¿Qué era el Reino Nazarí de Granada?



El Reino Nazarí de Granada (s. XIII-XV) fue una formación política medieval que ha trascendido fronteras a lo largo de los siglos gracias a la gran herencia patrimonial que dejó, con La Alhambra como paradigma arquitectónico, sede política y residencial, a pesar de su reducida extensión territorial comparado con el mundo islámico de su época o con el que había abarcado siglos antes al-Andalus dentro de la península Ibérica, ocupando las actuales provincias de Granada, Málaga y Almería, junto con la zona meridional de la de Jaén y parte de Cádiz.

jueves, 17 de abril de 2014

La producción de la seda

Mientras que el uso de la lana y el lino en la península Ibérica esta documentado en época romana por Plinio, el algodón y la seda fue desconocido hasta la llegada de los musulmanes, siendo introducido en España y Sicilia a través del Magreb. La implantación de la sericultura en Granada se debe a las tribus sirias que se establecen en las zonas abrigadas de los valles de Sierra Nevada y Sierra Morena.

Los gusanos de seda se han domesticado tanto que es difícil
encontrarlos en estado salvaje, sólo se crían en cautividad

La industria de la seda en el reino nazarí era importante y disfrutaba de reconocimiento fuera de sus fronteras. Hoy sólo quedan fragmentos, retazos y jirones de las exquisitas piezas creadas por la cultura hispanomusulmana del reino nazarí, vestigios de un espléndido pasado. Se comerciaba con seda en bruto para exportarla a Italia, Aragón y Castilla (Kastalla), convirtiéndose estos tejidos en un vehículo de comunicación cultural, como ninguna otra de las llamadas artes industriales, por lo tanto su conocimiento es imprescindible para todo aquel que se interese por la Historia. Y es que las ricas telas nazaríes eran objetos elocuentes que, además de vistosas decoraciones de lacerías o atauriques, llevaban leyendas alusivas a valores políticos, éticos y estéticos islámicos, sin que ello restase interés a los ojos de los cristianos que las usaban comúnmente para la creación de su propio boato y en ceremonias religiosas. La seda era un bien muy preciado, como lo fuese el oro o las joyas, siendo utilizado en la diplomacia para agasajar a otros Estados como ocurrió por ejemplo en 1404 cuando las galeras castellanas mandadas por Pedro Niño recalaron en Málaga, a las que los musulmanes nazaríes llevaron el adiafa (regalos a los huéspedes diplomáticos) "muy honrosamente, en muchas zabras (barcos) guarnidas de paño de oro y seda".

Lampás de seda nazarí con lacerías fabricado en Granada en el
siglo XIV, conservado en Madrid, en el Museo Lázaro Galdiano

Las telas fabricadas en el reino nazarí causaba admiración incluso entre los viajeros orientales. Así, por ejemplo, en Almería (al-Mariya) donde se produce el dibay, un paño de seda que se caracteriza por su duración y calidad, o en Málaga (Malaqa) donde se hacían telas de colores con reflejos dorados (al-mawsi al-mudahhab) y en Granada y Baza una clase de tejido sedoso (mulabbad mujattam) en el que se mezclaban espléndidos colores. Estas sedas llegaban al oriente islámico, especialmente Egipto, donde existía un importante consumo, y en menor cantidad a Bizancio.

La seda era clasificada en tres tipos dependiendo de su calidad:
  • mercadante: la más valiosa, reservada para la exportación;
  • raerzo: típica de las sierras de Ronda y Gaucín, de menor calidad
  • cardazo: producida por gusanos alimentados por hojas de moral en lugar de moreras, destinada para el comercio interior
 Según la leyenda, en el año 2698 a. C., una princesa china tomaba
 el té en su jardín cuando cayó un capullo dentro de su taza que al
remojarse descubrió  el hilo de seda, siendo un secreto guardado por
los chinos durante dos mil años, bajo pena de muerte para quien lo revelara.

