La guardia de elches de la corte nazarí

Estos guerreros ricamente vestidos
constituían el cuerpo más fiel
del monarca nazarí; el caballero
porta el banderín con el emblema nazarí
y armado con la típica jineta mientras
el lancero se protege con una adarga

La palabra elche viene del arabismo ’ily y que se aplicaba generalmente al infiel, es decir al bárbaro de estirpe no árabe, que no era musulmán, con unos rasgos peyorativos inherentes. Del mismo modo, los monarcas cristianos mantenían una guardia personal morisca.

La guardias personales de soldados de otras religiones y que se mantenían cercanos al monarca fue adoptado en todos los lugares del Mediterráneo donde se enfrentaban el cristianismo y el islam, bien acogiendo a caballeros de alta condición que habían sido desterrados de otros países o que permanecían refugiados por su seguridad, o bien de forma colectiva en forma de compañías de mercenarios que se ponían temporalmente a su servicio sin cambiar de religión o por medio de esclavos como ocurría con los mamelucos y que eran forzados a cambiar de religión; la entrada desde el cautiverio a una temprana edad en una escuela militar, donde a la vez eran formados en la fe del Islam, hacía de ellos hombres libres una vez que entraban en servicio activo pero ligados al rey por un juramento a cambio de tener una situación privilegiada vitalicia.

A partir del dominio peninsular de almorávides y almohades en el siglo XII, el término “elche” pasó a designar a los esclavos cristianos, jinetes, que formaban parte del entorno más cercano del emir, convertidos o no al Islam, aunque fuertemente arabizados. Si estos elches volvían a tierras cristianas corrían el peligro de ser condenados a muerte, aunque podía conmutarse la pena si habían prestado un gran servicio a la comunidad o peregrinaban a los Santos Lugares, como narra la historia de dos renegados provenientes de Egipto a los que el propio Papa ordenó peregrinar a los Santos Lugares.

Estos elches eran comprados en los mercados de esclavos occidentales o provenían de las capturas en la guerra con Castilla, como demuestran numerosos casos de hijos de la nobleza raptados en incursiones y educados en el Islam, como por ejemplo el joven Francisco de Berrio, hijo de uno de los regidores de Jaén, raptado en su juventud y vendido al arráez de Málaga en 1462 y que a pesar de los intentos de sus padres se negó a volver al cristianismo repetidas veces, reconociendo sólo los vínculos que le unían al rey de Granada. Sin embargo no podían transmitir sus pertenencias ni su rango a sus descendientes, lo que les impedía dejar una herencia, disfrutando de sus privilegios sólo a título vitalicio, mientras que sus nietos no llegarían ni de lejos a disfrutar de privilegio militar ni clase.

Se conoce realmente poco de la guardia de elches cristianos que servían a los reyes nazaríes salvo que se remontaría al siglo XIII (o al menos como muestran las crónicas del siglo XIV, apareciendo al lado del monarca), por influencia de las cortes magrebíes y orientales, y por la necesidad de contar con soldados fieles libres de vínculos familiares o de clan para poder enfrentarse a sus enemigos sin que estos soldados tuvieran lazos con facciones contrarias al monarca. A la cabeza de los elches figuraba un capitán de la guardia, que según Ibn Hudayl tenía a su cargo a doscientos hombres y portaba un estandarte. La labor de los elches, además de actuar como guardia personal del rey, era formar parte de una caballería pesada al estilo cristiano para completar las ágiles tropas de caballería jineta de los nazaríes.

Es posible que la estructura y funcionamiento de este cuerpo de seguridad fuera similar al sistema mameluco de Egipto, puesto que la denominación de estos soldados es la misma: ma´luyun en Egipto y mamalik en Granada. Pero Tafur, embajador castellano de comienzos del siglo XV establece una clara relación entre la guardia de elches mamelucos y nazaríes cuando explica el sistema de los egipcios basándose en sus propias percepciones de la situación de los soldados musulmanes en su país y en Granada:

“…yendo por las calles, veía muchas gentes de una parte é de otra, é dixiéronme que aquellos son mamalucos, que acá llamamos elches renegados, una grant muchedumbre de gente, é éstos son los que el Soldan faze comprar por sus dineros en el mar Mayor é en todas las provincias donde los christianos se venden; é como los traen allí, tórnanlos moros é muéstranles la ley é á cavaldar é jugar con el arco; é de que son examinados por el Alfaquí mayor, pónenles su quitaçion e raçión, é embíanlos á la çibdat; non pueden ser soldan, ni almirante, nin aver onor ninguna nin ofiçio si non es destos renegados, nin puede cabalgar en caballo moro de natura sin que mueran por ello. Éstos son los que han todas las onrras de la caballería, é sus fijos un poco menos, é los nietos menos, é dende adelante quedan acresçentador de la ley de Mahomad; las fembras non tienen esta prerogativa, pero antes resÇebira un moro una christiana sin dote, que una mora por bien dotaba que sea, mayormente si es moro de natura”. (P. Tafur, “Andanças e viajes de un hidalgo español”)

Comentarios

  1. Thank you for another excellent post. For readers who are interested, the alternative view of Moorish guards who served Christian kings of Castile is available in Ana Echevarria's Knights on the Frontier: The Moorish Guard of the Kings of Castile (1410-1467).

    ResponderEliminar
  2. Thanks Lisa for following this blog and your suggestion. Have a nice day :)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

El legado nazarí por el mundo