¿Qué era el Reino Nazarí de Granada?



El Reino Nazarí de Granada (s. XIII-XV) fue una formación política medieval que ha trascendido fronteras a lo largo de los siglos gracias a la gran herencia patrimonial que dejó, con La Alhambra como paradigma arquitectónico, sede política y residencial, a pesar de su reducida extensión territorial comparado con el mundo islámico de su época o con el que había abarcado siglos antes al-Andalus dentro de la península Ibérica, que ocupaba las coras de Granada (Ilbira), Málaga (Rayya), Almería (Bayyana/Al-Mariyya), Ronda (Takurunna) y parte de la de Algeciras (al-Yazira al-Hadra).

miércoles, 14 de febrero de 2018

El blason nazari y la Orden de la banda

Aunque el rojo es el color emblemático de la dinastía Nazarí, en
la Alhambra se puede encontrar el escudo combinando diversos patrones
cromáticos (azul, blanco, dorado, etc)
Fundada por Alfonso XI (1311-1350) en 1332, la Orden de la Banda había sido creada para premiar a un limitado número de señores de la corte de Castilla que demostraban un valor especial y habilidad en los usos caballerescos, jurando inquebrantable lealtad a su rey. La intención por la que fue creada era cimentar el poder real sobre la levantisca nobleza, dando derecho a los caballeros de vestir adornos de oro y plata. Los capítulos que regían la Orden estaban detallados en lo que respecta a prestar auxilio al monarca castellano, así como su presencia en el consejo real. Pedro I "el Cruel", rey de Castilla, incluyó a Mohammed V en la Orden de la Banda como símbolo de sus buenas relaciones diplomáticas entre ambos reinos, así como Juan II lo hizo con Yusuf IV posteriormente.

Los colores primitivos pueden verse en los escudos de la banda que aparecen en la techumbre de la iglesia de Santiago Apóstol de Ciudad Real, que es de la época del reinado de Alfonso XI. Sin embargo éstos fueron cambiando del original fondo blanco con una banda de tafetán carmesí, así como su importancia y carácter laico y caballeresco de la orden. Ya se considera extinta hacia 1474 cuando la Banda llegó a ser concedida a mujeres como divisa y entró en decadencia porque su prestigio se resintió.

Esta banda puede aparecer lisa, sin texto,
o llevando inscrito en ella el lema de la dinastía
como en esta safa nazarí

Azulejo con el escudo nazarí aunque se desconoce el lugar exacto
 donde estuvo, otro ejemplo más de cerámica en azul y blanco
 tan abundante en la Alhambra; en azulejos similares a éste
también está presente el dorado

Aquel escudo estaba intercalado con la divisa de la familia Real Nazarí لا غالب إلا الله o wa-lā gālib illà Allāh es decir “No hay más vencedor que Alláh”. Su utilización está documentada a partir de Muhammad ibn Nasr, primer rey nazarí, tal y como queda certificado por la numismática y partir de este momento fue utilizado por todos sus sucesores en el trono granadino. Esta consigna es el elemento que identifica a la monarquía nazarí, un símbolo de su poder que quedaba plasmado de forma repetitiva en todo tipo de obras patrocinadas o destinadas al soberano como en las yeserías de los palacios, en las columnas de mármol, en la vajilla real e incluso en los enterramientos podemos encontrar reflejado este lema.

Olambrillas con el escudo nazarí: las olambrillas
 son pequeñas piezas de cerámica que, combinadas con
los azulejos de mayor tamaño, ayudan a componer las
solerías y revestir los zócalos
Fragmentos de cerámica con la representación del escudo nazarí,
 pero en la banda cruzada de su interior, en lugar de encontrarse
escrito el lema de la dinastía nazarí, como sería lo habitual, hay
una epigrafía fingida, lo que demuestra que el artesano que
la realizó no dominaba la escritura árabe

miércoles, 7 de febrero de 2018

De la almunia nazarí al carmen granadino

Los frondosos árboles que pueblan el Albaicín
nos dan una idea de la multitud de carmenes
que salpican este histórico barrio

Desde el siglo XVI, la palabra "carmen" es utilizada en Granada, siguiendo su significado árabe de viñedo o finca plantada de vides, arquetipo islámico procedente de Asia por su conjunción con el agua y paratas ajardinadas. Durante el período nazarí de Granada, los cármenes son referidos como huertos, con uso de retiro placentero, que a pesar de su limitada extensión no pierde su cariz de explotación agrícola. Desde la expulsión de los moriscos, los carmenes se desarrollan en terrenos libres dejados en los barrios históricos como el Albaicín, hasta llegar el siglo XIX, momento en que comienza la recuperación de esos barrios.

