Las alquerías: el mundo rural que alimentaba al reino nazarí

Aunque su principal actividad era la agricultura y la
ganadería, algunas alquerías podían aprovechar otros
recursos disponibles en su entorno, como los
bosques o los yacimientos minerales

Cuando pensamos en el Reino Nazarí de Granada, solemos imaginar ciudades como Granada, Málaga, Guadix o Ronda: sus palacios, mezquitas, mercados y murallas. Sin embargo, detrás de estas ciudades existía un extenso territorio rural que era fundamental para mantenerlas. En él se encontraban las alquerías, pequeñas comunidades campesinas que constituían una pieza esencial de la economía nazarí.

La economía del reino nazarí de Granada era, como la de cualquier sociedad preindustrial, fundamentalmente agrícola. Aunque las ciudades concentraban la administración, los mercados y buena parte de las actividades artesanales, dependían de manera directa de los productos obtenidos en el campo.

El funcionamiento era relativamente sencillo: el campo producía y la ciudad distribuía, transformaba y comercializaba. Cereales, aceite, frutas, vino, ganado, madera y otras materias primas llegaban desde las zonas rurales hasta los mercados urbanos. A cambio, los habitantes del campo podían adquirir productos elaborados por artesanos de la ciudad.

La palabra castellana alquería procede del árabe qarya (plural qurà) y designaba una comunidad rural. No se trataba simplemente de una explotación agrícola aislada, sino de un espacio organizado donde vivía una comunidad campesina y se desarrollaban distintas actividades relacionadas con el aprovechamiento del territorio. Las alquerías se distribuían por los alfoces, es decir, los territorios rurales vinculados a una ciudad. En el caso de Ronda, estas comunidades contribuían a abastecer a la ciudad y formaban parte de un paisaje rural estrechamente relacionado con ella.

La alquería no era un espacio homogéneo. Su territorio podía dividirse en tres grandes ámbitos:

  • El poblado, donde se concentraban las viviendas de los campesinos. Podía presentar un núcleo compacto o estar dividido en pequeños barrios, conocidos como harāt.
  • El harim comprendía las tierras de uso comunal. Eran espacios destinados principalmente al pastoreo y al aprovechamiento de los recursos forestales, como la madera, la leña o determinados frutos.
  • Las tierras de cultivo o mamluka eran aquellas dedicadas a la agricultura. En ellas se cultivaban los productos que sostenían tanto a la población local como, indirectamente, a los mercados urbanos.

Esta organización permitía aprovechar de manera ordenada los distintos recursos del territorio. Las tierras de cultivo proporcionaban alimentos, los espacios comunales ofrecían pastos y recursos forestales y el poblado constituía el centro de la vida comunitaria.

Las alquerías no vivían aisladas. Su existencia estaba estrechamente vinculada a las ciudades. En una sociedad donde la ciudad desempeñaba un papel central en la administración, el comercio y la artesanía, garantizar su abastecimiento era fundamental. Por eso, entre las alquerías y las ciudades existía un intercambio constante. Los campesinos llevaban productos agrícolas y materias primas al mercado urbano, mientras que desde la ciudad llegaban herramientas, tejidos, cerámicas y otros productos manufacturados.

En el caso de Ronda, esta relación resulta especialmente interesante. La ciudad actuaba como centro de referencia para un amplio territorio rural, mientras que las alquerías de su entorno contribuían a garantizar su abastecimiento.

Así, detrás de las murallas de una ciudad nazarí existía todo un mundo rural formado por caminos, campos de cultivo, pastos, bosques, pequeños núcleos de población y comunidades campesinas. Las alquerías eran, en definitiva, una de las piezas fundamentales del engranaje económico del Reino Nazarí: el mundo rural que hacía posible la vida de las ciudades.

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