La Hisba

La hisba era una especie de manual de profesiones que regulaba los oficios -cada uno de los cuales tenía un amin a la cabeza- y la venta de productos en las alcaicerías, mercados y zocos. En este reglamento se diferenciaba entre los oficios nobles y los degradantes -encomendados a los cautivos como el de aguadores, mozos de cuerda, etc-, así como el lugar donde podía establecerse cada uno: los esencieros en la Gran Mezquita, los comerciantes de tejidos en el centro de la medina y los curtidores, aceiteros, alfareros o tejeros por lo insalubre o lo maloliente de sus actividades, o por requerir grandes espacios, se veían relegados a zocos excéntricos. 

A todo atendía la hisba, desde alimentos ya preparados hasta la fabricación de puertas y cofres por los herreros, alpargateros, zapateros. Algunas de estas reglas recojo a continuación, aunque ninguna hisba nazarí ha llegado hasta nuestros días:
  • No se permite que los vendedores ambulantes se pongan bajo sombrilla salvo que esta sea más alta que un hombre a caballo para que los transeúntes no corran peligro de saltarse un ojo.
  • No se pueden vender las cargas de leña más que puestas en el suelo y no a lomo de las bestias.
  • Todo aquel que sea sangrado se le recogerá la sangre en un vaso de medidas para que sepa la sangre que se le saca.
  • Los peleteros no podrán utilizar palomina para el apresto de las pieles usadas.
  • No se permite vender el azafrán en pastillas porque suele ser falsificado y malo, pero sí en hebras sueltas.
  • No se permite la venta de queso fresco de las Marismas porque no es más que las sobras del requesón.

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