¿Qué era el Reino Nazarí de Granada?



El Reino Nazarí de Granada (s. XIII-XV) fue una formación política medieval que ha trascendido fronteras a lo largo de los siglos gracias a la gran herencia patrimonial que dejó, con La Alhambra como paradigma arquitectónico, sede política y residencial, a pesar de su reducida extensión territorial comparado con el mundo islámico de su época o con el que había abarcado siglos antes al-Andalus dentro de la península Ibérica, que ocupaba las coras de Granada (Ilbira), Málaga (Rayya), Almería (Bayyana/Al-Mariyya), Ronda (Takurunna) y parte de la de Algeciras (al-Yazira al-Hadra).

domingo, 7 de enero de 2018

Caballeros moros y moriscos en las cortes cristianas

La guardia de moros o moriscos en la corte castellana de Juan II o Enrique IV,
como de la aragonesa de Alfonso III o Pedro IV fue necesaria para proteger
los intereses de estos monarcas por la independencia de los caballeros
que la integraban en los asuntos de los estados castellanos
Acabo de terminar de leer un estudio que cayó en mis manos por casualidad, "Caballeros en la frontera: la guardia morisca de los reyes de Castilla (1410 – 1467)" escrito por Ana Echevarría Arsuaga para la Universidad a Distancia. En él desarrolla profundamente un aspecto poco conocido de la Historia Medieval, como son los caballeros moros y moriscos en las cortes cristianas.

El trasiego de personas e ideas en la frontera nazarí y cristiana fue un fenómeno constante del que se conservan noticias desde el siglo XIII, así como en las crónicas del siglo XV bajo el reinado de Juan II y Enrique IV –por ejemplo, si en el siglo XIII la guardia nazarí copió el estilo del vestuario de los caballeros cristianos, en el siglo XV, la caballería cristiana se vio influida por la moda militar granadina-. La mayor parte pertenecían a importantes linajes granadinos que estaban descontentos con el rey nazarí y que se presentaban en el campamento cristiano para convertirse al cristianismo y ponerse al servicio del rey de Castilla o de Aragón. También había habitantes de la frontera que aprovechaban las algaradas castellanas para convertirse y ofrecer una plaza a cambio de ciertos privilegios y alejar su residencia de la complicada existencia de la frontera. Renegados musulmanes participaban en la conquista de plazas fuertes de la frontera granadina, normalmente aprovechando el asedio de alguna plaza para ayudar a tomarla a cambio de obtener la indulgencia real y de la iglesia, contando más el valor del enemigo que su religión. Para el “traidor”, a pesar de la protección real, no era fácil incorporarse a otra realidad social, desarrollar una nueva identidad e intentar mantener su estatus a la vez que se integraban en las redes de influencia de su grupo adoptivo. Normalmente pasaban a desempeñar funciones de guías, alfaqueques o adalides según su preparación, o incluso sin especificar ningún oficio o utilidad a los cristianos que el mero hecho de convertirse.

“Al Maestre de Santiago se vino un moro de Pruna, e díxole que quería ser cristiano, que lo tornase cristiano e que él le mostraría cómo tomase a Pruna. E al maestre plogo dello, e tornóle cristiano. E fabló lo que le dixo el moro al maestre de Santiago con el maestre de Alcántar (…), e enviáronle al moro, que hera ya cristiano” (Crónica de Juan II)

A partir de la campaña de Antequera se hicieron más comunes las conversiones con tránsfugas granadinos que se integraron en el ejército del infante Fernando, así como en las campañas realizadas por Enrique IV en la vega de Granada, posiblemente coincidiendo en los momentos de mayor penuria. Se hacía cada vez más patente la necesidad de crear una institución que agrupara al grupo de conversos granadinos por lo que se pensó en incorporarlos a una guardia personal a sueldo del rey Juan II de Castilla, sirviendo con mayor efectividad a los intereses del monarca por:

la falta de soldados en el ejército real
la seguridad que ofrecían estos hombres al depender exclusivamente del monarca
en la elevada especialización de algunas tropas en determinados tipos de lucha
la magnitud de este fenómeno de cambios de religión
evitar que formasen una elite militar a la cabeza de los mudéjares que pudiera resultar rebelde

La división de entre las dos facciones enfrentadas por conseguir el favor real de Juan II, por una parte sus primos, los infantes Enrique y Juan de Aragón y el condestable Álvaro de Luna, complicaba la disposición de tropas fieles que protegieran al monarca, generando un complejo entramado de relaciones políticas en el que la disposición de judíos, musulmanes y conversos que generalmente estaban al lado del rey y de Álvaro de Luna creaba inquietud entre algunos sectores. Esta diversidad es la causante de que entre los caballeros unos sean musulmanes y otros conversos, y que la institución aparezca en algunas fuentes como “guardia de moros y moriscos”. De hecho, no todos los caballeros que integraban la guardia morisca buscaban la integración en la corona de Castilla, sino que cruzaban la frontera granadina por las luchas que dividían a los nazaríes, retornando a tierras islámicas tan pronto como la situación política mejoraba.

