¿Qué era el Reino Nazarí de Granada?



El Reino Nazarí de Granada (s. XIII-XV) fue una formación política medieval que ha trascendido fronteras a lo largo de los siglos gracias a la gran herencia patrimonial que dejó, con La Alhambra como paradigma arquitectónico, sede política y residencial, a pesar de su reducida extensión territorial comparado con el mundo islámico de su época o con el que había abarcado siglos antes al-Andalus dentro de la península Ibérica, ocupando las actuales provincias de Granada, Málaga y Almería, junto con la zona meridional de la de Jaén y parte de Cádiz.

jueves, 18 de agosto de 2016

La Ciudad Palatina de La Alhambra

La percepción de La Alhambra ha variado con el tiempo y aunque hoy la
veamos con un dominante uso turístico como palacio oriental en occidente,
por muchas generaciones no fue vista así, sino como una fortaleza militar
A los pies de Sierra Nevada, frente a la basta llanura de la Vega de Granada, se encuentra sublime La Alhambra. Aquí escribió la dinastía nazarí el último capítulo de la historia del Al-Andalus musulmán que comenzó en el año 711 DC. En lo alto de Granada, los nazaríes construyeron una ciudad palatina única en el mundo. La ciudad palatina de los reyes nazaríes de La Alhambra era una urbe distinta y distante de Granada a pesar de su proximidad. Un lugar habitado por la historia.

A sus valores históricos como ciudad palatina del reino nazarí de Granada (siglos XIII - XV) se suman, además de su excelencia artística y refinada estética, un emplazamiento singular que tiene por horizonte las cumbres de Sierra Nevada y como límite de perspectiva visual los llanos de la Vega.

Vista de Granada conservada en la Biblioteca Nacional de Viena, obra
de Anton van den Wyngaerde, quien estuvo en 1567 en Granada

No se puede explicar la existencia de esta ciudad palatina sin tener en cuenta el comienzo de la nueva dinastía nazarí en Granada, que deseaba legitimar su linaje y un nuevo símbolo de poder como La Alhambra que la identificara, a la que se sumarían progresivamente otros palacios y almunias reales como El Generalife y su Dehesa, los Alixares o Dar al-Arusa, constituyendo un sistema urbano diferenciado de la ciudad de Granada.

Alhambra, por el color de la tierra con la que se construyó, significa en
árabe la roja, mismo apodo del monarca que la mandó construir, Mohammed I
que según una antigua crónica, en un día del año 1238, subió "[...] al lugar
conocido como al-Hamra, lo examinó, marcó los cimientos del castillo y dejó
a un encargado de dirigir el trabajo, y no había pasado un año cuando la
construcción de los adarves estaba acabada; el agua fue traída del río
y una acequia fue construida con su propio caudal [...]"
La mejor definición de La Alhambra podría ser la que expresan estas dos palabras: ciudad palatina. La Alhambra es una ciudad, pues fue pensada, planificada, construida, se desarrolló y evolucionó bajo unas leyes determinadas, las leyes del urbanismo hispanomusulmán. Además es palatina pues fue concebida para ser la sede de la jefatura del Estado, la corte del poder.

Tras la desmembración del reino de Al-Andalús con su capital en Córdoba, en pequeños reinos y el avance cristiano, parecía que los días del Islam en la Península estaban contados. La dinastía nazarí, bajo la cual se edificó La Alhambra, los Banu-l-Ahmar, eran originarios de la ciudad de Arjona (Jaén) y se declararon en 1232 independientes de la autoridad almohade en 1238. En el Ramadán de 1238, Mohammed I se instaló en el viejo alcázar del rey Badis, perteneciente a la anterior dinastía, la Zirí. Estableció la capital del nuevo estado de Granada. Sin embargo no estuvo en el viejo alcázar más de un año.

Cuentan las crónicas, que el monarca nazarí subió a la colina de la Alhambra, miró a un lado y a otro, y encontró dos grandes tareas que debía acometer. Por un lado, en la parte que más se asoma a la ciudad, continuaría la restauración de la vieja Alcazaba, de aquella que ya fuera llamada por sus muros rojos 'Alhambra' en el siglo IX. Las torres eran muy antiguas y no aguantarían un asedio de las tropas de Fernando III El Santo. Las reedificaría, fortalecería los sólidos cubos que defendieran la ciudad y en el mascarón de proa construiría una torre solidísima que velara por la ciudad. Esta decisión constituiría el plan urbanístico más importante desde que dos siglos atrás los Ziríes ampliasen la medina hasta la zona más llana de la población y trasladasen a Granada la capital desde la desaparecida Medina Elvira (actualmente sus restos se encuentran en el municipio de Atarfe). 

