La batalla de las Navas de Tolosa: el gérmen del reino nazarí

Calle de la ciudad de Madrid con el nombre
de las Navas de Tolosa

A principios del siglo XIII el mundo mediterráneo está plagado de conflicos que van más allá del enfrentamiento entre cristianos y musulmanes en España y Tierra Santa. En este mundo en el que la religión impregna todas las facetas de la vida, el conflicto tiene siempre tintes religiosos. Así, vemos a los papas luchar con los reyes cristianos y los emperadores del Sacro Imperio Romano por la primacía política de la Cristiandad; vemos al catolicismo romano disputar el liderazgo de la iglesia universal a la ortodoxia bizantina; vemos a los herejes cátaros o valdenses discutir a la iglesia romana su monopolio como intérprete única de la doctrina de Cristo. Bajo este retablo de conflictos bulle un mundo de contrastes en el que la superstición, la guerra, la servidumbre y la escasez conviven con el crecimiento demográfico, los primeros pasos del renacer del pensamiento clásico y la intensificación del comercio.

Estas piezas metálicas o apliques de latón se usaban de adorno sobre muebles o sobre el cuero de cinturones o tahalíes, a los que se fijaban y es frecuente encontrarlas en los yacimientos 
de Alarcos y de Navas de Tolosa (Museo de Ciudad Real)


Tras la victoria almohade en Alarcos el 19 de julio de 1195 por el caudillo Jacub Almanzor o  Abū Ya'qūb Yūsuf al-Mansūr (Yusuf II), el ejército musulmán tomaron ciudades y fortalezas, quemaron aldeas, alquerías y almunias, mataron y cautivaron a muchos cristianos y regresaron a Sevilla para desfilar triunfantes mostrando sus armas y tesoros conquistados a los temibles cristianos en una batalla memorable.

Tras la muerte de Jacub Almanzor, su hijo Mohammed an-Nasir le sucedió, a quien llamaron "El Verde" porque usaba turbantes y albornoces de ese color y conocido con el sobrenombre de Miramamolín en tierras cristianas, deformación del título árabe Amir al-Mu'minin o Príncipe de los Creyentes. 

Se encontraba en Marruecos cuando recibió la noticia de que los cristianos se estaban rehaciendo y que habían arrasado Vílchez, Úbeda y Baeza y tomado Salvatierra. Tras su humillación en Alarcos, Alfonso VIII había vuelto a levantar cabeza. El nuevo emir reunió un ejército para cruzar el Estrecho.

Alfonso VIII nació en Soria (donde se encuentra
esta escultura) en 1155 derrotó a los almohades
en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212

Cuando el rey cristiano supo qué ejército almohade  venía a plantarle cara, lo primero que hizo fue enviar al obispo de Segovia para informar al Papa Inocencio III de la situación, quien predica una cruzada contra el Islam para hacer frente al califa almohade Mohammed an-Nasir quien había declarado la yihad o guerra santa.

Numerosos soldados y caballeros cristianos procedentes de Castilla, Aragón, Francia, Italia y Alemania se reunieron en Toledo, atravesaron la meseta y se asomaron al puerto de Almuradiel. Exploraron detenidamente los escabrosos terrenos de las serranías y descubrieron el lugar donde estaba acampado el ejército musulmán. Se acercaron despues al paso de la Losa que estaba también defendido por un contingente de musulmanes.

Los cristianos estaban en apuros, hundidos en angosturas donde ni siguiera podían montar sus caballos, la mejor fuerza con que contaban. En ese crítico momento apareció un pastor que conocía el terreno y les guió por los senderos por los que podrían salir a campo abierto. Siguiendo sus indicaciones, el ejército cristiano abandonó Castro Ferral hacia Navas de Tolosa.

