El plomo invisible de las columnas de la Alhambra

Entre los detalles menos visibles pero más
reveladores del Patio de los Leones se encuentran
unas discretas placas de plomo integradas
 en sus columnas

El Patio de los Leones, uno de los espacios más emblemáticos de la Alhambra, sigue revelando secretos que no siempre se perciben a simple vista. Entre los detalles menos visibles pero más reveladores del Patio de los Leones se encuentran unas discretas placas de plomo integradas en sus columnas. Su presencia no responde a un mero recurso constructivo, sino a una función esencial: dotar a la estructura de una mayor flexibilidad frente a los movimientos sísmicos, permitiendo que el conjunto se adapte y resista mejor el paso del tiempo y de los terremotos que han sacudido Granada a lo largo de los siglos.

Estas láminas, entre la base del capitel y la columna,
 permiten una correcta transmisión de las cargas y
han favorecido el buen comportamiento del
conjunto frente a los terremotos

Según la profesora de la Universidad de Granada y doctora María Paz Sáez, autora de la tesis Estudio de elementos arquitectónicos y composición de materiales del Patio de los Leones. Interacciones en sus causas de deterioro, el origen de estas planchas de plomo es, a día de hoy, desconocido. No se trata de un recurso utilizado de manera generalizada en la arquitectura histórica, lo que refuerza su carácter singular dentro del conjunto nazarí.

Estas láminas cumplen una función muy concreta en el comportamiento estructural del patio, relacionada con la correcta transmisión de cargas y la capacidad de adaptación ante movimientos sísmicos. Sin embargo, pese a su eficacia, no existen datos documentales que permitan afirmar con certeza cuándo fueron colocadas ni por quién.

La posibilidad de que se trate de un elemento
 original de época nazarí no puede descartarse,
 pero tampoco confirmarse

La ausencia de pruebas concluyentes que indiquen que fueron colocadas por alarifes nazaríes obliga a mantener una postura prudente, apoyada únicamente en el análisis material y constructivo. Este tipo de incógnitas pone de relieve la complejidad de la Alhambra y la necesidad de seguir investigando sus sistemas constructivos, pues cada hallazgo, por pequeño que parezca, contribuye a una comprensión más profunda de este monumento excepcional.

Sin embargo, María Paz Sáez descarta la idea de que los alarifes musulmanes tuvieran un conocimiento excepcional sobre prevención sísmica o sobre los beneficios del llamado “conglomerado Alhambra”, más allá del saber común a otras culturas constructivas de la época. Y aun así, resulta difícil no asombrarse ante el hecho de que monumentos levantados hace siglos, con medios aparentemente limitados, sigan en pie tras innumerables sacudidas de la historia y de la tierra.

Todo ello subraya la importancia de los estudios científicos aplicados al patrimonio. Tal vez, comprendiendo mejor cómo se construyó la Alhambra, podamos empezar a desentrañar muchos de los misterios que aún hoy se ocultan entre sus columnas.

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