La almunia nazarí del Generalife aún conserva muchos de los
elementos descritos en el Tratado de Agricultura de ibn Luyun,
siendo durante siglos el paradigma en el que se
inspiraron muchos de los cármenes granadinos

Según el "Libro de la Agricultura" o Kitab al-Filaha de ibn Luyun (1282-1349) -traducido por Joaquina Eguaras Ibañez- para elegir la disposición de los jardines, viviendas y casas de labor:

[...] Para emplazamiento de una casa entre jardines, se debe elegir un altozano que facilite su guarda y vigilancia. Se orienta el edificio al mediodía, a la entrada de la finca, y se instala en lo más alto el pozo y la alberca, o mejor que pozo se abre una acequia que corra entre la umbría de árboles y plantas(...).
Esta descripción se ajusta a la estructura del Generalife, el cual, ubicado sobre un collado, se orienta al mediodía para que su disposición se vea favorecida por los rayos del sol, y en este caso a la visibilidad desde las estancias del palacio,  viendo también la alberca y varias acequias, una de las cuales canalizada a través del riat del patio.
Junto a la alberca se plantan macizos que mantengan siempre verdes y alegren la vista. Algo más lejos debe haber cuadros de flores y árboles de hoja perenne. Se rodea la heredad con viñas, y en los paseos que la atraviesan se plantan parrales.

Recientes excavaciones en El Generalife evidencian los indicios de haberse plantado allí, en un foso de  ras algo inferior al de ahora, arbustos enanos de hoja perenne. Tal ves el actual paseo de las Adelfas que desembocaba en las caballerizas debió cubrirse con un techado de parra, ya que su altura se ajusta a la del jinete.
A cierta distancia la viñas, lo que quede de finca se destina a tierra de labor y así prosperará lo que en ella se siembre.
En los límites se plantan higueras y árboles análogos. Todos los grandes frutales deben plantarse en la parte norte, con el fin de que protejan del viento al resto de la heredad. En el centro de la finca debe haber un pabellón dotado de asientos y que de vista a todos lados, pero de tal suerte que el que entre al pabellón pase inadvertido. Será más largo que ancho para que la vista no se fatigue al contemplarlo. El pabellón estará rodeado de rosales trepadores, así como de macizos de arrayán y de toda planta propia de un vergel. En la parte baja se construirá una habitación para los huéspedes que acompañen al propietario. Es conveniente también construir un palomar y una torrecilla habitable. La vivienda debe tener dos puertas, para que quede más protegida y sea mayor el descanso del que la habita [...] 

En efecto, en el crucero del patio de El Generalife, en la intersección del riat, que lo recorre  longitudinalmente, y de dos atarjeas que, en sentido latitudinal, confluían bajo él, una partiendo del mirador de Poniente y otra de los Baños, recientemente descubiertos.


Tras el incendio ocurrido en El Generalife en 1958, al
efectuar las obras de reconstrucción de la nave Este,
aparecieron las señales de un nivel inferior
correspondiente a la primitiva disposición del
patio con jardín de crucero ya que hasta la
fecha la acequia discurría sin interrupción
entre los dos pabellones

La torreta de la galería norte de El Generalife (análogo al de El Partal) sería el palomar u observatorio que sugiere Luyun. Sin embargo, el autor hispanomusulmanes realizó estos escritos en el siglo XVI,  es decir, un siglo después de la edificación de El Generalife, aunque ya existían en Granada planificaciones análogas más antiguas como el Alcázar del Genil,  de origen almohade, lo que parece atestiguar que la descripción de Luyun corresponde más bien a un canon tradicional ya administración en al-Andalus.