La industria sedera implicaba tanto a los habitantes del campo que ejercían la sericultura como a los de las ciudades que tejían y comercializaban el producto. Los campesinos plantaban grandes extensiones de morales en las sierras, criaban gusanos y almacenaban capullos, siendo las de Málaga, Comares y Bentomín las más apreciadas, aunque en la Alpujarra (al-Busarrat) era producida de forma masiva. Los sederos o qazzaz, tenían talleres de manufactura de la seda, siendo los más conocidos eran los de Jubiles, Nerja y el de la Alhambra, y con ella se fabricaban magníficos tejidos decorados con motivos vegetales que luego se vendían en todo el reino granadino. Los tejidos más apreciados eran los velos de gasa o almyzares y el tiraz, una tela delicada sobre la que se escribe el nombre del monarca, el príncipe y otros personajes importantes del reino nazarí de Granada.

La industria sedera estaba sometida a diferentes impuestos que engrosaban las arcas del reino: se gravaban las hojas de moreras y morales que alimentaban a los gusanos, también había un impuesto sobre los capullos producidos, así como para los hornos utilizados para el hilado. La seda vendida en la Alcaicería tributaba el diezmo y el tartil, por su venta posterior se abonaba la alcabala y si era exportada por el almojarifazgo.

Un callejón de la Alcaicería de Granada; en este lugar se vendía
los tejidos más lujosos de seda en época nazarí.

Para la decoración de las telas lujosas se combinaba sedas e hilos metálicos llamados oropel que se fabricaban con planchas de cuero o pergamino que eran doradas o plateadas y luego cortadas en finísimas tiras que se enrollaban a una almilla de seda, convirtiéndose en hilos sumamente resistentes, elásticos y preciosos, dando efectos dorados y plateados confiriendo a los tejidos una especial belleza y suntuosidad.

El sistema para tejer la seda en Granada era el telar de tiro, traído desde Persia a la península en el siglo XI o incluso antes. Los telares de tiro sirven para realizar tejidos labrados a través de dos sistemas de leva de hilos, uno de lizos y otro de rama o mallón, permitiendo reproducir motivos decorativos repetitivos infinitos, de forma simple, tanto de ancho como de largo, tomando para ello un eje de simetría vertical, horizontal o diagonal, haciendo con ello que la decoración ocupase la totalidad del espacio, en un sistema representativo acorde a los preceptos estéticos del islam y del gusto nazarí. El telar de tiro permite además trabajos de gran complejidad constructiva y la alternancia de las urdimbres con distintos ligamentos, siendo el más complejo y vistoso "el lampás", que se trabaja con dos urdimbres que intervienen en los efectos de fondo y decoración, consiguiendo tejidos planos y en relieve con vistosos juegos de luz y perspectiva, siendo esencialmente el tejido empleado en los telares nazaríes.

Además de servir para la confección de ropajes, las telas tenían un papel importante en la arquitectura, pues son de tela las tiendas de campaña, las colgaduras y cortinas que hacen la vida más confortable y sirven para separar espacios; los manteles, cobertores y alfamares de las camas, los cabezales y almohadones, a veces de vistosos colores e hilos de oro.

Los Reyes Católicos, conscientes de la importancia económica de la industria textil de Granada, imponen a partir de 1492 la gestión indirecta de la misma, pero a partir de los primeros años del siglo XVI el contrabando de tejidos con el norte de África, fuera del control regio, incidirá en el progresivo deterioro del sistema, que sumado a las subidas arancelarias y de arrendamientos para sufragar las necesidades pecuniarias de la monarquía, provocan una profunda crisis a los sederos. Los campesinos criadores de seda se ven acosados desde el levantamiento morisco de 1568, produciéndose talas generalizadas de las moreras y una importante dispersión de los tejedores por el reino de Castilla y finalmente con la expulsión de los moriscos bajo el reinado de Felipe III.

En España, procedentes del mercado del arte del siglo XIX y XX, las colecciones del Museo de la Alhambra, en la Fundación Gómez-Moreno y en el Museo Lázaro Galdiano conservan tejidos e indumentarias realizados en España en el reino nazarí de Granada a pesar de múltiples avatares a lo largo de los siglos.

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