¿Qué era el Reino Nazarí de Granada?



El Reino Nazarí de Granada (s. XIII-XV) fue una formación política medieval que ha trascendido fronteras a lo largo de los siglos gracias a la gran herencia patrimonial que dejó, con La Alhambra como paradigma arquitectónico, sede política y residencial, a pesar de su reducida extensión territorial comparado con el mundo islámico de su época o con el que había abarcado siglos antes al-Andalus dentro de la península Ibérica, ocupando las actuales provincias de Granada, Málaga y Almería, junto con la zona meridional de la de Jaén y parte de Cádiz.

miércoles, 30 de octubre de 2013

La batalla de El Salado

Este mapa resume el desarrollo de la contienda

Hace 673 años, en 1340, un ejército benimerin encabezado por su rey, Abu-l-Hassan cruzó el estrecho de Gibraltar desde Marruecos y sitiaron Tarifa, plaza clave para el control del estrecho que separaba el continente europeo del africano y que estaba en manos castellanas desde que Sancho IV la conquistara a finales del siglo XIII. A las tropas islámicas le apoyaban las nazaríes con el rey granadino Yusuf I a la cabeza.

Era el día 30 de octubre y al otro lado del río Salado se encontraba el ejército del rey Alfonso XI de Castilla apoyado por su suegro Alfonso IV de Portugal y por las milicias concejiles de Écija, Carmona, Sevilla, Jerez, acostumbradas a la lucha de frontera con el vecino Reino Nazarí. En total, un ejército cristiano que puedo reunir a unos 22.000 soldados frente a una fuerza musulmán tres veces mayor. Por mar, la Corona de Aragón les ayudaba con una flota de galeras al mando del almirante Pedro de Moncada. Los cristianos tenían el sol de frente por lo que esperaron a que el sol no fuera tan molesto para comenzar la batalla. 

Se trataba de una guerra santa desde el punto de vista de cada uno de los bandos. El Papa Benedicto XII había promulgado para tal ocasión la bula Exaltamus in te elevando la batalla a categoría de cruzada lo que otorgaba a los cristianos el derecho a beneficios espirituales por participar en ella, así como beneficios económicos al permitirles embolsarse una parte de los impuestos de la Iglesia.

El ejército musulmán se caracterizaba por contar con rápidos y ligeros jinetes que luchaban a cuerpo descubierto únicamente protegidos por un escudo de cuero llamado adarga, una azagaya o jabalina corta y una espada.

Por su parte, las fuerzas del rey Alfonso XI presumían de estar compuestas por uno de los ejércitos más modernos y potentes de la época, con un armamento de última generación: los caballeros iban equipados con largas lanzas que, aprovechando la inercia de la carrera, podían proferir una carga más violenta.

Para decidir la soberanía de la zona, ambos ejércitos pactaron la batalla en campo abierto. Las tropas nazaríes se situaba al pie de uno de los cerros, mientras que el rey benimerín localizó su campamento en una escarpada peña desde donde seguir mejor la batalla, ordenando que se levantara el asedio a Tarifa para reforzar su ejército.


A las diez de la mañana comenzó el combate que duró hasta el atardecer: la caballería castellana cruzó el Salado y embistió con fuerza contra la delantera benimerin. El poder benimerin no tuvo tiempo para desarrollar la táctica favorita de los musulmanes, conocida como tornafuye y que consistía en simular la retirada con la idea de ser perseguidos por sus enemigos y a continuación aprovechar la desorganización para atacar nuevamente sobre los confiados soldados. Finalmente las fuerzas benimerines cayeron definitivamente en la Peninsula.

martes, 29 de octubre de 2013

"El esclavo de la Al-Hamra" por Blas Malo



De  vuelta a casa, en el metro, acabo de terminar de leer la novela "El esclavo de la Al-hamra" y me he de decir que me ha sorprendido para bien: un ejemplo de que no hay que valorar un libro por su cubierta. 

Se trata de una interesante historia de aventuras que se desarrolla en la Granada nazarí del siglo XIV. En la novela, dos generaciones de una humilde familia se ven envueltas en las intrigas palaciegas de la corte del rey  Mohammed V y en especial de su primer ministro Ibn Zamrak. Las aventuras de sus protagonistas no sólo se desarrollan en el propio reino de Granada, sino que nos transportan al reino meriní de Fez y a las fronteras con Castilla en una época peligrosa donde la voluntad de los reyes marcaban el devenir de su pueblo. 

