Los edificios desaparecidos junto a la girola de la Catedral de Granada

 
Hoy la girola de la Catedral de Granada se contempla
con amplitud gracias a la apertura de la Gran Vía de
Colón, a comienzos del siglo XX, pero esta
perspectiva, aparentemente natural, es en
realidad el resultado de una profunda
transformación urbana

La Gran Vía abrió una nueva perspectiva hacia la Catedral, pero también borró una parte de la Granada histórica. Bajo sus calles y edificios actuales permanecen, fragmentados en museos y monumentos, los restos de una ciudad mucho más compleja: nazarí, mudéjar, renacentista y barroca. Está transformación urbana hizo desaparecer varios edificios históricos, entre ellos se encontraba la casa de Diego de Siloé, adquirida por el célebre arquitecto en 1547 en la calle Angosta de la Botica. La vivienda, construida en 1535 sobre una antigua casa nazarí, conservaba elementos de tradición mudéjar y una interesante escalera realizada por su discípulo Juan de Maeda. Algunos de sus balaustres se conservan hoy en el Museo Arqueológico de Granada.

Junto a la cabecera de la Catedral se encontraba también el colegio eclesiástico de San Cecilio, fundado en 1492 por los Reyes Católicos sobre una antigua casa nazarí y vinculado al primer arzobispo de Granada, fray Hernando de Talavera. El edificio fue renovado por Carlos I en 1526 y nuevamente transformado en el siglo XVIII, cuando se realizó su portada. La imagen titular, obra de José Risueño, se conserva actualmente en la puerta de la sacristía de la Basílica de las Angustias. Del antiguo conjunto sobreviven algunos vestigios especialmente interesantes: yeserías y columnas nazaríes, estas últimas posiblemente procedentes de la antigua mezquita mayor de Granada y conservadas hoy en el Museo Arqueológico.


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