Esta guardia personal estaba convenientemente organizada en la década de 1420 y además de proteger al rey, le acompañaban en todas las campañas militares que emprendía. En el enorme fresco de la Sala de las Batallas del monasterio del Escorial, realizado a partir de una tela atribuida al florentino Dello Delli, aparecen representados los ejércitos con su característica disposición en haces, y los caballeros moriscos como guardia de Juan II así como un buen número de tropas a la jineta por ambos lados en lo que fue la Batalla de la Higueruela. La guardia morisca estaba capitaneada por algún converso que gozara del favor del rey y con influencia tanto en Granada como en Castilla, con ciertas capacidades jurídicas sobre los caballeros a su cargo e incluso se le permitía dar órdenes al propio escribano de cámara del rey con motivo del juicio a otro caballero, con un rango equiparable a la capitanía de los guardas reales de los Reyes Católicos. El segundo puesto en importancia dentro de la guardia real morisca era el de adalid, que era nombrado directamente por el rey y que estaría especializado en guiar a las tropas, debiendo ser un buen conocedor del terreno fronterizo y de las tácticas militares precisas. Todos los caballeros de la guardia morisca eso sí vestían a la manera granadina por su utilidad en la monta a la jineta, muy apta para el combate y para la cacería.

En cuanto a la edad de sus miembros, la mínima rondaba entre los catorce y los veinticinco años –de hecho, los caballeros moriscos de la primera generación entraron muy jóvenes en servicio-, pero cuando el oficio se hace hereditario la edad puede bajar aún más. Los caballeros moriscos debían manifestar fidelidad incondicional al monarca ante la precaria situación de la corona, de cuya casa formaban parte y de quien recibían sus raciones -el incumplimiento de su juramento de fidelidad al rey redundaba en penas espirituales, penales, la pérdida del oficio y del favor de la corona, así como una posible pena económica- que era como se llamaban a los salarios percibidos que rondaban entre 3.600 y los 5.400 maravedíes de sueldo (comparado a los 1.000 maravedíes que recibía el cabildo de la catedral de Burgos a mediados del siglo XV), así como varas de tela de Ypres para su vestuario, dependiendo claro está del año y del puesto que ocuparan además de la peligrosidad de su cometido.

Es evidente que en esos tiempos de inseguridad, el rey dependió de los criados musulmanes o moriscos haciendo fundamental la inclusión de esta guardia morisca a la hora de hacer frente a las tropas granadinas que acompañaron a Juan de Navarra –fruto del tratado firmado por Mohammed IX y el infante contra Juan II- en el ataque a la ciudad de Cuenca el 25 de febrero de 1449. Posteriormente, durante el reinado de Enrique IV, el papel de los caballeros moriscos como guardia personal del rey se afianzó, acentuando el proceso de patrimonialización que sufrió este cuerpo militar, manteniendo a los mismos hombres que sirvieron a su padre, incluyendo a sus hijos quienes heredaban la posición de sus progenitores bien tras su fallecimiento o por su renuncia justificada al cargo, uno de los privilegios por ser miembro de la casa y corte del rey. Aunque desconocemos el papel que desempeñaban estos hombres en la vida diaria de la corte, imaginamos que acompañarían al rey en las abundantes cacerías en los bosques de Segovia y como parte de su comitiva durante su estancia en dicha ciudad, a juzgar por la magnífica sala de guardia mudéjar de su antiguo palacio de San Antonio el Real (construido en 1455), convertido después en convento franciscano y actualmente en hotel. 

Actualmente, el palacio de San Antonio el Real es un hotel que
conserva excelentes trabajos artesanales de estilo mudéjar,
 muy del gusto de los monarcas castellanos de la casa de Trastámara
 e inspirados en los del reino nazarí de Granada.