Si te gusta la novela histórica de ficción con pinceladas históricas y te interesa la historia, te recomiendo su lectura.

lunes, 21 de octubre de 2013

La casa nazarí frente al Palacio Carlos V

Vista de la casa nazarí desde la calle Real en dirección a la
Puerta del Vino

Frente a la fachada meridional del Palacio de Carlos V, Torres Balbás mandó desescombrar en 1922 los restos de unos muros pertenecientes a la estructura principal de una casa nazarí de importancia (por sus dimensiones y proximidad a la mezquita) en torno a un patio con alberca central de dos metros y medio por metro y medio y 0,72 de profundidad, rodeado de habitaciones, en donde se distinguen los umbrales de una puertas con mochetas para cerrarse desde dentro, elementos decorativos sobresalientes de la puerta, que se suponen eran la entrada a la casa desde la calle Real.

Tal vez se encontrase aquí la entrada a la casa

Arranque de escalera que conduciría al
piso superior de la vivienda
Tras la galería con mochetas, se accede a lo que debió ser el arranque de una escalera de subida a la planta alta. La otra puerta da entrada a una habitación con suelo de guijarros que debió ser cuadrada y que posiblemente pertenecieran a época cristiana. Más allá hay otra estrecha nave paralela en la que puede verse el arranque de una escalera y cuya entrada se haría por una puerta que abre a una plazoleta empedrada y situada al oeste.

Los restos de solería son originales nazaríes
Cuenta con un patio casi cuadrado de 6,7 por 6,7 metros, con galería sobre pilastras, abierta al oeste, con tres vanos, mayor el central que los laterales. En la parte pegada al pórtico había un hueco circular que hace pensar que hubiera una taza pequeña que vertería su agua en la alberca y que se alimentaría de un ramal derivado de la cercana Acequia Real de la Alhambra.

Alberca central de la casa nazarí con cenefas verdes
Capiteles como este, de mármol elaborado en la primera mitad
del siglo XIV, conservado en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid
decoraban las casas más importantes del reino de Granada

En cada uno de los muros laterales del patio se abrían dos puertas, aunque parece que el muro de enfrente no tuvo ninguna, y aunque parece que el pórtico sur tuvo pilastras intermedias en sus tres vanos, queda la duda de sí en realidad contó con columnas pues en las excavaciones se encontraron varios trozos de fustes de mármol jaspeado y de serpentina, así como una pieza tosca de caliza marmórea que pudo servir como base de capitel.

Pórtico de pilares que pudo contar con
columnas de mármol
Parece que este pórtico tenía alacenas en sus extremos y que daba acceso a la sala principal de la casa, al este, donde es posible que hubiese dos alcobas o alhanías en cada extremo de la sala. Sin embargo llama la atención la falta de letrinas en la vivienda, que bien seguro debieron existir.

Estos restos arqueológicos marcan la cota por la que discurría la calle Real, la calle principal de la Alhambra medieval nazarí. Todas las habitaciones se encuentran al mismo nivel, conservando los restos de las solerías originales, salvo la crujía del oeste, cuyo eje aparece una puerta que pudo pertenecer a esta casa o a otra vecina, de las muchas que hubo por toda esta zona. Ante la fachada se extiende un pavimento de guijos que probablemente pertenezcan a una placeta anterior o una calle perpendicular a la calle Real.

La crujía de poniente esta por debajo del resto pudo
pertenecer a una casa vecina
Durante un tiempo se pensó que se trataba de la madraza proyectada por el ministro Ibn al-Jatib pero en tal caso estaría orientada hacia el sureste como todos los demás edificios religiosos islámicos de la Alhambra, como mezquitas, oratorios y rauda, como sostiene Antonio Orihuela Uzal.