A la entrada de la actual Andalucía había dos castillos, Molosa y Tolosa, que daban salida a los pasos de montaña y guardaban las rutas hacia el sur. Los almohades estaban defendiendo el paso de la Losa cuando descubrieron que los cristianos habían plantado sus tiendas en las llanuras cercanas a las Navas de Tolosa y los musulmanes acudieron inmediatamente a los lugares cercanos y la tienda de an-Ansir, de terciopelo carmesí bordada con perlas y franjas de púrpura y flecos de oro, colocada en un cerro que lo dominaba todo.

Ubicación de Las Navas de Tolosa en un mapa


Era el lunes 16 de julio del año 1212 de la era cristiana y las Navas de Tolosa iba a convertirse en el escenario de una batalla de proporciones gigantescas en tierras giennenses que sería conocida como por los andalusíes como "batalla de la Cuesta" y por los cristianos de la época como "batalla de Úbeda".

Alfonso VIII mandó que se diera un pregón anunciando la inminente batalla. A continuación Alfonso se reunió con sus nobles para distribuir los cuerpos del ejército y asignar a cada uno su lugar en la batalla, encargando al catalán Dalmau de Crexel que ordenara a los hombres y asignara terrenos de lucha y funciones. 

Las dos primeras puntas de lanza fueron hallados entre los
restos de la Batalla de Alarcos (1195) mientras que la
tercera está vinculada con el asedio de Calatrava La Vieja
por tropas cristianas, en su marcha a Navas de Tolosa en 1212
(Museo Arqueológico Nacional, Madrid)




Las tropas cristianas formaron cuatro divisiones: una la mandaría Don Diego López de Haro, otra el rey de Navarra Don Sancho, otra el rey de Aragón y otra el rey de Castilla. Las tres primeras formarían la línea de ataque y la cuarta, mandada por el propio Alfonso, quedaría en retaguardia como reserva.

A su vez, los musulmanes distribuyeron el ejército en cinco divisiones, formadas en media luna. La vanguardia la componían los Zenetes, los Masamudes, Zanhegas y los Gomeres. Los voluntarios almohade  iban en los extremos tremolando sus pendones y los hispanomusulmanes quedaron en la retaguardia. Detrás de los andalusíes se colocaron tres mil hombres montados en camellos perfectamente alineados. Y detrás de todos se hizo un gran círculo con diez mil negros amarrados con cadenas por los pies para evitar que huyesen y en el centro de ellos sobresalía la tienda del Miramamolín.

Esta obra del pintor español Francisco de Paula Van Halen
representa la Batalla de las Navas de Tolosa y se conserva
y exhibe en el  Palacio del Senado en Madrid

Cuando un tenue rayo de sol iluminó las praderas cercanas al castillo de Tolosa, encontró ya alineados a los dos ejércitos, frente a frente, listos para pelear hasta la muerte. Los atabales y las trompetas sonaron en ambos bandos anunciando la inminente batalla. Ambos ejércitos se acometieron con una fiereza infinita mientras una espesa nube de polvo, sudor y sangre invadió el campo de batalla.

Pendón de Madrid con un oso pintado que portaban
en la batalla de las Navas de Tolosa


Reproducción en el
Museo del Ejército de Toledo
de un jinete de Caballería Pesada
Cristiana del siglo XIII

La caballería fue el arma más completa y contundente de los ejércitos cristianos peninsulares. Los jinetes portaban espadas rectas de doble filo y largas lanzas con las que cargaban sobre el adversario, empleando para su defensa escudos alargados, cascos metálicos, protecciones de cuero escuchadas y mallas de anillas entrelazadas para resguardar las diferentes partes del cuerpo. A partir del siglo XIII, y por la influencia continental, el perfeccionamiento de estos equipos dará lugar a una caballería acorazada que culminará con la aparición, en el siglo XIV, de las pesadas armaduras de placas metálicas y los primeros elementos de arnés. Por su parte, la infantería jugó un papel militar menor que el de la caballería, aunque también se ve afectada por las mejoras en el armamento ofensivo, al perfeccionarse el uso de artefactos como la ballesta con la aparición, en el siglo XV, de una gran variedad de tipos de alabarda y sobre todo, las primeras armas de fuego individuales: las espingarda has o cañones de mano.