Aunque esta torreta fue muy modificada en época
cristiana, las vistas que tendría esta parte del edificio
seguirían siendo impresionantes


El carmen deriva por tanto de la tradicional casa andalusí con patio, que en el Albaicín se convierte en huerto-jardín. Todo el Albaicín se encuentra salpicado de estos carmenes junto a casas más modestas, arrebujadas unas con otras siguiendo el sinuoso trazado de las calles.

En el Monte Sacro de Valparaiso se encuentran numerosos
cármenes y huertas como se conserva en el Archivo de la
Abadía del Sacromonte en documentos del siglo XVI

La estructura urbana de Granada comienza a crecer con la llegada de hispanomusulmanes que eran expulsados de los territorios conquistados por los castellanos. Las casas blancas coronadas de tejados rojizos, manchas vegetales de los íntimos jardines de los cármenes, baños y aljibes, fuentes y mezquitas con sus alminares que caracterizan los elementos más característicos presentes en el urbanismo musulmán.

El callejón sin salida también es un elemento característicos de las medinas granadinas; como muestra del cuidado de la intimidad, las puertas de las fachadas de las casas se proyectan de forma que no se encuentran justo una frente a otra.

Un callejón del Albaicín de Granada; la casa nazarí se
concibe hacia el interior, de ahí que sus fachadas sean
tan austeras y con pocos vanos, como en la imagen

lunes, 22 de enero de 2018

La restauración de Torres Bermejas saca a la luz la estructura original del siglo XIII

Los investigadores han descubiertos restos de decoración del siglo XV en una de las estancias de la torre del homenaje.

La estructura original de Torres Bermejas, del siglo XIII, es el principal descubrimiento que los investigadores han sacado a la luz en las últimas semanas durante el proceso de restauración de la fortaleza, uno de los grandes proyectos que la Alhambra acomete este año con un presupuesto de 1.380.000 euros y se que centra en el baluarte, el antiguo aljibe, los adarves y la plaza de armas . Los restos dan testimonio del origen del castillo, construido bajo el reinado del sultán Muhammad I, y permiten a los expertos abarcar la evolución completa de uno de los más interesantes ejemplos de arquitectura militar que quedan en Granada.

Sin embargo, los hallazgos más importantes han aparecido en las obras que los restauradores están realizando en las torres. Concretamente en la sur, Los trabajos han permitido localizar la estructura original del siglo XIII, conformada por un sistema de almenas, una bóveda y los restos de lo que fue la puerta oeste de la fortaleza. Asimismo los descubrimientos se extienden también a otras épocas del castillo, como la conexión mural de época nazarí así como los restos del tapial reformados tras la conquista de los Reyes Católicos.

Los trabajos realizados en el interior de la torre del homenaje han sacado también a la luz restos de la decoración. Los técnicos han localizado parte de un dibujo elaborado mediante incisiones en uno de los muros, un hallazgo que ha sorprendido a los expertos y que podría aportar información de cómo eran antiguamente las estancias de la fortaleza y la vida de la guarnición.

El artículo completo puedes leerlo en el siguiente enlace IDEAL de GRANADA

domingo, 7 de enero de 2018

Caballeros moros y moriscos en las cortes cristianas

La guardia de moros o moriscos en la corte castellana de Juan II o Enrique IV,
como de la aragonesa de Alfonso III o Pedro IV fue necesaria para proteger
los intereses de estos monarcas por la independencia de los caballeros
que la integraban en los asuntos de los estados castellanos
Acabo de terminar de leer un estudio que cayó en mis manos por casualidad, "Caballeros en la frontera: la guardia morisca de los reyes de Castilla (1410 – 1467)" escrito por Ana Echevarría Arsuaga para la Universidad a Distancia. En él desarrolla profundamente un aspecto poco conocido de la Historia Medieval, como son los caballeros moros y moriscos en las cortes cristianas.

