La Atalaya de la Cabeza

Situada a unos 611 metros de altitud sobre el
Cerro de la Cabeza, esta torre vigía lleva más de
cinco siglos observando el paso natural entre Jaén
y Granada, exactamente el mismo corredor
estratégico por el que hoy discurre la autovía

Quienes circulan por la A-44 entre Jaén y Granada suelen fijarse, a la altura de La Cerradura, en una vieja torre de piedra que domina el paisaje desde lo alto de un cerro. Muchos pasan junto a ella sin conocer su historia, pero esa silueta robusta y solitaria es uno de los vestigios medievales más interesantes del valle del Guadalbullón: la Atalaya de la Cabeza, también conocida como Torreón de la Cabeza, en el término municipal de Pegalajar.

Se cree que la construcción o restauración definitiva
de la torre fue realizada por el Condestable Don
Miguel Lucas de Iranzo entre 1462 y 1470, uno
de los personajes más influyentes de la
Jaén del siglo XV

La Atalaya de la Cabeza fue levantada en plena Baja Edad Media, entre los siglos XIII y XV, cuando estas tierras marcaban la frontera entre el reino nazarí de Granada y Castilla. La mayoría de los estudios consideran que la torre actual es de origen cristiano-medieval, aunque probablemente se construyó sobre restos defensivos andalusíes anteriores. Su función era clara: vigilar y controlar uno de los accesos más importantes hacia el Reino de Jaén. En aquella época, este estrechamiento del valle del Guadalbullón era una auténtica puerta natural entre los territorios enfrentados del reino cristiano de Castilla y el musulmán de Granada.

La torre formaba parte de una extensa red de vigilancia y comunicación visual mediante señales ópticas. Desde aquí se mantenía contacto con otras atalayas repartidas por la provincia, creando una cadena defensiva que recorría Andalucía de norte a sur. Entre las más cercanas estaban la desaparecida Torre de la Pedregosa y la Torre de la Estrella.

En 1470, los vigilantes de la torre fueron asesinados
durante un asalto musulmán, reflejo de la constante
tensión e inseguridad de la frontera entre Castilla
y el reino nazarí

La zona vivía entonces continuas tensiones fronterizas, incursiones y ataques. De hecho, las crónicas mencionan un episodio especialmente trágico ocurrido en 1470, cuando los vigilantes de la torre fueron asesinados durante un asalto musulmán. Un hecho que refleja hasta qué punto esta frontera era todavía un territorio inestable y peligroso.

El acceso original se situaba elevado, a unos tres
metros del suelo, una característica típica de las
torres defensivas medievales para
dificultar los ataques

La Atalaya de la Cabeza tiene un aspecto compacto y robusto, casi rechoncho, construido íntegramente en mampostería. Su altura ronda los ocho metros y presenta una planta circular asentada sobre un pronunciado talud troncocónico. La base maciza sostiene el cuerpo superior, donde se encuentra una cámara circular cubierta por una bóveda de media naranja. Los gruesos muros, de aproximadamente 1,55 metros de espesor, conservan tres saeteras defensivas desde las que se podía vigilar el valle. Uno de los elementos más curiosos es el pozo rectangular que se abre en el interior de la cámara. Según los estudios, conectaba con una mina de escape subterránea, actualmente colmatada de tierra.

Aunque hoy ha desaparecido el parapeto superior, 
todavía se aprecian restos de los matacanes y señales 
de la antigua escalera empotrada que 
conducía a la terraza

Aunque la torre es de propiedad privada y normalmente no puede visitarse por dentro, el entorno se ha convertido en un lugar muy apreciado por senderistas y aficionados a la fotografía. Las rutas que parten desde La Cerradura permiten acercarse hasta su base y disfrutar de unas vistas espectaculares del valle del Guadalbullón, de la Sierra de Grajales y del monte del Mercadillo, famoso por haber proporcionado piedra para la Catedral de Jaén. Desde allí resulta fácil comprender por qué este cerro fue elegido hace siglos como punto de vigilancia: todo el corredor natural entre Jaén y Granada queda expuesto ante la mirada de la atalaya.

Hoy, mientras miles de vehículos atraviesan cada día la A-44 sin detenerse, la Atalaya de la Cabeza sigue vigilando el paso como lo hizo durante siglos.Es uno de esos lugares donde el paisaje y la historia se mezclan de forma perfecta: una torre aparentemente humilde, aislada sobre un cerro, que en realidad fue pieza clave en la defensa de una frontera decisiva para la historia de España. La próxima vez que pases junto a La Cerradura, merece la pena levantar la vista hacia el Cerro de la Cabeza y recordar que esa vieja torre de piedra lleva observando viajeros desde mucho antes de que existieran carreteras, coches o autovías.

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