Para garantizar el suministro de agua de La Alhambra, construyó la Acequia Real que toma las aguas del curso del río Darro antes de que este entre en la ciudad.  La dotó de murallas para defenderse tanto de ataques exteriores como de las revueltas que surgieran en la propia Granada, con la que tenía contacto sólo por el este, a través de su imponente alcazaba. El lugar estaba bien defendido con duros escarpes sobre el Darro que la separaban del Albaicín por el norte y el barranco de la Sabika por el sur le separaban del Mauror o barrio judío.

La antigua ciudad palatina nazarí preside hoy como en el pasado el horizonte
del paisaje urbano de Granada desde el monte de la Sabika
 (100 metros de altura sobre la ciudad) diferenciándola entre todos
los centros históricos del sur de la Península Ibérica
y referencia internacional de la ciudad

El gérmen, el primer recinto palaciego parecía más bien una fortaleza bien defendida, sin duda por las turbulencias de la época, años de conquistas de los reyes castellanos en toda la Andalucía bética, la del Guadalquivir. Entre su importancia militar y palaciego surgió una ciudad al servicio de la corte nazarí.
Por el carácter militar de la ciudad de La Alhambra y el
contexto bélico en que se hallaba el reino de Granada por
la amenaza cristiana, se supone que en época medieval
no existía tanta densidad forestal en los alrededores de la
fortaleza, sobre todo en las laderas sur y oeste
El bosque de San Pedro, frente a la iglesia del mismo nombre, en la ladera que
se enfrenta al Albaicín sobre el Darro, orientada al norte y con abundante agua,
debió de albergar cierta densidad de plantas leñosas arbustivas e incluso
árboles de moderada talla como encinas, quejigos, majuelos, aladiernos o ruscos

Debemos imaginar al señor de Arjona y primer rey nazarí,  Mohammed I, caminando de un lado a otro dando órdenes sobre los constructores, dictando las inscripciones más bellas para los muros adornadas con filigranas, mezclándose con alarifes y albañiles, escuchando a los sabios en matemáticas para que todo fuera perfecto.

Sus sucesores continuaron las construcciones, y la fortaleza militar que era en inicio se convirtió con el paso de los años en residencia palaciega y ciudad cortesana, llegando a ser el centro político y administrativo del Reino Nazarí y la primitiva ciudadela zirí perdió su importancia política pero mantuvo su utilidad militar, denominándose Hataralcazaba o Alcazaba Antigua.

La ciudad de La Alhambra era el núcleo de población más elevado y en su perímetro de 2.500 metros albergaba cerca de dos mil personas entre altos cargos de la corte, funcionarios y una cohorte de artesanos y obreros encargados del mantenimiento y funcionamiento de los baños, mezquita, mercado, talleres, huertas, silos, escuelas y cuartes, además de palacios, palacetes y jardines, servicios que la independizaban del resto de la ciudad. Los palacios nazaríes o Qasr al-Sultán se componen de tres áreas anexas e independientes construidos por diferentes reyes: Mexuar, Palacio de Comares y Palacio de los Leones.

Los palacios, junto con la Alcazaba y la medina se unían por medio de tres elementos: las calles, las puertas y las torres de las murallas. Estas últimas (de las que se conservan una treintena) tenían diferentes funciones desde la defensa de la fortaleza, pasando por miradores y palacios o qalahurra, y aunque la mayoría corresponden al período nazarí -aquellas que por lo general son de planta cuadrada- las hay también de construcción posterior -como las cúbicas, mejor preparadas para resistir el impacto de la artillería del siglo XV-.

En cuanto a las calles de La Alhambra, existían tres calles principales y varias secundarias, con callejones, cobertizos y placetas que conformaban el entramado urbano. La calle de Ronda es la principal, recorriendo el entramado de murallas por su cara interior del recinto -haciendo las veces de foso en caso de asedio, por lo que también se conoce como calle del Foso-. La calle Real Alta cruzaba ascendiendo de oeste a este la medina, agrupándose a su alrededor, en orden jerárquico, viviendas, mezquitas y baños, talleres y pequeñas industrias.

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