El trasiego de personas e ideas en la frontera nazarí y cristiana fue un fenómeno constante del que se conservan noticias desde el siglo XIII, así como en las crónicas del siglo XV bajo el reinado de Juan II y Enrique IV –por ejemplo, si en el siglo XIII la guardia nazarí copió el estilo del vestuario de los caballeros cristianos, en el siglo XV, la caballería cristiana se vio influida por la moda militar granadina-. La mayor parte pertenecían a importantes linajes granadinos que estaban descontentos con el rey nazarí y que se presentaban en el campamento cristiano para convertirse al cristianismo y ponerse al servicio del rey de Castilla o de Aragón. También había habitantes de la frontera que aprovechaban las algaradas castellanas para convertirse y ofrecer una plaza a cambio de ciertos privilegios y alejar su residencia de la complicada existencia de la frontera. Renegados musulmanes participaban en la conquista de plazas fuertes de la frontera granadina, normalmente aprovechando el asedio de alguna plaza para ayudar a tomarla a cambio de obtener la indulgencia real y de la iglesia, contando más el valor del enemigo que su religión. Para el “traidor”, a pesar de la protección real, no era fácil incorporarse a otra realidad social, desarrollar una nueva identidad e intentar mantener su estatus a la vez que se integraban en las redes de influencia de su grupo adoptivo. Normalmente pasaban a desempeñar funciones de guías, alfaqueques o adalides según su preparación, o incluso sin especificar ningún oficio o utilidad a los cristianos que el mero hecho de convertirse.

“Al Maestre de Santiago se vino un moro de Pruna, e díxole que quería ser cristiano, que lo tornase cristiano e que él le mostraría cómo tomase a Pruna. E al maestre plogo dello, e tornóle cristiano. E fabló lo que le dixo el moro al maestre de Santiago con el maestre de Alcántar (…), e enviáronle al moro, que hera ya cristiano” (Crónica de Juan II)

A partir de la campaña de Antequera se hicieron más comunes las conversiones con tránsfugas granadinos que se integraron en el ejército del infante Fernando, así como en las campañas realizadas por Enrique IV en la vega de Granada, posiblemente coincidiendo en los momentos de mayor penuria. Se hacía cada vez más patente la necesidad de crear una institución que agrupara al grupo de conversos granadinos por lo que se pensó en incorporarlos a una guardia personal a sueldo del rey Juan II de Castilla, sirviendo con mayor efectividad a los intereses del monarca por:

la falta de soldados en el ejército real
la seguridad que ofrecían estos hombres al depender exclusivamente del monarca
en la elevada especialización de algunas tropas en determinados tipos de lucha
la magnitud de este fenómeno de cambios de religión
evitar que formasen una elite militar a la cabeza de los mudéjares que pudiera resultar rebelde

La división de entre las dos facciones enfrentadas por conseguir el favor real de Juan II, por una parte sus primos, los infantes Enrique y Juan de Aragón y el condestable Álvaro de Luna, complicaba la disposición de tropas fieles que protegieran al monarca, generando un complejo entramado de relaciones políticas en el que la disposición de judíos, musulmanes y conversos que generalmente estaban al lado del rey y de Álvaro de Luna creaba inquietud entre algunos sectores. Esta diversidad es la causante de que entre los caballeros unos sean musulmanes y otros conversos, y que la institución aparezca en algunas fuentes como “guardia de moros y moriscos”. De hecho, no todos los caballeros que integraban la guardia morisca buscaban la integración en la corona de Castilla, sino que cruzaban la frontera granadina por las luchas que dividían a los nazaríes, retornando a tierras islámicas tan pronto como la situación política mejoraba.

Esta guardia personal estaba convenientemente organizada en la década de 1420 y además de proteger al rey, le acompañaban en todas las campañas militares que emprendía. En el enorme fresco de la Sala de las Batallas del monasterio del Escorial, realizado a partir de una tela atribuida al florentino Dello Delli, aparecen representados los ejércitos con su característica disposición en haces, y los caballeros moriscos como guardia de Juan II así como un buen número de tropas a la jineta por ambos lados en lo que fue la Batalla de la Higueruela. La guardia morisca estaba capitaneada por algún converso que gozara del favor del rey y con influencia tanto en Granada como en Castilla, con ciertas capacidades jurídicas sobre los caballeros a su cargo e incluso se le permitía dar órdenes al propio escribano de cámara del rey con motivo del juicio a otro caballero, con un rango equiparable a la capitanía de los guardas reales de los Reyes Católicos. El segundo puesto en importancia dentro de la guardia real morisca era el de adalid, que era nombrado directamente por el rey y que estaría especializado en guiar a las tropas, debiendo ser un buen conocedor del terreno fronterizo y de las tácticas militares precisas. Todos los caballeros de la guardia morisca eso sí vestían a la manera granadina por su utilidad en la monta a la jineta, muy apta para el combate y para la cacería.

