mayor esplendor. Lleva más de dos siglos de creciente popularidad como demuestran las múltiples copias, imitaciones en toda clase de tamaños y materiales, representaciones en pinturas, grabados y dibujos, siendo tal vez la primera representación gráfica el dibujo en color que el pintor granadino Diego Sánchez Sarabia hizo por encargo de la Academia de San Fernando entre 1760 y 1762, hasta que la fotografía vino a divulgar aún más la imagen del ya entonces mutilado Jarrón y a poner de manifiesto las fantasías que los sucesivos dibujantes habían ido introduciendo.

El Jarrón de las Gacelas tiene la particularidad 
de ser la única pieza que habiéndose realizado 
en los talleres nazaríes de la madina de la 
Alhambra y para la decoración de los palacios 
ha permanecido constantenente en el lugar para 
el que fue hecha, hasta pasar al Museo como 
"Tesoro Real de la Alhambra", y aunque no se 
conoce la estancia exacta para la que fue 
realizado y estuvo colocado entre los siglos XIX 
y XX en la Casa de los Gobernadores, respondería posiblemente a su solución original, usado como 
elemento decorativo en el interior de una qubba; 
Carmen Serrano hace una interesante apreciación 
teniendo en cuenta los colores utilizados para su 
decoración (blanco, azul y dorado) que contrastaría 
con el fondo de los alicatados y armonizarían 
con los temas y color de las yeserías 
que le quedaban por encima

Y es que este jarrón ha pasado varias visicitudes: fue reutilizado como decoración en el jardín de los Adarves en la Alcazaba, como tenemos constancia desde al menos noviembre de 1659, junto con otro decorado con el escudo nazarí y fragmentos de otros, que formaban parte del ajuar que conservó la Alhambra como nos indica don Francisco Bertaut de Rouen en su diario, refiriéndose a ellos como "grandes jarrones de arcilla pintada tan bella como la porcelana". Así se confirma esta procedencia en el registro del museo, en donde se dice: "traslado al Palacio árabe desde el Jardín de los Adarbes". Allí estuvo por lo menos hasta 1764 en el que Juan Velázquez, en sus Paseos por Granada, realiza una queja alabando la calidad de estas piezas y su maltrato a la intemperie que habían causado ya deterioros (quizás la  falta de vidriado y el asa del jarrón). Posteriormente, don Manuel Gómez-Moreno nos informa de que en 1767 se hicieron dibujos y después se traslada a una estancia del patio de los Arrayanes. 

En una inspección realizada el 2 de enero de 1792 por la situación que sufrían los palacios, el informe conservado en el Archivo de la Alhambra, dice refiriéndose al salón de Comares: "En las dos rinconadas de la derecha e izquierda, en sitios excusados por su disposición, y primorosos havia en cada una de ellas una jarra grande de finísimo varro y hechura ermosa y esquisita ambas compañeras que se havían conservado desde la conquista [...] pero quando salto a dicho patio del estanque de retirada hallo que avian quebrado la jarra que esta situada en la rinconada de mano derecha de tal forma que no tenia composición, cuyo hecho informó un sargento inbalido de la guardia que estava en la entrada de dicha real casa lo havia executado un muchacho que se havia subido a lo alto de dicha jarra y esta y el muchacho havian caido al suelo quedando hecha tiestos la citada jarra.".

El estado del jarrón lleva marcada su historia 
en su delicadeza, que le ha hecho perder una 
de sus asas (el lugar más débil y por el que 
se sujetaría en un traslado o posibles vuelques, 
dada su falta de estabilidad por la pequeña 
base de 14 cm), y a estar partido por la mitad,
 situación que no le hace perder su belleza

A raiz de este acontecimiento se tomó una medida drástica, su traslado, según indica Richard Ford y posteriormente Teofilo Gautier, por el que se sitúa a la izquierda del patio de Comares donde se guarda el archivo en cajas de hierro y de difícil accesibilidad para verlo, ya que estaba bajo llave. De esta situación se lamentan ambos al tener encerrada una pieza de tan gran valor y belleza.

A partir de 1872 los fondos del primitivo Museo Nacional Arábigo Español, como lo denomina don Manuel Gómez-Moreno, se colocan en el palacio del Riyad, conociéndose imágenes del jarrón de las Gacelas en las estancias de la sala de los Reyes y posteriormente se traslada a la zona norte del palacio de los Leones, situándose hasta el primer cuarto de este siglo en una de las esquinas de la Qubba al-Kubrá o Mayor (hoy llamada de Dos Hermanas) como un elemento que se usaba como mobiliario-decorativo bajo los Reyes Católicos, el emperador Carlos V, Felipe IV y Felipe V.

En definitiva, ningún ejemplar conservado de los jarrones de la Alhambra muestra el movimiento convexo-cóncavo, ni la fantástica ejecución de todo su ornato, ni la perfecta proporción entre sus elementos como el jarrón de las Gacelas. La decoración del jarrón mantiene una distribución de los espacios en su totalidad pero sigue un ritmo distinto en los temas de un frente a otro y cambia los motivos internos de cada espacio, lo que muestra la riqueza de temas utilizada bajo un mismo equilibrio ornamental, dando lugar a una armonía en una variedad y movimiento total de formas y decoraciones.

Esta es la pieza cumbre de la cerámica medieval 
española y por ello una de las obras maestras
 de la cerámica universal, alcanzando tal punto
 de perfección técnica y estética como el 
logrado en el Jarrón de las Gacelas

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