El barrio de Abulaci
Granada islámica se organizaba en una compleja red de barrios y arrabales que daban forma a una ciudad viva, diversa y en constante transformación. Lindando por levante con el arrabal de Bib-Almazdáa —que ocupaba el espacio correspondiente a las actuales calles de Capuchinas, Pescadería, Lucena, Franceses, Horno de Marina y San Jerónimo— se extendía el barrio de Abulaci, uno de los enclaves más significativos del núcleo urbano nazarí por su ubicación y su proyección.
El barrio de Abulaci se desarrollaba desde la Mezquita Aljama de Granada, centro religioso y simbólico de la ciudad —situada donde hoy se alza el templo del Sagrario— hasta la Fondac-al-Ginuyin, conocida como la Alhóndiga de los Genoveses. Este edificio, dedicado al comercio y al alojamiento de mercaderes, ocupaba el solar donde posteriormente se construiría la Cárcel Baja, lo que subraya la continuidad funcional del espacio como lugar de control, intercambio y administración.
El barrio tomó su nombre del prócer musulmán Abul-Aasi, figura destacada que dejó una profunda huella en este sector de la ciudad. Como era habitual entre las élites urbanas andalusíes, Abul-Aasi impulsó diversas obras de carácter público y religioso, contribuyendo al prestigio y al desarrollo del barrio. Entre las construcciones que promovió se encontraba un baño público, elemento fundamental de la vida urbana medieval pues el baño no solo cumplía una función higiénica, sino también social y comunitaria, convirtiéndose en un punto de encuentro para los vecinos. Aunque las edificaciones del barrio de Abulaci desaparecieron o se transformaron tras la conquista cristiana, su recuerdo no se perdió por completo. El Baño de Aboláz conservó durante siglos el eco del antiguo baño público impulsado por Abul-Aasi, convirtiéndose en un ejemplo claro de cómo los topónimos actúan como auténticos fósiles urbanos. Este nombre, transmitido a lo largo del tiempo, es testimonio de la continuidad histórica y urbana de Granada, una ciudad que, pese a los cambios políticos y religiosos, mantuvo viva la memoria de su pasado islámico en el lenguaje y en el trazado de sus calles.
El barrio de Abulaci ilustra cómo la Granada medieval se fue construyendo por superposición de usos, edificios y significados. Bajo los espacios de la ciudad moderna se esconden capas de historia que explican su forma y su identidad actuales.
Recuperar la memoria de barrios como Abulaci no solo permite comprender mejor la Granada nazarí, sino también reconocer que la ciudad contemporánea es heredera directa de aquel entramado urbano islámico que aún late, silencioso, bajo sus plazas y calles.


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