Barrio de Abadaquin o Abadaguín
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| Aspecto actual de la plaza del Campillo Baja |
A las afueras de Granada se abría una de las puertas más importantes de la ciudad, la Bib Ataubín, o también llamada Bib al-Ta'ibin o Puerta de los Penitentes, conocida así por la gran cantidad de morabitos existentes en la cercana almunia exterior, lugar donde se agrupaban numerosos místicos para meditar y orar. Era una de las principales puertas de la ciudad y durante la conquista cristiana fue incendiada por el Gran Capitán. Los cristianos instalaron en ella una capilla con una escultura de la Virgen de la Paz en 1639, siendo derribada tanto capilla como la puerta al mismo tiempo para urbanizar esta zona durante la dominación napoleónica.
Desde la puerta de Bib Ataubín o Bib al-Ta'ibin corría la muralla por la izquierda hasta enlazar con la puerta Real y, por la derecha, hasta un torreón cilíndrico que continúa el ángulo sureste del recinto, desde donde subía a unirse con las Torres Bermejas, quedando restos de todo ello en la parte inferior del actual castillo de Bibataubín. A espaldas de éste había restos de otra torre que Gómez Moreno piensa que pudo ser construida por el rey Alhamar, con tres pisos interiores de reducidas habitaciones cubiertas con bóvedas de cañón. A comienzos del siglo XVII (1604), el Municipio derribó una de las torres de la muralla adosada a la puerta de Bibataubín, haciendo una calle pública y completando luego lo que hoy es Campillo, el derribo de la puerta citada a la que aquel torreón debía flanquear.
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| Actualmente el torreón poco conserva de su pasado nazarí, integrado por completo en el edificio |
Conscientes de la importancia estratégica del lugar, los Reyes Católicos levantaron aquí un pequeño castillo sobre las antiguas fortificaciones nazaríes. El castillo de Bibataubín fue transformado por el aragonés maese Ramiro López, uno de los mejores artilleros de su época, quien experimentó en la Alhambra nuevos baluartes, artilleros, troneras, etc. También en el castillo de Bibataubín en Granada experimentó nuevas tecnicas poliorcéticas que luego plasmaría en la fortaleza de Salsas la Nueva en el Rosellón, admirada por el pintor Alberto Durero. Tenía una extensión de unas diez mil varas, con fosos y puente levadizo, y se mantuvo en pie hasta 1718. Dependía del alcaide de la Alhambra, aunque el Ayuntamiento, en contra de su criterio, decidió derribarlo alegando que estaba abandonado y que servía de refugio para gente peligrosa. Con un gran coste se demolió una de las torres que daba a la Carrera, junto al Campillo, y se dejaron en pie las otras dos para evitar más gastos. Más tarde, en 1748, el rey cedió los restos para construir un cuartel, y el resto del espacio se urbanizó con dos plazas y algunas viviendas particulares.
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| En 1748 comenzó la construcción del edificio actual aprovechando la parte inferior del torreón cilíndrico nazarí que queda a la derecha de la fachada |
Junto a la Puerta y al barrio de al-Dabbagín o Abadaguin o de los curtidores, el cual contaba con una pequeña mezquita, se formó un arrabal conocido como la Rondilla del Darro, conocido por ser un lugar muy peligroso, habitado por míseras prostitutas -o jarayiyyat-, bandidos y ladrones. Las condiciones en las que debían trabajar los curtidores eran nauseabundas, elaborando el cuero con la palomina (excremento de paloma) para alisar la piel. Sus calles estaban ocupadas por los artesanos que se dedicaban a trabajar y curtir las pieles. A diferencia de otros arrabales había un olor acre y desagradable, producido por las pieles en adobo secándose al sol, se extendía por calles y plazuelas, al que se acostumbraban sus habitantes cuyo olfato se volvía insensible a los miasmas que expulsaban las pieles en las piletas de mampostería y, luego, en el secadero.
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| Curtiduría de la medina de Tetuán, con las piletas de mampostería como las que el barrio de al-Dabbagín tendría |
En aquella época, la actual calle Navas de Granada era conocida como calle Al-goryi, con hosterías y tabernas tras la conquista cristiana. Estas tabernas solían consistir en una amplia estancia mal ventilada, desprendiendo un tufo desagradable de suciedad y alcohol, con un gran mostrador de madera tras el cual se alzaban unas alacenas hasta el techo repletas de botellas y jarras de vino y licor. Toneles pegados a las paredes, ánforas y tinajas orondas, cóncavas y de excesiva barriga contenían el vino. En estos tugurios se reunían vecinos y campesinos para hablar y emborracharse, escuchar música y donde se hacían negocios, se ultimaban tratos o se buscaba información, jugaban a las tabas con un astrágalo de cordero, ganando quien conseguía que la carne (la parte del hueso que toma la forma de una letra S) cayese boca arriba.






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