Planta de la casa nazarí frente al Palacio de Carlos V

martes, 15 de octubre de 2013

Es-Saheli

Granadino nazarí que pertenece a la cultura universal, Abu Haq Es Saheli nació en la ciudad nazarí de Granada en 1290, en el seno de una familia repartida entre esta ciudad y Málaga. Su bisabuelo materno, conocido como "el enturbantado" en Málaga fue un erudito sufí que es escribió la obra titulada Asraf al-masalik. Su padre ocupó importantes cargos de la administración del Estado como alamín del gremio de perfumeros de la Alcaicería e iniciado en leyes. Pero su padre abandonó a la familia para volver a casarse con la hija de un hombre influyente llamado Osmán, visir del rey nazarí Nasr, destituido por Ismail I.

Es-Sahili, tras ser ayudante en una notaría de la Alcaicería, alcanzó un puesto como secretario de la Chancillería de La Alhambra. Pero Es-Sahili se granjeó también enemigos; un personaje celoso de las relaciones que Es-Sahili mantenía con un efebo de la ciudad llamado Abdalá, intrigó contra el nuevo suegro de su padre, quien cayó en desgracia como resultado de las intrigas palatinas, por lo que Es Saheli acogió en su casa a la nueva familia de su progenitor.

Debido a su vida disipada, tuvo problemas con los alumas y se vió obligado a huir desde Almuñecar (al-Munakkab) a El Cairo, acompañado por Jawdar, el hijo ilegítimo del notario que le dió su primer trabajo. Allí se vió favorecido por la protección del rico mercader Al Kuwayk y desde allí emprendió una peregrinación a La Meca.

Fue entonces cuando conoció al emperador de Malí, Mansa Musa, quien era considerado el gobernante más rico de su tiempo y controlando el precio del oro en el Mediterráneo, a quien acompañó a su reino en 1324, un estado también islámico. Allí trabajó como alarife, contruyendo entre otros edificios, el Palacio Real Madugu y la Mezquita de Djingareyber, la primera mezquita de Tombuctú, y por la que cobró 170 kilos de oro. Hoy en día, dicha mezquita esta inscrita en la lista del Patrimonio de la Humanidad, por su singularidad, construida en tierra y materiales orgánicos tales como fibras, madera y paja.

Mansa I, rey de Mali según un
cartografo del siglo XIV

Como embajador de su país de adopción llegó a Fez en 1337, en misión de paz. Moriría en Tombuctú en 1346, descansando sus restos en la misma mezquita que construyó y por la que hoy en día es considerado padre del "arte sudanés" que posteriormente influiría en Gaudí y Miquel Barceló.

En el siglo XVIII, Ali-Gao, hijo de Mahmud Kati III, realizó la primera antología de versos del granadino, e indicó que descendía del poeta Es-Saheli, ya que su bisabuelo Mahmud Kati II se había casado con Miriam Es-Sahili, manteniendo los Kati hasta hoy día su memoria como descendientes directos.

En el año 2008, Manuel Pimentel escribió sobre él el libro titulado "El arquitecto de Tombuctú y hoy, entre las 17.00 y 21.00 horas, se homenajeará la figura de Es-Saheli en el Salón de actos del Palacio de Carlos V de La Alhambra, a través de un concierto, lectura de sus poemas y una mesa redonda, antesala de la programación de la Noche en Blanco prevista el próximo 19 de octubre.

domingo, 13 de octubre de 2013

Espacio del Mes: Casas del Partal

Las casas del Partal daban a un patio común, probablemente,
que hoy es una plazoleta entre sus fachadas
Al oeste del Palacio del Partal, junto a la Torre de las Damas existen unas pequeñas viviendas adosadas, agrupándose en forma de "L, asentándose su lado norte sobre la muralla sur del ciudad áulica. Estas construcciones de desigual carácter con unas casas moriscas del siglo XVII (denominadas como casa de González Pareja, casa de Villoslada, casa de los Balcones y casa de las Pinturas), en origen independientes entre sí, que conservan elementos de la etapa nazarí. Estas casas, sumando la casa de Astasio de Bracamonte, el conjunto conocido a modo genérico como "Casas del Partal".

Este arco nazarí es uno de los elementos conservados
Al final de la época nazarí debía de haber aquí cuatro casas diferentes pero con rasgos tipológicos comunes. Por ejemplo, todas estaban levantadas entre medianerías, con dos plantas, de superficies muy reducidas, entre 13 y 44 metros cuadrados.