En cuanto a la edad de sus miembros, la mínima rondaba entre los catorce y los veinticinco años –de hecho, los caballeros moriscos de la primera generación entraron muy jóvenes en servicio-, pero cuando el oficio se hace hereditario la edad puede bajar aún más. Los caballeros moriscos debían manifestar fidelidad incondicional al monarca ante la precaria situación de la corona, de cuya casa formaban parte y de quien recibían sus raciones -el incumplimiento de su juramento de fidelidad al rey redundaba en penas espirituales, penales, la pérdida del oficio y del favor de la corona, así como una posible pena económica- que era como se llamaban a los salarios percibidos que rondaban entre 3.600 y los 5.400 maravedíes de sueldo (comparado a los 1.000 maravedíes que recibía el cabildo de la catedral de Burgos a mediados del siglo XV), así como varas de tela de Ypres para su vestuario, dependiendo claro está del año y del puesto que ocuparan además de la peligrosidad de su cometido.

Es evidente que en esos tiempos de inseguridad, el rey dependió de los criados musulmanes o moriscos haciendo fundamental la inclusión de esta guardia morisca a la hora de hacer frente a las tropas granadinas que acompañaron a Juan de Navarra –fruto del tratado firmado por Mohammed IX y el infante contra Juan II- en el ataque a la ciudad de Cuenca el 25 de febrero de 1449. Posteriormente, durante el reinado de Enrique IV, el papel de los caballeros moriscos como guardia personal del rey se afianzó, acentuando el proceso de patrimonialización que sufrió este cuerpo militar, manteniendo a los mismos hombres que sirvieron a su padre, incluyendo a sus hijos quienes heredaban la posición de sus progenitores bien tras su fallecimiento o por su renuncia justificada al cargo, uno de los privilegios por ser miembro de la casa y corte del rey. Aunque desconocemos el papel que desempeñaban estos hombres en la vida diaria de la corte, imaginamos que acompañarían al rey en las abundantes cacerías en los bosques de Segovia y como parte de su comitiva durante su estancia en dicha ciudad, a juzgar por la magnífica sala de guardia mudéjar de su antiguo palacio de San Antonio el Real (construido en 1455), convertido después en convento franciscano y actualmente en hotel. 

Actualmente, el palacio de San Antonio el Real es un hotel que
conserva excelentes trabajos artesanales de estilo mudéjar,
 muy del gusto de los monarcas castellanos de la casa de Trastámara
 e inspirados en los del reino nazarí de Granada.

El aspecto de la guardia morisca llamaba la atención de los embajadores extranjeros y de la corte y el pueblo, siendo la intención del monarca destacar su supremacía sobre Granada y su reconocimiento, aunque fuera más en la teoría que en la práctica. Por ejemplo, Enrique IV, proporcionó a un caballero morisco el siguiente equipo: un capuz de paño de lana de Londres azul turquí, un pellote, un jubón, un par de calzas y una caperuza de lana fina de Ruán de calidad menor, una adarga cubierta de colorado y verda, un par de borceguíes (botines atados con correas) y un par de zapatos.

En el reino de Aragón por su parte, existía la guardia real o “geneta” durante el siglo XIII, con similares características a la guardia morisca características a las de la guardia morisca castellana, estando constituida por caballeros musulmanes reclutados en Granada o el Magreb. Contamos con el registro de quince caballeros que percibían su salario y sus caballos del rey Alfonso III (1285 – 1291) y cuyo capitán, de nombre Abenadalil, terminó convirtiéndose en miembro vitalicio de la casa real, transmitiendo sus privilegios a su hijo. En el siglo XIV, Pedro IV utilizó a esta guardia real en su provecho durante el corto reinado de Ismail II con el fin de contrarrestar la alianza castellano – granadina y la hostilidad nazarí que le acompañaba, estableciendo lazos diplomáticos con Tremecén y autorizando el regreso a Granada de los caballeros musulmanes a su servicio con la posible intención de derrocar a Ismail II el 13 de julio de 1360  y apoyar a Mohammed VI quien reorientaría la política exterior de Granada a favor de Aragón.

