Casa Morisca: una huella nazarí en el barrio de Axares

En el barrio de Axares, entre el Darro y las 
laderas de la Alhambra, esta casa conserva así
una pequeña pero valiosa memoria de aquella
Granada nazarí que no desapareció de un día
para otro, sino que siguió viviendo, transformándose
 y dejando su huella en la ciudad durante siglos

En Granada hay casas que pasan desapercibidas entre las calles y cuestas de la ciudad, pero que, cuando conocemos su historia, empiezan a mirarse de otra manera. Es el caso de la Casa de la Cuesta de la Victoria, número 9, en el antiguo barrio de Axares, hoy conocida como hotel Casa Morisca. Tiene más de cinco siglos de historia y, según los estudios realizados durante su rehabilitación, sus orígenes podrían estar en los últimos años del reino nazarí. 

El propietario del hotel "Casa Morisca" es
el arquitecto que ha dirigido las obras de
rehabilitación, y según dice, los inicios
de la construcción podrían remontarse
al final del período nazarí

Su sala baja conserva una portada de yeso típica
de la tradición nazarí, con arco angrelado, tres
ventanitas con celosías encima y cenefas
epigráficas alrededor

Más allá de saber si algunos de sus elementos
pertenecen realmente a los últimos años del reino
 nazarí —algo que requiere siempre cierta
cautela—, la Casa Morisca de la Cuesta de la
Victoria resulta fascinante porque permite
acercarse a una realidad que a menudo queda
oculta tras los grandes monumentos: la
arquitectura doméstica de la Granada islámica
 y de la Granada que heredó y
transformó sus formas

Durante las recientes obras se han desmontado
yeserías y un zócalo de azulejos, elementos
colocados a ambos lados de la portada antigua a
fines del siglo XIX que carecen de interés y
causan confusión, ya que no se ajusta a
los modelos tradicionales nazaríes 

No estamos, por tanto, ante un gran palacio ni ante un edificio monumental, sino ante algo quizá todavía más interesante: una casa pensada para ser habitada.

Y es precisamente su arquitectura la que nos permite acercarnos a esa Granada cotidiana, pues la vivienda se organiza alrededor de un patio rectangular, el verdadero corazón de la casa. Alrededor de él se disponen las distintas estancias, galerías y pórticos, creando ese espacio interior tan característico de la arquitectura doméstica granadina. 

En el patio se conserva incluso una antigua alberca
 que, según el propietario, apareció durante las
obras de rehabilitación

Yeserías del patio


La casa se desarrolla alrededor de un patio rectangular de 27,4 metros cuadrados, con crujías en tres de sus lados -este, sur y oeste- y porticos y galerías en los cuatro. Apoyan aquéllos sobre pilastras de ladrillo de frente ochavado, pilares octogonales del mismo material y columnas toscanas de piedra de Sierra Elvira. Sobre estos soportes hay zapatas con diseño de tres lóbulos en el lateral oeste. Las otras son de acanto o de cartelas. Las galerías de los pisos altos se estructuran con pies derechos y zapatas, rematándose con un alero de canecillos.

Sin embargo, lo más especial se encuentra en la crujía occidental, donde conserva una portada de yeso de tradición nazarí, con un arco angrelado, pequeñas ventanas con celosías y decoración epigráfica. El interior conserva además magníficos ejemplos de la tradición constructiva granadina: en la planta baja, un alfarje de madera agramilado de cintas y saetinos, con policromía de cenefa vegetal y, en la superior, una armadura de par y nudillo con decoración pintada e inscripciones.

En la planta baja se conserva una portada de yeso
de tradición nazarí, con arco angrelado, pequeñas
 ventanas con celosías y cenefas epigráficas

Taqa en el arco de acceso a la sala principal 
de la planta baja de la casa

Es fácil imaginar que tras aquella puerta se
encontraba una de las estancias principales
de la casa
Detalle decorativo de los arcos

Espacio interior de la planta baja

También se encontró una tinaja enterrada bajo uno de los pórticos, un detalle sencillo pero muy revelador de la importancia que tenían el agua y su almacenamiento en la vida cotidiana.

Otro de los espacios singulares es el semisótano
abovedado, antiguamente utilizado como almacén,
que se abre desde el patio y que hoy forma parte
de las instalaciones del pequeño hotel

No se conoce la ubicación de la escalera original de
la casa y, el acceso a la segunda planta se realizaba,
 hasta las últimas obras de rehabilitación, por una
escalera que ocupaba una de las alhanías de la sala
de planta alta, pero ahora se sube a través de las
galerías, con pequeños tramos rectos de escaleras

La casa, naturalmente, no permaneció congelada en el tiempo. Fue transformándose con sus habitantes y con los cambios de la ciudad. Algunas intervenciones de época moderna y del siglo XIX alteraron su aspecto original. Durante la reciente rehabilitación se eliminaron incluso algunos elementos decorativos añadidos a finales del XIX que imitaban una tradición que no correspondía con los modelos antiguos.

La fachada estuvo coronada antiguamente por un 
torreón, que fue desmontado a finales del siglo 
XIX según los estudios realizados durante
 la restauración

Uno de los detalles más curiosos está en la fachada. Según los estudios realizados durante la restauración, la casa estuvo coronada antiguamente por un torreón, que fue desmontado a finales del siglo XIX y que ha vuelto a reconstruirse.

Todo esto convierte a la Casa Morisca en mucho más que un edificio antiguo. Es una casa que ha visto cambiar Granada durante siglos y que conserva, mezcladas entre reformas, añadidos y restauraciones, las huellas de distintas épocas. Una pequeña casa en la Cuesta de la Victoria que, después de más de quinientos años, todavía guarda algo de aquella ciudad que fue la última capital de al-Andalus.

Esta casa no nos habla solamente de la Granada
monumental de la Alhambra, sino de aquella otra
Granada de patios, casas, agua, madera,
yeserías y vida cotidiana

Comentarios

Entradas populares

El legado nazarí por el mundo