Plano del conjunto de las casas del Partal

Medianera con el Palacio del Partal, en la llamada casa de las Pinturas, en 1908, el arquitecto Modesto Cendoya, descubrió en su sala alta los restos de una importante decoración mural del siglo XIV realizadas al temple sobre estuco, según los principios de bidimensionalidad, linealidad y narrativa. Dañadas por el tiempo, el desgaste del color, por el roce, las limpiaduras y humo de la hornilla cuando esta habitación estuvo convertida en cocina y por los efectos desastrosos del picado de las paredes al enlucirlas.

Muro con imitación de aparejo de ladrillo y epigrafía bajo
los frescos del muro oriental, donde se conserva una hermosa
banda caligrafía coránica con las letras en blanco y adornada
de atauriques en los vacíos con tallos espiriformes finos
sobre el rojo almagra de los ladrillos, aunque esta
incompleta: "Te hemos concedido una clara victoria. 
Para perdonarte Dios tus primeros y últimos pecados, 
perfeccionar Su gracia en tí y dirigirte por una 
vía recta. Para prestarte Dios"  [Corán 48, 1-3]
Este texto se interrupe por el tabique.
Este mural es el único ejemplo conservado de pintura
nazarí, entendiendo que las Salas de los Reyes fueron
realizadas por pintores cristianos

Organizados en tres registros horizontales, aparece representada en este mural la llegada al campamento de tiendas de campaña campaniformes, de una expedición militar que regresa con su botín y prisioneros encadenados, escenas de caza (hombres armados frente a leones y un oso) y cortesanas festivas, en las que aparecen algunos músicos con laúd, guitarra, pandereta, flauta y tambor, y ceremoniales que arrojan información muy interesante sobre la vida de aquella época, sorprendiendo los detalles miniaturistas.

Estas pinturas del siglo XIV fueron superpuestas sobre la
base de ladrillo rojo fingido con llagueado en blanco y
una banda epigráfica. Esta pintura de ladrillo pertenecía
al pabellón del Partal.

Estas pinturas son una muestra de pintura aúlica mural sin
paragón en al-Ándalus, aunque
con claros antecedentes orientales
Aunque difícil de distinguir en esta foto que representa
la figura de un soldado portando un estandarte
en el que aparece con trazo negro, fino y cursivo
la siguiente leyenda "La salud eterna". Seguramente
otros tejidos y banderas debieron de contener caligrafía
pero han quedado borrados.
Dentro de pequeñas cartelas rectangulares con laterales curvos, en caligrafía dorada sobre fondo azul oscuro, separan las series narrativo-pictoricas las siguientes expresiones votivas:

"La gloria permanente"
"La ventura eterna"
"La bendición"

Armadura nazarí conservada en la casa de las Pinturas

En el arrocabe de madera del techo, en la pared oriental, se repite
doce veces la azora de la Victoria: "no hay vencedor sino Dios"
Junto a la casa de las Pinturas se encuentra la conocida casa de los Balcones, llamada así por por los dos coquetos vanos que se abren a la fachada de mediodía.

Fachada de la casa de los Balcones
Los balcones fueron reconstruidos a partir de los restos de uno de los arcos que aún se conservaban en 1917, así como las balaustradas de madera, que pasaron a guardarse en el Museo de La Alhambra tras servir de modelo de las actuales.

La casa de la esquina del conjunto es la llamada casa de Villoslada, y en ella se conservan unas ventanas guarnecidas con ricas yeserías en su interior, mientras que en las habitaciones adyacentes se conservan muy pocas yeserías.


Leopoldo Torres Balbás salvó estas casa del estado ruinoso
en el que se encontraban en el año 1923
A ambos lados de las ventanas de esta sala superior de la casa de Villoslada se adivina un caligrama arquitectónico restituido de inscripción mixta, Allah en cúfico, formando un arco lobulado que enlaza con un círculo que encierra una segunda palabra, rabbí, es decir "Dios es mi Señor".

