Torre de Barbas


A diferencia de otras torres de la Alhambra,
 la torre de la Barba no se conservó íntegra y,
 tras siglos de transformaciones y abandono,
 solo quedaron restos de su macizo original,
 suficientes para su identificación arqueológica

Entre los numerosos testimonios que documentan la evolución arquitectónica de la Alhambra tras la conquista cristiana de Granada, el llamado Memorial de Orea constituye una fuente de primer orden para conocer estructuras hoy desaparecidas o profundamente transformadas. En este contexto, resulta especialmente significativa la mención a la denominada torre de la Barba o Torre de Barbas, una construcción situada en el sector occidental del recinto, inmediatamente anterior a la torre de la Justicia, uno de los accesos monumentales más emblemáticos del conjunto nazarí.

La torre de la Barba, citada en dicho memorial, formaba parte del sistema defensivo que protegía el acceso principal a la ciudad palatina. Su emplazamiento, justo antes de la torre de la Justicia, sugiere una función de control y refuerzo del ingreso, posiblemente vinculada a un antemuro o a un macizo fortificado que obligaba a un recorrido quebrado, típico de la arquitectura militar islámica. Este tipo de disposición permitía ralentizar el paso y facilitar la defensa en caso de ataque.


La cercanía de la torre de la Barba a la Puerta de la
Justicia
subraya su papel estratégico como elemento
defensivo y simbólico que preparaba y reforzaba
el acceso monumental al recinto
palatino de la Alhambra

Sin embargo, a diferencia de otras torres conservadas, la torre de la Barba no ha llegado íntegra hasta la actualidad. Con el paso de los siglos, las transformaciones urbanas, los cambios en las necesidades defensivas y el progresivo abandono de ciertas áreas del recinto provocaron la pérdida de gran parte de su estructura original. De ella apenas subsistían restos del macizo sobre el que se alzaba, suficientes, no obstante, para permitir su identificación arqueológica.

Fue precisamente sobre esos vestigios sobre los que se llevó a cabo una reconstrucción en 1933, en el marco de las intervenciones impulsadas durante el primer tercio del siglo XX para consolidar y ordenar el acceso monumental a la Alhambra. Estas actuaciones, guiadas por los criterios restauradores de la época, buscaban recuperar la lectura espacial del conjunto, aun cuando ello implicara reconstrucciones parciales basadas en restos materiales y referencias documentales, como las proporcionadas por el Memorial de Orea.

La proximidad inmediata de la torre de la Barba a la torre de la Justicia refuerza su importancia estratégica y simbólica. La torre de la Justicia, con su imponente arco y su rica decoración, funcionaba no solo como acceso, sino también como afirmación de poder y orden. La torre precedente actuaba, por tanto, como un elemento preparatorio, un umbral defensivo y visual que intensificaba la experiencia del ingreso al recinto palatino.

Aunque la torre de la Barba no conserve su
aspecto original nos recuerda que fue una
pieza clave en el sistema defensivo de
La Alhambra de Granada

Hoy, aunque la torre de la Barba no conserve su fisonomía original del siglo XVI, su mención en el Memorial de Orea y la reconstrucción de su macizo permiten reconocerla como una pieza clave en la comprensión del sistema defensivo occidental de la Alhambra. Su estudio pone de relieve la importancia de las fuentes documentales para reconstruir la historia de los espacios desaparecidos y subraya cómo la Alhambra es, más que un monumento estático, el resultado de siglos de transformaciones, pérdidas y reinterpretaciones.

Así, la torre de la Barba se erige —aunque sea de manera fragmentaria— como testimonio de una Alhambra en mutación, donde la memoria escrita y la intervención arquitectónica dialogan para mantener viva la compleja historia del recinto nazarí.

Junto al pilar dedicado al escritor norteamericano 
Washington Irving se encuentra la conocida como
Torre de Barbas, en la muralla exterior
de La Alhambra 

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