La Alhambra, la Roja
La Alhambra no fue originalmente roja ni blanca: su aspecto actual es fruto de siglos de adaptación al clima, al entorno y a la intervención humana. Hoy se presenta como un organismo vivo, integrado en la colina y cambiante según la luz y el paso del tiempo Hablar del reino nazarí es hablar, inevitablemente, de la Alhambra. No solo como conjunto palaciego o fortaleza, sino como símbolo, como idea cargada de siglos de historia, de lecturas románticas y también de malentendidos que, en los últimos tiempos, se han amplificado con sorprendente ligereza. Uno de los más insistentes gira en torno a su nombre más popular: la Roja. ¿Fue realmente roja la Alhambra? ¿O, como se afirma ahora con cierta vehemencia, fue blanca? Tradicionalmente se ha dicho que la Alhambra era roja por el tono de la tierra con la que se levantaron sus muros, por los reflejos de las antorchas nocturnas sobre sus paredes o, incluso, por su fundador, Mohammed I, conocido como Alhamar, “el Rojo”, debido al color de su ba...