Se puede leer en uno de estos lados:
No hay vencedor sino Dios
En el dintel de una de las ventanas, en cúfico, bajo la decoración de mocárabes se puede leer "la potestad es de Dios", a la derecha y, a la izquierda, "la grandeza es de Dios", separadas ambas por una bella decoración de atauriques. Enmarcando esta decoración, en este caso en cursiva, se aprecia "la gloria es de Dios" y "la permanencia es de Dios".

Dintel de la ventana de la derecha, donde se muestran
estas inscripciones en cúfico y cursiva
Y por último la casa de José María González Pareja, en cuyo interior existió un telar y que sirvió de vivienda para el vigilante del Partal en 1923. Junto a ella se encontraba la casa de doña María Padial de Haro, última habitante de La Alhambra, y que asomaba al patio de la Higuera. Aprovechando la fachada meridional de la casa de José María González Pareja se construyó un balcón romántico cenador de madera.

Interior de la casa de José María González Pareja

Al otro lado del Palacio del Partal, situada sobre la muralla, hay una vivienda nazarí adosada a un pequeño oratorio, conocida con el nombre de Casa de Astasio de Bracamonte, pues así se llamaba el escudero del conde de Tendilla que vivió en ella a mediados del siglo XVI. También fue restaurada por Torres Balbás, descubriendo que era más anterior al oratorio al que esta adosada, atribuido a Yusuf I, lo que lleva a datarla en torno a las primeras décadas del siglo XIV.

Vista de la casa de Astasio de Bracamonte desde la planta
alta de la casa de González Pareja

Casa de Astasio de Bracamonte desde el
pórtico del Palacio del Partal
La casa de Astasio Bracamonte se sitúa sobre la muralla y cuenta con una superficie de 15 metros cuadrados. En su origen debió contar con dos plantas, pero posteriormente se amplió su altura con la integración de un mirador.Construida en sus cerramientos con ladrillo, yeso en sus decoraciones exteriores e interiores, madera en la armadura apeinazada y alfarje bajo la cubierta, así como material cerámico, vidriado en algunos puntos (solerías y cubiertas de teja). Actualmente se esta realizando una intervención restauradora centrada en la armadura y el alfarje que conservan numerosos elementos originales del siglo XIV, así como epigrafías y elementos decorativos vegetales.

Tras la restauración de estas cinco casas, se destinaron a dar alojamiento a los guardas del Patronato de la Alhambra, incluso la de Astasio de Bracamonte prestó este servicio hasta hace poco tiempo.

La sencillez y humildad de estos edificios da lugar a que se manifieste poco interés por ellos, sin embargo, su singularidad las hace únicas. Las vistas que le proporcionan las laderas sobre las que se ubican garantizan la privacidad de estas casas, quedando la parte interior que da a la Alhambra cerrada por muros.

Vistas del Albaicín desde la casa de las Pinturas

Su delicado estado de conservación aconseja la restricción de su exposición al público, por lo que su visita está limitada a unas fechas determinadas. Este mes de octubre puede ser visitada con la entrada básica o general de La Alhambra, de 8,30 a 18,00 horas los domingos, martes, miércoles y jueves.

Conjunto de las casitas del Partal

sábado, 5 de octubre de 2013

"El cautivo de Granada" por Marceliano Galiano

Presento la última novela histórica que he leido. "El cautivo de Granada" es casi una biografía del visir Ibn al-Jatib contada en primera persona durante sus últimos días de vida desde su prisión en Fez. Durante su cautiverio conoce a Jalib, su carcelero, y a él le cuenta sus recuerdos de la corte nazarí en un momento en que gozaba de su máximo esplendor y otros detalles de su vida personal.


Ibn al-Jatib fue un personaje polifacético: médico, historiador, escritor y poeta, político, diplomático, peregrino, etc. Sufrió el exilio, pero además fue muy valorado, sin embargo le toco vivir una realidad rodeada de lujo y violencia que es descrita en esta novela.

Marceliano Galiano, su autor, ha sido auxiliar de vuelo, lo que le ha permitido viajar y conocer diversas ciudades y culturas. Esa amplia visión le ha empujado a escribir novela histórica principalmente. Un ejemplo es esta obra, llena de datos históricos sobre los reyes nazaríes bajo los que trabajó Ibn al-Jatib y las circunstancias históricas que le rodearon.