El aspecto de la guardia morisca llamaba la atención de los embajadores extranjeros y de la corte y el pueblo, siendo la intención del monarca destacar su supremacía sobre Granada y su reconocimiento, aunque fuera más en la teoría que en la práctica. Por ejemplo, Enrique IV, proporcionó a un caballero morisco el siguiente equipo: un capuz de paño de lana de Londres azul turquí, un pellote, un jubón, un par de calzas y una caperuza de lana fina de Ruán de calidad menor, una adarga cubierta de colorado y verda, un par de borceguíes (botines atados con correas) y un par de zapatos.

En el reino de Aragón por su parte, existía la guardia real o “geneta” durante el siglo XIII, con similares características a la guardia morisca características a las de la guardia morisca castellana, estando constituida por caballeros musulmanes reclutados en Granada o el Magreb. Contamos con el registro de quince caballeros que percibían su salario y sus caballos del rey Alfonso III (1285 – 1291) y cuyo capitán, de nombre Abenadalil, terminó convirtiéndose en miembro vitalicio de la casa real, transmitiendo sus privilegios a su hijo. En el siglo XIV, Pedro IV utilizó a esta guardia real en su provecho durante el corto reinado de Ismail II con el fin de contrarrestar la alianza castellano – granadina y la hostilidad nazarí que le acompañaba, estableciendo lazos diplomáticos con Tremecén y autorizando el regreso a Granada de los caballeros musulmanes a su servicio con la posible intención de derrocar a Ismail II el 13 de julio de 1360  y apoyar a Mohammed VI quien reorientaría la política exterior de Granada a favor de Aragón.

Estos factores de inclusión a través de una profesión de elite que resultaba de especial interés para la corona castellana ayudaron a facilitar una época dorada para los mudéjares de los reinos cristianos aunque también originaron el rechazo de una parte de la sociedad hacia los caballeros moriscos, un movimiento opositor cada vez más fuerte que acarreó la disolución final de la guardia morisca. Estas reacciones contrarias se intensificaron especialmente bajo el reinado de Enrique IV, aunque el incremento del número de caballeros moriscos tuvo lugar bajo el reinado de Juan II de Castilla. Entre 1464 y 1465, el marqués de Villena encabezaba la liga de nobles que amenazaba con una guerra civil entre la nobleza hereditaria y la de nueva creación, siendo el tema de la sucesión al trono Castellano el detonante de la misma, sumado a una crisis económica. Una de las soluciones propuestas por la nobleza en la Sentencia de Medina del Campo del 16 de enero de 1465 era la expulsión de judíos y musulmanes y la confiscación de sus propiedades con el objetivo de pagar el rescate de cautivos cristianos. Ante el creciente peso de los conversos en la sociedad castellana de la época y en los cargos de administración de mayor relevancia, el pueblo y la aristocracia tradicional reclamaban el establecimiento de una inquisición que los examinara.

La actitud de Enrique IV hacia judíos y musulmanes, siendo acusado de islamofilia, no se apartaba demasiado de los cánones de la época. Adicionalmente al rey le gustaba la decoración y las costumbres mudéjares, que no dudaba aplicar en sus palacios y en la vida cotidiana, algo que tampoco distaba de los usos de su dinastía, siendo una estética importante en la corte de su antepasado Pedro I. Sin embargo estas acusaciones tenían como objetivo desprestigiarle a favor de su hermano Alfonso y posteriormente de Isabel la Católica. El hecho de desposeer al rey de su guardia morisca personal se centraba en privarle de uno de sus mejores y más independiente apoyo militar durante la apremiante guerra civil que sacudiría a Castilla en la segunda mitad del siglo XV. Tras la batalla de Olmedo en 1467, donde es muy probable que participara la guardia morisca a favor de Enrique IV, desaparece cualquier mención a este grupo, bien diezmada tras la guerra o disuelta como una concesión del monarca muy a su pesar, aunque también puede tratarse de la final y total asimilación de los caballeros bautizados y de sus descendientes en las esferas de la sociedad castellana ocupadas por los cristianos viejos. Con la conquista de Granada por parte de los Reyes Católicos en 1492, comienza una nueva forma de entender las relaciones entre mudéjares y cristianos, tomándose decisiones más drásticas posteriormente que cambiarían la sociedad de los reinos españoles.

martes, 2 de enero de 2018

Ceremonial del Día de la Toma

Cortejo en salida desde el ayuntamiento de Granada

Desde hace 526 años sin interrupción, cada 2 de enero se conmemora en Granada la Entrega de la ciudad por Boabdil a los Reyes Católicos que tras la celebración de unas honrosas capitulaciones firmadas en el Real de Santa Fe. El 2 de enero de 1492 las tropas de los Reyes Católicos elevaron en la Torre de la Vela el pendón de Santiago y otras dos banderas cristianas de manos del cardenal González de Mendoza y de Don Gutierre de Cárdenas, tremolando y gritando la ciudad el nombre de los ínclitos Reyes y dando origen a esta festividad.