Estos factores de inclusión a través de una profesión de elite que resultaba de especial interés para la corona castellana ayudaron a facilitar una época dorada para los mudéjares de los reinos cristianos aunque también originaron el rechazo de una parte de la sociedad hacia los caballeros moriscos, un movimiento opositor cada vez más fuerte que acarreó la disolución final de la guardia morisca. Estas reacciones contrarias se intensificaron especialmente bajo el reinado de Enrique IV, aunque el incremento del número de caballeros moriscos tuvo lugar bajo el reinado de Juan II de Castilla. Entre 1464 y 1465, el marqués de Villena encabezaba la liga de nobles que amenazaba con una guerra civil entre la nobleza hereditaria y la de nueva creación, siendo el tema de la sucesión al trono Castellano el detonante de la misma, sumado a una crisis económica. Una de las soluciones propuestas por la nobleza en la Sentencia de Medina del Campo del 16 de enero de 1465 era la expulsión de judíos y musulmanes y la confiscación de sus propiedades con el objetivo de pagar el rescate de cautivos cristianos. Ante el creciente peso de los conversos en la sociedad castellana de la época y en los cargos de administración de mayor relevancia, el pueblo y la aristocracia tradicional reclamaban el establecimiento de una inquisición que los examinara.

La actitud de Enrique IV hacia judíos y musulmanes, siendo acusado de islamofilia, no se apartaba demasiado de los cánones de la época. Adicionalmente al rey le gustaba la decoración y las costumbres mudéjares, que no dudaba aplicar en sus palacios y en la vida cotidiana, algo que tampoco distaba de los usos de su dinastía, siendo una estética importante en la corte de su antepasado Pedro I. Sin embargo estas acusaciones tenían como objetivo desprestigiarle a favor de su hermano Alfonso y posteriormente de Isabel la Católica. El hecho de desposeer al rey de su guardia morisca personal se centraba en privarle de uno de sus mejores y más independiente apoyo militar durante la apremiante guerra civil que sacudiría a Castilla en la segunda mitad del siglo XV. Tras la batalla de Olmedo en 1467, donde es muy probable que participara la guardia morisca a favor de Enrique IV, desaparece cualquier mención a este grupo, bien diezmada tras la guerra o disuelta como una concesión del monarca muy a su pesar, aunque también puede tratarse de la final y total asimilación de los caballeros bautizados y de sus descendientes en las esferas de la sociedad castellana ocupadas por los cristianos viejos. Con la conquista de Granada por parte de los Reyes Católicos en 1492, comienza una nueva forma de entender las relaciones entre mudéjares y cristianos, tomándose decisiones más drásticas posteriormente que cambiarían la sociedad de los reinos españoles.

martes, 2 de enero de 2018

Ceremonial del Día de la Toma

Cortejo en salida desde el ayuntamiento de Granada

Desde hace 526 años sin interrupción, cada 2 de enero se conmemora en Granada la Entrega de la ciudad por Boabdil a los Reyes Católicos que tras la celebración de unas honrosas capitulaciones firmadas en el Real de Santa Fe. El 2 de enero de 1492 las tropas de los Reyes Católicos elevaron en la Torre de la Vela el pendón de Santiago y otras dos banderas cristianas de manos del cardenal González de Mendoza y de Don Gutierre de Cárdenas, tremolando y gritando la ciudad el nombre de los ínclitos Reyes y dando origen a esta festividad.

Las claves históricas y rituales de esta celebración son sencillas, pues los actos conmemorativos giran en torno a la tremolación del pendón dado por Fernando el Católico a la Capilla Real para la conmemoración de la fiesta del 2 de enero. Sin embargo, el pendón que se tremola no es el original que portasen los ejércitos cristianos a su entrada en Granada en 1492, pues aunque éste se conserva, está muy deteriorado y permanentemente guardado en el tesoro de la Capilla Real. El que se utiliza es uno similar del siglo XVII realizado en damasco carmesí y en el que figuran las armas de Aragón, Sicilia, León y Castilla.