Esta miniatura de tropas
cristianas y musulmanas
del siglo XIII

Dos fueron las principales clases de montar desarrolladas en el medievo hispano. Conocidas como a la brida y a la jineta, ambas respondían a dos concepciones opuestas que conllevaron adaptaciones de los arreos del armamento y equipamiento del jinete, así como de los sistemas de combate medievales. En la monta a la brida, los caballeros cabalgaban con las piernas extendidas lo que si bien les estaba movilidad sobre la silla facilitaba su sujeción, factores que hicieron que fuese idónea para las cargas de caballería pesada. En la monta a jineta, documentada desde el siglo X, el jinete llevaba las piernas ligeramente dobladas por lo que resultaba indispensable la utilización de estribos cortos que proporcionaban una mayor movilidad sobre la silla y una monta más ágil y veloz. Esto condiciona un equipamiento ligero sobre para el jinete, armado con lanza y adarga bivalva, y un tipo de combate en el que no tienen lugar las formaciones ni las cargas de la caballería pesada.

Al principio la batalla había tenido alternativas, con la iniciativa almohade, seguido de un gesto de arrojo de Alfonso VIII y del ejército cristiano, sin embargo los andalusíes desertaron y las llanuras cercanas a Navas de Tolosa fueron un campo de muerte para el ejército musulmán. El campamento musulmán fue literalmente acuchillado, los soldados plebeyos, los escuderos y donceles cristianos se dedicaron a saquear las tiendas de los enemigos y a degollar a los fugitivos.

Estas puntas de proyectiles de ballesta y jabalina
proceden del campo de batalla de Las Navas de Tolosa (Jaén)
y se exponen en el Museo del Ejército de Toledo


Miramamolín tomó un caballo y llegó a Baeza, deseando volver a sus tierras africanas. Consiguió regresar a Marrakech, se olvidó de sus funciones reales, se escondió en su alcázar y dedicó el resto de su vida a vivir rodeado de sus mujeres y dado a todos los placeres hasta que poco después fue envenenado, dejando en su reino, derrota y desastres. Poco después moriría el bravo Alfonso VIII, uno de los reyes que más han sido exaltados en la historia de España.

Monasterio de las Huelgas en Burgos, construido por Alfonso VIII como panteón real, en cuyo atrio se cree que fueron enterrados  muchos de los caballeros cristianos caídos en
la batalla de las Navas de Tolosa


La victoria de los ejércitos cristianos cambia el destino de la España musulmana, pues debilita profundamente a los almohades, hasta el punto que tras ella el imperio almohade se desintegra como un gigante de pies de barro.

La derrota de los almohade en las Navas de Tolosa en el año 1212 rompió la unidad de la comunidad islámica o ´Umma en el sur de la Península Ibérica. En ese momento de convulsión política, la población musulmana necesita ser protegida y buscar unos referentes. Por su parte los reinos cristianos tenían unas favorables circunstancias que auguraban que la conquista de los territorios peninsulares bajo dominación islámica no perdurarían más allá del siglo XIII. Sin embargo los conflictos dinásticos y sociales descartó esta hipótesis.

Tras algunos vaivenes Fernando III el Santo ocupa el trono en 1217, hijo de Doña Berenguela que decidió continuar las campañas de conquista por Jaén, Loja, Alcaudete, Baeza y hasta las mismas puertas de Granada. Después de que el Valle del Guadalquivir se incorporara al Reino de Castilla, se inició otro período de turbulencias entre musulmanes y cristianos que permitió que el Reino de Granada se acantonase aunque como tributario del reino de Castilla, estableciéndose una frontera natural y política con el Reino Nazarí de Granada.


El Reino de Granada puede considerarse el quinto reino de la Península
Ibérica en la Baja Edad Media -junto con el Reino de Castilla, el Reino de
Navarra, el Reino de Aragón y el Reino de Portugal- con una esencial
diferencia con los demás, el de ser un Estado de confesión religiosa
distinta: el Islam, constituyendo la última formación política del
Islam en la Península


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