Las claves históricas y rituales de esta celebración son sencillas, pues los actos conmemorativos giran en torno a la tremolación del pendón dado por Fernando el Católico a la Capilla Real para la conmemoración de la fiesta del 2 de enero. Sin embargo, el pendón que se tremola no es el original que portasen los ejércitos cristianos a su entrada en Granada en 1492, pues aunque éste se conserva, está muy deteriorado y permanentemente guardado en el tesoro de la Capilla Real. El que se utiliza es uno similar del siglo XVII realizado en damasco carmesí y en el que figuran las armas de Aragón, Sicilia, León y Castilla.

En el interior de la Catedral se celebra una misa antes de tremolar el pendón

Los actos comienzan temprano en la Capilla Real, con la celebración de una misa a la que asisten las autoridades granadinas, civiles, militares y religiosas en traje de gala, en la que el pendón es entregado por el Capellán Real Mayor al edil más joven del consistorio, vestido a la moda del siglo XIX, con frac y chistera de raso.

En el interior de la capilla delante de los sepulcros de los Reyes Católicos por tres veces se repite la letanía del ritual de la tremolación, tras lo cual, seguido de una comitiva integrada por todas las autoridades, civiles y militares, acompañadas por la banda municipal de música y fuerzas del acuartelamiento militar de la ciudad que dan escolta al pendón, parten en un recorrido que discurre por las calles Oficios, Gran Vía, Reyes Católicos y Plaza del Carmen, hasta el balcón principal del Ayuntamiento, desde donde tiene lugar el acto principal. Estos actos fueron modificados en 1.982 incluyendo los vítores a Andalucía y el himno autonómico.

Balcón del ayuntamiento desde donde se realiza el acto principal

El edil con el pendón pertrechado y descubierta la cabeza grita:
-¡Granada!- grita el edil ante lo cual responde le pueblo congregado -¿Qué?
Tres veces se repite la misma pregunta y tres veces contestan los granadinos, y a continuación el edil, dice:
-Por los ínclitos Reyes Católicos D. Fernando V de Aragón y Dª Isabel I de Castilla, ¡Viva España!
Contestan los granadinos:
-¡Viva!
Vocifera nuevamente el edil:
-¡Viva el rey!
Los granadinos:
-¡Viva!
El edil:
-¡Viva Andalucía!
Los granadinos:
-¡Viva!
El edil:
-¡Viva Granada!
Los granadinos:
-¡Viva!

A continuación el edil flamea el pendón a los sones del himno nacional acompañado de un sonoro aplauso del gentío. Tras los sones de la Marcha Real, se vuelve a repetir por dos veces más todo el ritual, concluyendo el tercero con la interpretación del himno de Andalucía.




Finalizada la tremolación, las tropas de escolta desfilan bajo el mismo rindiéndole honor, quedando el pendón por el resto del día expuesto en el balcón consistorial custodiado por soldados del destacamento militar de Granada, siendo arriado al final de la jornada.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Bab Qastar o Puerta de Castro

Los arqueólogos tenían constancia histórica de la presencia de una entrada
a la ciudad en este lugar aunque no esperaban encontrar ningún resto
En la Alcazaba Qadima se construyó una puerta de acceso que constituye un gran ejemplo de este tipo de arquitectura en época taifa. En el período nazarí se llamó puerta del Castro o Bab Qastar aunque en el siglo XVI pasó a ser conocida como portillo de San Nicolás o puerta de Hernán Román, como es más conocida en los libros. Fue en 1752 cuando se erigió en su interior la ermita de San Cecilio.

Hernán Román fue un supuesto propietario de unos huertos cercanos a
esta puerta durante la primera mitad del siglo XVI, aunque otra hipótesis dicen
 que este nombre es una corrupción de la expresión
Hisn al-rumman o "Fortaleza de los granados"

La puerta del Castro, construida con  sillares a soga y tizón al estilo califal, se abrió entre gruesas torres que flanqueaban un arco de medio punto muy esbelto (de casi 6,5 metros de altura)  y su interior estaba cubierto por una bóveda semicilíndrica de piedra de la Malaha, así como las paredes interiores y algunas esquinas. Daba acceso a la ciudad por el norte aunque dejó de utilizarse tras la conquista y en los años previos su uso era residual, más como un portillo que una puerta.

