Setenil de las Bodegas, la fortaleza que desafió al reino de Castilla
Cuando hoy paseamos por las célebres calles de Setenil de las Bodegas, protegidas por gigantescas moles de roca, resulta fácil dejarse seducir por la singularidad de su arquitectura. Sin embargo, mucho antes de convertirse en uno de los pueblos más fotografiados de Andalucía, Setenil fue una de las fortalezas más importantes de la frontera occidental del Reino Nazarí de Granada.
Tras la consolidación del Reino Nazarí de Granada en el siglo XIII, Setenil quedó integrada dentro de su complejo sistema defensivo. Su situación, dominando el valle del río Guadalporcún y controlando las comunicaciones entre Ronda, Sevilla y la campiña gaditana, hacía de ella una plaza imprescindible para proteger el extremo occidental del reino. La propia geografía ofrecía una defensa excepcional. El profundo tajo excavado por el río, los abruptos escarpes rocosos y la elevada peña sobre la que se asentaba la fortaleza convertían el lugar en una auténtica fortaleza natural, difícil de conquistar incluso antes de levantar sus murallas.
El castillo de Setenil constituía mucho más que una simple fortaleza. Se trataba de un complejo recinto defensivo cuidadosamente diseñado para resistir largos asedios y ejercer el control sobre el territorio circundante. En su punto más elevado se alzaba la imponente Torre del Homenaje, símbolo del poder militar y último refugio defensivo. Junto a ella se encontraba el alcázar, residencia de la autoridad encargada de la defensa de la plaza. Todo el conjunto estaba protegido por una sólida línea de murallas reforzadas con numerosas torres que vigilaban los accesos al pueblo y al valle del Guadalporcún.
La fortaleza disponía además de un amplio aljibe que aseguraba el abastecimiento de agua durante los periodos de asedio, un elemento imprescindible para la supervivencia de la guarnición y de la población refugiada en el interior de las murallas. En el recinto también existían una mezquita y diversas dependencias residenciales que daban servicio a quienes habitaban la fortaleza de forma permanente. Completaba este sofisticado sistema defensivo una coracha, un muro fortificado que descendía hasta el río y permitía acceder al agua sin quedar expuestos al enemigo, garantizando así el suministro incluso cuando la fortaleza permanecía completamente cercada.
El actual paisaje urbano de Setenil, adaptado a la roca, tiene sus raíces en época andalusí. A diferencia de otras poblaciones excavadas en la roca, en Setenil los habitantes aprovecharon los enormes salientes naturales como cubierta de las viviendas. En lugar de perforar la montaña, cerraban los espacios abiertos bajo la roca mediante muros, creando casas perfectamente protegidas de las inclemencias del tiempo.
Este modelo constructivo respondía tanto a la disponibilidad del terreno como a criterios prácticos: proporcionaba una temperatura estable durante todo el año, reducía el uso de materiales de construcción y permitía aprovechar al máximo el espacio existente.
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| Desde la fortaleza, las viviendas descendían por las laderas adaptándose al relieve, formando un entramado urbano irregular, estrecho y escalonado que aún conserva buena parte de su trazado medieval |
La importancia estratégica de Setenil explica la enorme dificultad que encontraron las tropas castellanas para conquistarla. A lo largo del siglo XV sufrió varios intentos de toma por parte de Castilla, todos ellos frustrados gracias a la fortaleza de sus defensas naturales y artificiales. La tradición recuerda hasta siete intentos antes de su conquista definitiva, circunstancia que ha dado lugar a una de las teorías sobre el origen del nombre “Setenil”, relacionado con la expresión latina septem nihil (“siete veces nada”), aunque esta interpretación sigue siendo objeto de debate entre los historiadores.
Finalmente, los Reyes Católicos lograron conquistar la villa el 21 de septiembre de 1484, tras un intenso asedio dirigido por Fernando el Católico (la Ermita de San Sebastián fue la primera construcción cristiana de la villa tras su conquista y lugar donde situaron su campamento los cristianos durante el asedio). La caída de Setenil supuso un duro golpe para el sistema defensivo nazarí y abrió el camino hacia otras importantes plazas del occidente granadino, como Ronda y Marbella, acelerando el avance cristiano durante la Guerra de Granada.
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| El río Guadalporcún, un afluente del río Guadalete, erosiona el sueño hasta producir el profundo tajo sobre el que se asienta el pueblo |
Tras la conquista, muchas estructuras islámicas fueron transformadas para adaptarlas a las nuevas necesidades cristianas. La mezquita desapareció (la iglesia de la Encarnación, una joya del gótico tardio, esta edificada sobre la antigua mezquita, o la ermita de San Benito que también fue construida sobre una antigua mezquita), surgieron nuevas iglesias y la fortaleza perdió progresivamente su función militar. Sin embargo, la huella nazarí nunca desapareció. Aún perviven tramos de la muralla, el trazado urbano, la disposición escalonada de las calles, la ubicación del castillo, el aprovechamiento de la roca como elemento arquitectónico y la adaptación del caserío al paisaje siguen reflejando la forma en que los habitantes de la Setenil andalusí entendieron y aprovecharon un entorno tan espectacular como difícil.
Hoy, recorrer Setenil de las Bodegas es mucho más que contemplar sus famosas calles bajo la roca. Es caminar por una antigua ciudad de frontera del Reino Nazarí, donde cada rincón recuerda la historia de una fortaleza que durante siglos protegió el extremo occidental de al-Andalus y protagonizó uno de los episodios más memorables de la conquista del reino de Granada.







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