Jardín nazarí: rosa
En al-Ándalus, Ward. Desde China, pasando por Oriente Próximo, los rosales de origen silvestre fueron injertados hasta lograr una gran variedad de flores dobles. La Rosa gallica L. (“rosa roja”), la Rosa damascena Mill. (“rosa de Alejandría”) y la Rosa alba L. (“rosa blanca”) fueron algunas de las más cultivadas. Es una de las flores que más inspiró a los poetas andalusíes. El “calendario de Córdoba” recoge que con ella se elaboraban numerosos productos médico-cosméticos, como jarabes, aceites y agua perfumada.
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| Rosa fotografiada en el Paque de Mohammed I, en Madrid, en octubre de 2020 |
El género Rosa reúne una gran variedad de especies de arbustos, generalmente espinosos y de hoja caduca, aunque algunas mantienen sus hojas durante todo el año. Su principal atractivo son sus flores, que pueden presentar una amplia gama de colores y formas. Entre ellas encontramos las llamadas rosas antiguas, variedades que llegaron a Europa occidental antes del siglo XVII. Suelen tener flores más pequeñas y una floración corta, pero destacan por la intensidad de su perfume. A partir de 1867, con la aparición de la rosa híbrida de té, comenzó una nueva etapa: la de las rosas modernas, resultado de la selección y cultivo de nuevas variedades que transformarían el mundo de la jardinería.
Sobre la R. x damascena, Al-Tignari (s. XI-XII) señaló que “sus pétalos, frescos o secos, sus peciolos, así como su aceite y, sobre todo, el agua de rosas, tienen múltiples usos en medicina, cosmética y perfumería”.



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