El enigma de la llave nazarí de la Alhambra que apareció en una maleta de un mercadillo
A veces, la historia aparece donde menos se espera: en el fondo de una vieja maleta comprada en un mercadillo. Hace siete años, José Antonio Fernández Molina adquirió una maleta en el rastro de Benalmádena. En su interior encontró algo que ya resultaba extraordinario: varios documentos originales relacionados con la Alhambra, entre ellos planos del siglo XIX atribuidos al arqueólogo y restaurador granadino Manuel Gómez-Moreno.
El hallazgo se dio a conocer en 2019 y despertó un notable interés. Parecía que aquella maleta ya había contado todos sus secretos. Pero faltaba uno.
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| No hay certeza aún de que pertenezca al monumento, pero es muy parecida a una que se conserva de la Torre de la Vela |
Mientras Fernández Molina ordenaba su trastero, la maleta cayó accidentalmente al suelo. Entonces escuchó un pequeño chasquido metálico. Al revisar el interior descubrió que, oculta en un doble fondo del forro, había una llave de hierro forjado de 27 centímetros de longitud. La pieza presenta una forma cuadrangular y alargada, con una cabeza circular y hueca y un cuerpo estrecho. Conserva parcialmente uno de sus dientes, mientras que el otro se ha perdido. Según el estudio realizado por Fernández Molina, sus características son compatibles con las llaves fabricadas durante época nazarí. El hierro, además, plantea un problema para la conservación de este tipo de objetos: es mucho más susceptible al deterioro, las roturas y las pérdidas que otros metales como el bronce.
Lo más interesante es que el investigador ha localizado únicamente otras dos piezas similares en España. Una de ellas se conserva vinculada a la Torre de la Vela de la Alhambra y está fechada entre los siglos XIV y XV. La comparación entre ambas resulta llamativa: comparten una cabeza circular y hueca, un cuerpo fino y alargado y unos dientes gruesos. Pero por ahora no existe ninguna prueba que permita afirmar que esta llave perteneciera a la Alhambra o que abriera alguna de sus puertas. La semejanza formal con otras llaves nazaríes permite plantear esa posibilidad, pero no demostrarla.
La llave apareció escondida en la misma maleta que contenía los antiguos planos de la Alhambra atribuidos a Manuel Gómez-Moreno. Entre la documentación también se encontraba la esquela del célebre arqueólogo y restaurador. Gómez-Moreno tuvo un profundo conocimiento de la Alhambra y participó en los trabajos de estudio y restauración del monumento. Durante esas intervenciones pudieron aparecer numerosos restos y objetos pertenecientes a diferentes épocas de la fortaleza.
Sin embargo, hay un dato que impide establecer una relación directa: la maleta no pudo pertenecer a Gómez-Moreno. Según la investigación de Fernández Molina, fue fabricada en los años sesenta o setenta, mientras que el arqueólogo falleció en 1918. Por tanto, la llave tuvo que llegar a aquella maleta posteriormente, probablemente a través de otras personas que conservaron o heredaron los documentos. Según explicó en su momento el vendedor del rastro, el lote procedía del vaciado de una casa de Granada.
¿Pudo alguien relacionado con Gómez-Moreno conservar la llave y ocultarla posteriormente junto a sus documentos? ¿Llegó hasta allí desde la propia Alhambra? ¿O simplemente terminó en aquella maleta por una casualidad que hoy resulta extraordinaria?
Por ahora, no lo sabemos. José Antonio Fernández Molina, perito judicial especializado en obras de arte y antigüedades, calígrafo y tasador, ya había puesto a disposición del público los documentos encontrados en aquella maleta.
Ahora ha comunicado el nuevo hallazgo al Patronato de la Alhambra y el Generalife, con la intención de que especialistas puedan estudiar la pieza, investigar su procedencia y determinar si existe alguna relación con el monumento. Y ese es, precisamente, el paso fundamental.
Porque una llave parecida a otras llaves nazaríes no es necesariamente una llave de la Alhambra. Para poder atribuirla al monumento serían necesarias evidencias arqueológicas, documentales, materiales o de procedencia que permitan ir más allá de la semejanza formal. Quizá nunca sepamos qué puerta abrió y quizá ni siquiera perteneció a la Alhambra.
Pero resulta fascinante pensar que durante décadas —tal vez más— una pequeña pieza de hierro permaneció escondida dentro del forro de una vieja maleta, junto a documentos relacionados con uno de los monumentos más estudiados de la historia de Granada.
Una llave sin puerta. Una historia sin final. Y un pequeño objeto que vuelve a abrir una pregunta sobre el pasado nazarí. Ahora queda por saber qué podrán contarnos los especialistas. Porque en la Alhambra, incluso después de tantos siglos, todavía quedan historias escondidas esperando a ser descubiertas.





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