La puerta se abre entre dos gruesas torres de
argamasa de cal con cantos rodados en su interior

sábado, 23 de diciembre de 2017

Estanque de naumaquias del Alcázar del Genil

El acceso a los restos arqueológicos del estanque del Alcázar del Genil que fueron descubiertos durante las obras del Metropolitano de Granada están abiertos al público de forma gratuita en el interior de la parada del mismo nombre, aunque sujeto a horario (cierran al medio día).














domingo, 10 de diciembre de 2017

El asedio final de la ciudad de Granada (1490 - 1491)

El 10 de diciembre de 1489 -tal fecha como hoy pero de hace 528 años- el paladín de la resistencia nazarí frente a las fuerzas cristianas, Mohammed XIII al-Zagal "El Valiente" rindió el levante granadino, pasando el relevo a su sobrino Mohammed XII más conocido como Boabdil.

Boabdil acordó en febrero de 1487 con la reina Isabel I su disposición a mantener lo acordado, es decir apoyarle para recuperar el trono de Granada para entregarle posteriormente la ciudad a manos cristianas. El monarca nazarí le escribió una misiva agradeciéndole la ayuda prestada para recuperar una ciudad hostil a la actitud pacifista de Boabdil a finales de abril de 1487.

Los regidores sevillanos decidieron hacer una procesión muy solemne en
torno a la catedral hispalense el día de Reyes de 1490 para agradecer
a Dios la victoria de los Reyes Católicos para ganar las plazas de
Baza, Guadix, Almería y prácticamente todo el reino de Granada
Hubo intercambios de embajadas entre Boabdil y los Reyes Católicos en la segunda quincena del mes de enero de 1490 para que el monarca nazarí cumpliera lo pactado. Pero Boabdil decidió resistir y se sentía despechado puesto que los monarcas cristianos no le querían otorgar la tierra que pedía e inducido por la facción más reacia a la rendición.

Isabel y Fernando se prepararon pues para la guerra, incrementando los efectivos militares de las fortalezas y villas que rodeaban la vega del Genil; el 21 de mayo de 1491 llegó una hueste de 5.000 caballeros y 20.000 peones procedentes de Sevilla, tomando la Torre Romilla, donde el rey Fernando pudo apreciar la fidelidad de los nazaríes que cambiaban a su bando, tales como "el Zagal" o don Pedro de Granada y su hijo Alonso Granada Venegas, quienes mostraban los puntos débiles de la ciudad.

Durante doce días las tropas cristianas talaron la Vega para reducir el mantenimiento de los granadinos hispanomusulmanes, mientras que la reina Isabel I se mantuvo en Moclín, mientras que Boabdil tomaba la fortaleza de Padul y el valle de Lecrín, levantar las tahas de la Alpujarra pero sin lograr abrirse paso al mar pues tuvo que levantar el cerco a Salobreña (Salawbaniya) ante la noticia de que el rey Fernando volvía sobre Granada. Sin embargo, la guerra de Aragón con Francia obligó al rey Fernando dar una tregua a Granada durante los últimos meses de 1490. 

En esa época sólo se conocieron algunas cabalgadas nazaríes contra antiguos lugares de la frontera giennense, permutas de cautivos y, sobre todo, la hazaña de Pérez de Pulgar de colgar en la puerta de la mezquita mayor de Granada "Ave María", lo que le sirvió para que el 31 de diciembre de 1490 tuviera la merced de ser enterrado en la futura catedral de Granada como recompensa.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Ali al-Mandari, Sidi Mandri (aprox 1450 - 1540)

Abu al-Hassan Alí al-Mandari al-Garnati, o simplemente Ali al-Mandari o al-Mandri, más conocido como Sidi Mandri fue un militar de alto rango de los ejércitos nazaríes leales a Boabdil, además del último gobernante del punto fronterizo de Píñar, habiéndola rendido a los Reyes Católicos en 1485. Tras la caída de toda la comarca de los Montes Orientales, al-Mandri no aceptó la sumisión del vasallaje a los cristianos y se exilió a Marruecos, gobernado por los wattasíes. 

El sentimiento de derrota se vio agudizado por el cautiverio del monarca nazarí que había caído en poder de los cristianos tras el cerco de Lucena en 1483, llevaron a Al-Mandari y a un grupo de fieles y bravos guerreros a poniéndose a servicio del señor de Marruecos, en constante lucha con las guarniciones portuguesas.

