La salida de la familia de Boabdil, pintado en 1880 por Manuel Gómez-Moreno González


La salida de la familia de Boabdil (1880), de Manuel
Gómez-Moreno González, es una gran pintura histórica
con rasgos costumbristas que recrea con detalle la
marcha de Boabdil y su familia, y hoy se conserva
 en el Museo de Bellas Artes de Granada,
 en el Palacio de Carlos V


La imagen de Aixa, madre de Boabdil, ha llegado hasta nosotros convertida casi en un símbolo. La tradición la presenta como una mujer fuerte, orgullosa y decidida, frente a un Boabdil dubitativo y débil. Los supuestos reproches de la madre al hijo tras la pérdida de Granada terminaron formando parte de la leyenda y del imaginario romántico sobre el final del reino nazarí. Esa visión quedó plasmada de manera magistral en el cuadro La salida de la familia de Boabdil, pintado en 1880 por Manuel Gómez-Moreno González.

Esta obra se expone en la sala “Entreguerras” del Museo
de Bellas Artes de Granada, dentro del Palacio de Carlos V

La obra, de enormes dimensiones (250,5 x 371 cm), pertenece a la Diputación de Granada y actualmente puede contemplarse en el Museo de Bellas Artes de Granada, ubicado en el Palacio de Carlos V. Se enmarca dentro de la pintura de historia, aunque también posee cierto aire costumbrista, especialmente en la atención que presta a los detalles de la vida cotidiana y a la recreación de ambientes.

El pintor nos sitúa en el momento de la salida de la familia real nazarí de los palacios de la Alhambra. La escena transcurre en una estancia ricamente decorada, con suelos de olambrillas vidriadas, paredes cubiertas de cerámica y yeserías policromadas, grandes cortinas y alfombras que recuerdan la importancia de los textiles en los interiores andalusíes. No se trata de una sala real concreta, aunque toda la atmósfera remite claramente a la Alhambra. El patio del fondo recuerda vagamente al del Cuarto Dorado por la presencia de una columna con capitel de “orejas”, aunque el conjunto es una recreación idealizada más que una copia exacta.

Un detalle destacado del cuadro es la lámpara
inspirada en la de la mezquita mayor de
la Alhambra
, reproducida con fidelidad
por Gómez-Moreno para aportar
autenticidad histórica a la escena


Uno de los detalles más interesantes del cuadro es la lámpara que cuelga del techo. Gómez-Moreno reprodujo fielmente la famosa lámpara de la mezquita mayor de la Alhambra, cuyo original se conserva hoy en el Museo Arqueológico Nacional. Una inscripción indica que fue realizada en el año 705 de la Hégira (1305 d.C.) por orden del sultán nazarí Mohammed III. Aunque una lámpara así probablemente no habría estado en una sala palaciega como la representada, el detalle demuestra el interés del pintor por dotar a la escena de elementos auténticos. Lo mismo ocurre con el célebre Jarrón de las Gacelas, también presente en la composición.

El jarrón de las Gacelas, conservado en el 
mismo Palacio de Carlos V, forma parte de
la composición de la obra

Toda la familia avanza hacia un patio donde esperan los sirvientes con las acémilas preparadas para la marcha. Desde una ventana lateral cubierta con celosías, una figura observa discretamente la escena. 

La familia avanza hacia el patio, donde los
sirvientes y las acémilas esperan para la
partida, mientras una figura observa
discretamente desde una
ventana con celosías

Aixa encabeza la comitiva. Envuelta en una espectacular almalafa blanca, avanza con gesto firme y orgulloso. Su mirada, triste pero digna, se dirige hacia un grupo de caballeros situados a un lado. Es, sin duda, la gran protagonista del cuadro. Tras ella aparece Morayma, esposa de Boabdil, vestida de azul y representada con una expresión mucho más angustiada y desesperada mientras lleva de la mano a su hijo. Detrás desfilan varias sirvientas.

El verdadero protagonismo de la obra
recae sobre las mujeres

Y Boabdil… casi desaparece. El sultán aparece de espaldas, sin mostrar el rostro y sin ocupar el centro de la escena, mientras recibe un abrazo de despedida. El contraste es evidente: Aixa aparece poderosa y visible; Boabdil, relegado a un segundo plano.

¿Fue realmente así? Probablemente, como ocurre con muchas imágenes históricas, el cuadro mezcla hechos reales con una construcción simbólica y emocional. Gómez-Moreno no pretendía hacer una reconstrucción arqueológica exacta, sino representar una idea: el final de Granada como un drama humano y familiar, y la figura de Aixa como encarnación de la dignidad perdida del reino nazarí.

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