Casa de las Gallinas (Daralhuet)

Esta puerta, en la
calle Clarín 7, es el
último rastro visible
de la Casa de las Gallinas

Desde el antiguo camino que desde la desaparecida puerta de la Loma o Bab al-Nayd llevaba a Cenes de la Vega y a Pinos Genil, cerca del pueblo de la Lancha, sobre una meseta que domina el río Genil, los reyes nazaríes de Granada tuvieron una casa de recreo llamada Casa del Río o del Valle (Dar al-Wadi), una importante explotación agropecuaria de la que solían abastecerse las cocinas palatinas de La Alhambra que se ubicaba en una casa fuerte amurallada.

Desde la conquista cristiana es llamada Daralgüit o Darluet y conocida popularmente como Casa de las Gallinas porque al parecer este sitio era utilizado para criar aves de todos los tipos -más de mil quinientas gallinas a finales del siglo XV-. Tras la conquista cristiana la explotación agropecuaria continuó aunque descendió su producción al disminuir considerablemente el tamaño de la corte a la que alimentaba.

Los edificios principales de esta explotación ocupaban una gran explanada artificial o terraza que se encontraba en el lateral derecho del río Genil, sobre la acequia del Candil, del Cadí o de las Tinajas, donde finaliza la pendiente del cerro del Sol y enfrentada a la fuente de la Bicha que se encuentra en la orilla opuesta del río.


Plano de la Dehesa de la Casa de las Gallinas
tomado de Luis García Pulido de su obra
"Sobre el emplazamiento de los restos
arqueológicos de la Casa de las Gallinas"
Al-Qantara 2007
Plano realizado durante la ocupación francesa
de Granada en 1811 en el que aparece marcada la
ubicación de la Casa de las Gallinas y que se
conserva en el Château de Vincennes (París)

Dado su carácter regio, los Reyes Católicos adquirieron ésta junto a otras propiedades de la familia real nazarí, incorporándola a la Alcaldía de la Alhambra por su cercanía a la dehesa del Generalife (el 25 de junio de 1492 esta propiedad y el Palacio de Yusuf III es donado a Íñigo López de Mendoza, segundo conde de Tendilla) y hasta el siglo XIX continuó siendo parte del patrimonio de la Corona Española, lo que no impidió que acabara en manos de particulares, descuidada y olvidada.

Es sabido que Ibn al-Jatib mencionó la "Alquería del Huerto de las Gallinas" (qaryat hušš al-dayay) como una de las muchas almunias que existían en los alrededores de la Granada del siglo XIV, aunque no indicó nada acerca de su ubicación. Sin embargo contamos con las descripciones de quienes, desde la conquista de Granada hasta finales del siglo XIX, conocieron o visitaron su emplazamiento, como el embajador italiano del siglo XVI Andrea Navajero por ejemplo:

"a media legua de los Alixares hay otro palacio de los reyes moros, menos destruido, en sitio ameno y más solitario que los anteriores, junto a la margen del río"

Manuel Gómez Moreno describe que
en 1867 sólo queda una galería por
la parte que mira al río y que cuenta
con un arco de herradura y otro
en el otro extremo y que en 1892,
uno de los arcos había sido trasladado
a la mina de oro de Jean Baptiste
Adolphe Goupil


La casa debió ser transformada ya en época nazarí, pues según Gómez Moreno -quién la visitó en 1867-, algunos de los fragmentos de su decoración encontrados entre sus ruinas corresponden a la época del rey Muley Hacen (finales del siglo XV). Se trataba de una casa fuerte que según Antonio Rodríguez Porcel en 1795 sus ruinas y sus cimientos manifestaban haber sido una fortaleza formidable. El edificio principal era de mampostería y contaba con una fachada de más de 30 metros en cuyo centro se abría una gran puerta con arco de herradura que recordaba a la puerta de la Justicia de la Alhambra pero en menor tamaño. El exterior debió de parecerse al palacio de los Alixares, ya que estaba protegido en sus esquinas por torres defensivas (que ya en 1651 se encontraban en muy mal estado de conservación y que por ello fueron derribadas para evitar que afectasen al estado de la vivienda principal)

Ruinas industriales de las minas
de oro de finales del siglo XIX

Las construcciones y la potente maquinaria utilizada a finales del siglo XIX y comienzos del XX para la extracción aurífera en el la Lancha de Cenes, en el llamado cerro del Sol acabaron por borrar los vestigios musulmanes, conservando únicamente una elegante portada de piedra con esbelto arco de herradura. Sus partes emergentes desaparecieron casi por completo, al mismo tiempo que los restos arqueológicos se fueron sepultando o bien eran enmascarados por otras construcciones. En los últimos 200 años sufrió un acelerado proceso de desintegración, habiéndose construido sobre gran parte de sus restos una nueva urbanización sin haber pasado los más mínimos controles arqueológicos del ayuntamiento de Granada y que hubieran servido para establecer un sencillo boceto de su estructura.

Alzado de la portada
externa realizado
por Luis García Pulido

Este arco fue la portada de entrada a la
fábrica de explotación de arenas auríferas
 en la Lancha del Genil, constituyendo el
único resto emergente conservado de
la Casa de las Gallinas; comparativa
de fotos del siglo XIX y en la actualidad
ubicado en la Calle Clarín 7

La Casa de las Gallinas se comunicaba con la ciudad de Granada a través del Camino Real de Cenes, vía que tras salir de la ciudad por la Puerta de la Loma o de los Molinos (derribada en 1833), discurría más o menos en línea al trazado de la Acequia Gorda.

En esta foto en detalle
del arco se pueden distinguir
los poros de la piedra de Alhama
utilizado en su construcción
como en otras de Granada,
por ejemplo el
  Puente de los Tableros
Además contaba con una comunicación directa con la Alhambra y con las almunias de los Alixares (Qasr al-Disar) y del Generalife por medio de un camino que se encontraba a media ladera, partiendo del extremo más oriental de la Medina de la Alhambra para ascender hasta el Haza de los Alijares, también conocida como de la Escaramuza o de los Protestantes. Tras pasar junto a los Alixares, comenzaba a descender, para, una vez superado el Barranco Bermejo, adentrarse en las extensas tierras de la Dehesa de la Casa de las Gallinas que abarcaban desde la orilla derecha del río Genil hasta más allá de las cimas del cerro del Sol, llegando hasta la veriente del río Darro y por el otro lado, desde la orilla izquierda del río hasta más allá de Monachil (prolongándose por medio de dehesas en Sierra Nevada, en parte hasta Nigüelas). Después de conectar con la edificación que daba nombre a esta dehesa, continuaba descendiendo suavemente hasta alcanzar el Camino Real de Cenes a la altura del Barranco de la Campana. 

Museo Almazara de las Laerillas
(Nigüelas, Granada), fotografía de
J.C González-Santiago y J. M. Vera Borja 


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