Su papel en el reino de Granada y su pasado es una incógnita de la que sólo se conocen algunos datos proporcionados por León el Africano. Todo apunta a que Al-Mandri pertenecía a una noble familia granadina, siendo su abuelo Alí-Abd Allah Muhammad Al-Mandari según se cita en un documento fechado en el 1476 y que al parecer el cargo de alcaides de la fortaleza de Piñar, lo habrían ostentado otros miembros de su familia anteriormente.

Estuvo casado con una sobrina de Aben Comixa llamada Fátima quien sería apresada por Alonso de Cárdenas cuando vadeabe el río Genil y conducida hasta Pinos Puente, donde le aguardaba el Conde de Tendilla quien la encerraría en Alcalá la Real, hasta que fue libertada gracias a la mediación del propio Boabdil.

Acompañado por sus tropas y otros refugiados hispano-musulmanes se asentaron en el conjunto de ruinas que formaba Tetuán que había sido arrasada en el siglo XIV y XV por castellanos y portugueses respectivamente. Ochenta granadinos nazaríes comenzaron a construir casas en la parte denominada Al Balad, pero eran hostigados por la tribu de los Beni Hozmar, que reivindicaban la propiedad de este lugar. Informaron al sultán Mohammad Ach-Chaikh Al Wattassi quien les prestó unos soldados para protegerles además de escribir al gobernador de Chauen -otra población formada por gentes venidas de al-Ándalus- para que enviara a una persona competente que construyera una muralla defensiva. Mohammed ben Ali Al Mandari, un comandante de origen andalusí unió la ciudad, de la que fue gobernador y arquitecto. Es considerado como el verdadero fundador.

A los granadinos exiliados se debe la refundación de la Tetuan y
la reconstrucción de la parte más antigua de su medina bajo la
dirección de Sidi Mandri que la gobernó desde 1485 hasta su muerte.

Hacia 1500 se casó con Sayyida al-Hurra, una joven de origen andalusí, hija del gobernador de Chauen. Sayyida al-Hurra (cuyo nombre se traduciría por "la Señora Libre") gobernó Tetuán mientras su marido padecía una larga enfermedad fruto de sus heridas de guerra. Ambos contribuían a financiar la piratería a través del puerto de Martil, una actividad a la que se dedicaron muchos refugiados hispanos. Al morir Sidi Mandri en 1540, viejo y ciego, su esposa asumió brevemente el gobierno de Tetuán, ya que los muchos enemigos de su marido lograron apartarla del poder en 1542.

Sidi Mandri fue un personaje longevo y a diferencia del resto de su vida anterior de la que pocos detalles se conocen, su muerte si puede fecharse de un modo casi exacto ya que el misionero sevillano Fernando de Contreras, redentor de cautivos, presenció los últimos años de vida del refundador de Tetuán al que pretendía convertir al catolicismo y que  sirvió posteriormente como mediador entre Hasen Al-Mandari –su yerno- y la corte hispana. Fernando de Contreras relató a Sidi Mandri noticias de su lejana y querida Granada a la que nunca pudo regresar.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Cementerio de la Puerta de Elvira

Vista de la Puerta de Elvira y sobre ella a la
izquierda puede verse la Puerta de Monaita

Este cementerio o maqbara era enorme, llegando hasta la actual ermita del Cristo de la Yedra, debiendo coincidir su construcción con la de la Puerta de Elvira o Bab al-Hadid. Cerca se encontraba el barrio de los estereros o al-Hassarin.

En 1494, el viajero alemán Jerónimo Münzer lo describió: "saliendo de la puerta de Elvira, próxima a nuestra posada, fuimos al cementerio moro, que está en aquellas inmediaciones, y el cual es tan grande y tan bien dispuesto que causa maravilla. Su parte más antigua esta plantada de olivos, y la más moderna sin ningún árbol. Las sepulturas de los ricos son cuadradas y a modo de jardines, cerradas con un muro de piedra".

Las fosas formaban ciudades, pudiendo distinguirse los sepulcros de personas humildes (lápidas sencillas y alargadas) o de pudientesEn este cementerio había una fosa común destinada a pobres e indigentes que no podían pagar un entierro digno.

En primer plano la explanada donde estuvo el cementerio de Puerta de Elvira
ocupado parcialmente por el Hospital Real (a la izquierda del dibujo) y otras
construcciones del siglo XVI, según un grabado de Anton Van den Wyngaerde (1567)