Casa Morisca: una huella nazarí en el barrio de Axares
En Granada hay casas que pasan desapercibidas entre las calles y cuestas de la ciudad, pero que, cuando conocemos su historia, empiezan a mirarse de otra manera. Es el caso de la Casa de la Cuesta de la Victoria, número 9, en el antiguo barrio de Axares, hoy conocida como hotel Casa Morisca. Tiene más de cinco siglos de historia y, según los estudios realizados durante su rehabilitación, sus orígenes podrían estar en los últimos años del reino nazarí.
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| El propietario del hotel "Casa Morisca" es el arquitecto que ha dirigido las obras de rehabilitación, y según dice, los inicios de la construcción podrían remontarse al final del período nazarí |
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| Su sala baja conserva una portada de yeso típica de la tradición nazarí, con arco angrelado, tres ventanitas con celosías encima y cenefas epigráficas alrededor |
No estamos, por tanto, ante un gran palacio ni ante un edificio monumental, sino ante algo quizá todavía más interesante: una casa pensada para ser habitada.
Y es precisamente su arquitectura la que nos permite acercarnos a esa Granada cotidiana, pues la vivienda se organiza alrededor de un patio rectangular, el verdadero corazón de la casa. Alrededor de él se disponen las distintas estancias, galerías y pórticos, creando ese espacio interior tan característico de la arquitectura doméstica granadina.
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| En el patio se conserva incluso una antigua alberca que, según el propietario, apareció durante las obras de rehabilitación |
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| Yeserías del patio |
La casa se desarrolla alrededor de un patio rectangular de 27,4 metros cuadrados, con crujías en tres de sus lados -este, sur y oeste- y porticos y galerías en los cuatro. Apoyan aquéllos sobre pilastras de ladrillo de frente ochavado, pilares octogonales del mismo material y columnas toscanas de piedra de Sierra Elvira. Sobre estos soportes hay zapatas con diseño de tres lóbulos en el lateral oeste. Las otras son de acanto o de cartelas. Las galerías de los pisos altos se estructuran con pies derechos y zapatas, rematándose con un alero de canecillos.
Sin embargo, lo más especial se encuentra en la crujía occidental, donde conserva una portada de yeso de tradición nazarí, con un arco angrelado, pequeñas ventanas con celosías y decoración epigráfica. El interior conserva además magníficos ejemplos de la tradición constructiva granadina: en la planta baja, un alfarje de madera agramilado de cintas y saetinos, con policromía de cenefa vegetal y, en la superior, una armadura de par y nudillo con decoración pintada e inscripciones.
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| En la planta baja se conserva una portada de yeso de tradición nazarí, con arco angrelado, pequeñas ventanas con celosías y cenefas epigráficas |
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| Taqa en el arco de acceso a la sala principal de la planta baja de la casa |
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| Es fácil imaginar que tras aquella puerta se encontraba una de las estancias principales de la casa |
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| Detalle decorativo de los arcos |
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| Espacio interior de la planta baja |
También se encontró una tinaja enterrada bajo uno de los pórticos, un detalle sencillo pero muy revelador de la importancia que tenían el agua y su almacenamiento en la vida cotidiana.
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| Otro de los espacios singulares es el semisótano abovedado, antiguamente utilizado como almacén, que se abre desde el patio y que hoy forma parte de las instalaciones del pequeño hotel |
La casa, naturalmente, no permaneció congelada en el tiempo. Fue transformándose con sus habitantes y con los cambios de la ciudad. Algunas intervenciones de época moderna y del siglo XIX alteraron su aspecto original. Durante la reciente rehabilitación se eliminaron incluso algunos elementos decorativos añadidos a finales del XIX que imitaban una tradición que no correspondía con los modelos antiguos.
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| La fachada estuvo coronada antiguamente por un torreón, que fue desmontado a finales del siglo XIX según los estudios realizados durante la restauración |
Uno de los detalles más curiosos está en la fachada. Según los estudios realizados durante la restauración, la casa estuvo coronada antiguamente por un torreón, que fue desmontado a finales del siglo XIX y que ha vuelto a reconstruirse.
Todo esto convierte a la Casa Morisca en mucho más que un edificio antiguo. Es una casa que ha visto cambiar Granada durante siglos y que conserva, mezcladas entre reformas, añadidos y restauraciones, las huellas de distintas épocas. Una pequeña casa en la Cuesta de la Victoria que, después de más de quinientos años, todavía guarda algo de aquella ciudad que fue la última capital de al-Andalus.
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| Esta casa no nos habla solamente de la Granada monumental de la Alhambra, sino de aquella otra Granada de patios, casas, agua, madera, yeserías y vida cotidiana |


















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