El Arrabal de Bibarrambla en la Granada nazarí

El Arrabal de Bibarrambla se extendía desde la
antigua Puerta de Bibarrambla hasta la actual
Plaza de la Trinidad y constituía un barrio
dinámico y activo que era uno de los
principales centros económicos
de la ciudad

Cuando paseamos hoy por el centro de Granada —por Mesones, la Plaza de la Trinidad o la zona de Puerta Real— cuesta imaginar que bajo nuestros pasos existió uno de los barrios más activos de la ciudad nazarí: el Arrabal de Bibarrambla.

Este arrabal se extendía a lo largo de la muralla desde la antigua Puerta de Bibarrambla (que más tarde se conocería como Puerta Real) hasta lo que hoy es la Plaza de la Trinidad. No era un barrio marginal, sino un espacio dinámico, lleno de talleres, comercios y vecinos que daban vida al corazón económico de la ciudad.

La principal vía del barrio, la zanaca al-Haddidin
(actual calle Mesones), articulaba un entramado de
calles gremiales como la Zánaca al-Gharrazin o calle
 de los Zapateros, cuyos nombres aún conservan
la huella del pasado andalusí


La arteria principal del barrio se llamaba zanaca al-Haddidin, es decir, la calle de los Herreros. Hoy la conocemos como calle Mesones, pero en época nazarí el sonido del hierro y el trabajo de los artesanos marcaban el ritmo cotidiano.

A su alrededor se abría un entramado de callejuelas especializadas por oficios. Una de ellas era la Zánaca al-Gharrazin, la calle de los Zapateros, nombre que todavía se conserva. Esta continuidad en el callejero es uno de los mejores recordatorios de cómo la ciudad actual mantiene viva la huella de al-Ándalus.

En aquella época, los barrios se organizaban muchas veces por gremios. Vivir cerca del taller facilitaba el trabajo, el comercio y la vida comunitaria.

En el lugar que hoy ocupa la iglesia de la
Magdalena (cuyo interior aparece en la foto)
se alzaban la mezquita y el aljibe del arrabal,
 cuya transformación tras 1492 simbolizó el
profundo cambio cultural y
religioso de la ciudad

El arrabal tenía su propia mezquita y un magnífico aljibe, fundamentales para la vida espiritual y para el abastecimiento de agua. Ambos se encontraban donde después se levantaría la iglesia de la Magdalena, tras la conquista cristiana. La transformación del espacio refleja el gran cambio cultural y religioso que vivió la ciudad a partir de 1492.

Muy cerca se situaba la Alhóndiga Zaida, en el solar que siglos después ocuparía el Café Suizo. Las alhóndigas eran edificios destinados al almacenamiento y comercio de mercancías: auténticos centros logísticos medievales que garantizaban el abastecimiento y el intercambio de productos.

Este mural cerámico en el portal del edificio que se
levanta la antigua alhóndiga Zayda recuerda su pasado

El Arrabal de Bibarrambla estaba estratégicamente comunicado:

Por la Puerta de Bibarrambla se accedía al río Darro.

Por la Bib al-Mazda‘a, al campo y las huertas.

Por la Bib al-Farás, al barrio de los Jelices y al resto de la ciudad. 

Esto nos habla de un barrio abierto, activo y fundamental en la red urbana nazarí. Hoy caminamos por estas calles sin pensar que fueron escenario del bullicio de herreros, zapateros, comerciantes y vecinos de la Granada islámica. Pero los nombres, el trazado urbano y la memoria histórica nos permiten reconstruir aquella ciudad vibrante.

El Arrabal de Bibarrambla no fue solo un barrio más: fue uno de los motores económicos y sociales de la Granada nazarí. Y aunque el tiempo haya transformado sus edificios, su historia sigue formando parte de la identidad profunda de la ciudad.

Comentarios

Entradas populares

El legado nazarí por el mundo