En el interior de la Catedral se celebra una misa antes de tremolar el pendón

Los actos comienzan temprano en la Capilla Real, con la celebración de una misa a la que asisten las autoridades granadinas, civiles, militares y religiosas en traje de gala, en la que el pendón es entregado por el Capellán Real Mayor al edil más joven del consistorio, vestido a la moda del siglo XIX, con frac y chistera de raso.

En el interior de la capilla delante de los sepulcros de los Reyes Católicos por tres veces se repite la letanía del ritual de la tremolación, tras lo cual, seguido de una comitiva integrada por todas las autoridades, civiles y militares, acompañadas por la banda municipal de música y fuerzas del acuartelamiento militar de la ciudad que dan escolta al pendón, parten en un recorrido que discurre por las calles Oficios, Gran Vía, Reyes Católicos y Plaza del Carmen, hasta el balcón principal del Ayuntamiento, desde donde tiene lugar el acto principal. Estos actos fueron modificados en 1.982 incluyendo los vítores a Andalucía y el himno autonómico.

Balcón del ayuntamiento desde donde se realiza el acto principal

El edil con el pendón pertrechado y descubierta la cabeza grita:
-¡Granada!- grita el edil ante lo cual responde le pueblo congregado -¿Qué?
Tres veces se repite la misma pregunta y tres veces contestan los granadinos, y a continuación el edil, dice:
-Por los ínclitos Reyes Católicos D. Fernando V de Aragón y Dª Isabel I de Castilla, ¡Viva España!
Contestan los granadinos:
-¡Viva!
Vocifera nuevamente el edil:
-¡Viva el rey!
Los granadinos:
-¡Viva!
El edil:
-¡Viva Andalucía!
Los granadinos:
-¡Viva!
El edil:
-¡Viva Granada!
Los granadinos:
-¡Viva!

A continuación el edil flamea el pendón a los sones del himno nacional acompañado de un sonoro aplauso del gentío. Tras los sones de la Marcha Real, se vuelve a repetir por dos veces más todo el ritual, concluyendo el tercero con la interpretación del himno de Andalucía.




Finalizada la tremolación, las tropas de escolta desfilan bajo el mismo rindiéndole honor, quedando el pendón por el resto del día expuesto en el balcón consistorial custodiado por soldados del destacamento militar de Granada, siendo arriado al final de la jornada.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Bab Qastar o Puerta de Castro

Los arqueólogos tenían constancia histórica de la presencia de una entrada
a la ciudad en este lugar aunque no esperaban encontrar ningún resto
En la Alcazaba Qadima se construyó una puerta de acceso que constituye un gran ejemplo de este tipo de arquitectura en época taifa. En el período nazarí se llamó puerta del Castro o Bab Qastar aunque en el siglo XVI pasó a ser conocida como portillo de San Nicolás o puerta de Hernán Román, como es más conocida en los libros. Fue en 1752 cuando se erigió en su interior la ermita de San Cecilio.

Hernán Román fue un supuesto propietario de unos huertos cercanos a
esta puerta durante la primera mitad del siglo XVI, aunque otra hipótesis dicen
 que este nombre es una corrupción de la expresión
Hisn al-rumman o "Fortaleza de los granados"

La puerta del Castro, construida con  sillares a soga y tizón al estilo califal, se abrió entre gruesas torres que flanqueaban un arco de medio punto muy esbelto (de casi 6,5 metros de altura)  y su interior estaba cubierto por una bóveda semicilíndrica de piedra de la Malaha, así como las paredes interiores y algunas esquinas. Daba acceso a la ciudad por el norte aunque dejó de utilizarse tras la conquista y en los años previos su uso era residual, más como un portillo que una puerta.

La puerta se abre entre dos gruesas torres de
argamasa de cal con cantos rodados en su interior

sábado, 23 de diciembre de 2017

Estanque de naumaquias del Alcázar del Genil

El acceso a los restos arqueológicos del estanque del Alcázar del Genil que fueron descubiertos durante las obras del Metropolitano de Granada están abiertos al público de forma gratuita en el interior de la parada del mismo nombre, aunque sujeto a horario (cierran al medio día).