¿Qué era el Reino Nazarí de Granada?



El Reino Nazarí de Granada (s. XIII-XV) fue una formación política medieval que ha trascendido fronteras a lo largo de los siglos gracias a la gran herencia patrimonial que dejó, con La Alhambra como paradigma arquitectónico, sede política y residencial, a pesar de su reducida extensión territorial comparado con el mundo islámico de su época o con el que había abarcado siglos antes al-Andalus dentro de la península Ibérica, ocupando las actuales provincias de Granada, Málaga y Almería, junto con la zona meridional de la de Jaén y parte de Cádiz.

sábado, 31 de mayo de 2014

Programa de visitas guiadas por especialistas: La Casa Real de la Felicidad, el Palacio del Generalife

Hoy he tenido la oportunidad de visitar el Generalife y conocer en profundidad este espacio dentro del programa de visitas dirigidas por especialistas, en concreto la visita llamada "La Casa Real de la Felicidad, el Palacio del Generalife" guiada por el Doctor en Historia del Arte y profesor del instituto granadino Padre Manjón, Carlos Vilchez Vilchez, gran conocedor del monumento ya que realizó una tesis sobre este complejo en el año 1991.

Partidor moderno que separa el cauce del agua que llega desde la
Acequia Real, una acequia que ha variado mucho desde sus orígenes

En esta excavación se ha recuperado un tramo de la original
Acequia Real de la Alhambra, de época medieval, que aunque
era estrecha, su profundidad permitía llevar un caudal con
suficiente fuerza para cubrir las necesidades de los palacios.
Partiendo de la acequia real a su paso cercano a la Torre del Agua, la visita comienza con una explicación sobre la localización del Generalife, asentado en el Cerro del Sol, y separado del monte de La Sabica donde se encuentra La Alhambra, por la conocida como Cuesta de los Chinos, en parte un foso artificial que separaba ambos complejos palaciegos.

El recorrido continua por el Paseo de los Nogales, obra contemporánea ideada por Torres Balbás para facilitar el acceso y mantenimiento del palacio y las huertas. El Palacio del Generalife o Yannat al'arif (traducido por Huerta del Arquitecto), era conocido por los granadinos nazaríes como "La Huerta del Rey".

Las huertas de El Generalife siempre estuvieron en uso,
pasando en el siglo XVI, tras la época, nazarí a manos de
la familia Granada-Venegas, que llegarían a ser Marqueses
de Campotejar. A comienzos del siglo XX, el rey Alfonso XIII
les lleva a juicio alegando que no eran propietarios de este
palacio y que sólo podían disfrutar de él, sin embargo, los
tribunales dan la razón a la familia aristocrática (ver libro
de César Girón titulado "La alcaldía perpetua del Generalife y
su pleito") por lo que para quitarles la propiedad llegan a
un acuerdo de permuta, pasando a manos del Patronato.

Muro medieval conservado entre las huertas del Generalife.
Las huertas han estado arrendadas hasta la formación del
Patronato de la Alhambra. Actualmente continua su explotación
agraria con alcachofas, ajos y variedades frutales destinándose
su producción a los propios trabajadores del monumento.

La distancia que separa ambos recintos regios es muy corta a través de un camino que conducía a la familia real y la corte durante el caluroso verano granadino principalmente. Este tramo medieval estaba vigilado por la Torre de los Picos y la Torre del Cadí, siendo un camino amurallado -en gran parte restaurado actualmente- que garantizaba la seguridad para acceder al Generalife.

A partir de los arranques encontrados, Torres Balbás
reconstruyó la entrada original en recodo que daba
acceso al camino medieval que conducía al Generalife.
Este espacio contaba con abrevadero para los caballos
(a la derecha de la imagen) y establos.

Camino medieval que conducía desde la Alhambra al
Generalife salvando el desnivel provocado entre las colinas.
Precisamente los muros más modernos son los que menos
están durando y deben ser reparados con frecuencia.

El primer espacio que el visitante encuentra al llegar al
Palacio del Generalife es el Patio de Descabalgamiento,
llamado así por ser el lugar donde antiguamente se dejaba
al caballo utilizado para llegar cómodamente. A la izda
de la fotografía se observa el abrevadero, aún conservado.
En el Patio de Descabalgamiento se encontraban los establos
y otras dependencias relacionadas con el equipo ecuestre
Tras dejar atrás el Patio de Descabalgamiento se accedía directamente al primer patio de entrada palatino, viendo sobre la puerta, y bajo el alero, la señal de la llave -como en otras tantas entradas de la Alhambra- lo que venía a significar que se estaba accediendo a una propiedad real nazarí. Aún puede verse, no sin dificultad, alrededor de las dovelas de cerámica colocadas siguiendo la tradición califal, restos de una pintura con figuras polilovuladas.

Puerta de acceso por el pabellón noreste del Generalife.
La construcción data del reinado de Mohammed III, mientras
que la segunda planta -la ventana y los dos espacios
decorativos de los lados- pertenece a modificaciones
posteriores bajo el reinado de Yusuf III.

Aunque su edificación es pobre y su aspecto exterior austero, su interior es un refugio idílico de paz y frescor, destacando sus jardines organizados a lo largo de una acequia; huertos y jardines, flores, plantas aromáticas, setos de arrayanes, rosales, jazmines, cipreses y árboles frutales como el naranjo forman un conjunto de aroma y belleza inigualable.

Continuando la visita, en el Patio de la Acequia y tras dejar
a la izquierda el pasillo mirador con la qubba nazarí dispuesta
hacia la Alhambra, se llega a una puerta situada junto al
pórtico del pabellón sur del Palacio del Generalife. A continuación
una escalera desciende hasta los jardines situados
por debajo de dicho pabellón, mirando hacia el Albaicín.

Este machón sustituía la escalera original nazarí; dado que
se elevó el pabellón en época cristiana construyendo dos
nuevas plantas, fue necesario reforzar el hueco de la escalera
para mantener la torre.
El Generalife es un mirador en sí mismo, construido para disfrutar del paisaje que le rodea. Frente a la torre mirador del pabellón sur había otra torre defensiva, también de época nazarí, de la que se conserva la base de hormigón y sobre la misma se levantó una gran fuente capaz de lanzar un fuerte chorro de agua al aire para el disfrute de sus moradores. Por su situación, a mayor altura que La Alhambra, fue preciso construir una serie de obras hidráulicas que garantizasen su regadío desde la Acequia Real, tales como el Albercón Negro o el Aljibe de la Lluvia o diversos mayarib (surtidores de agua).

Esta gran fuente, de reforma cristiana, se ubica sobre una
torre defensiva nazarí que ayudaría a proteger el palacio
desde el lado del Albaicín y del camino de Guadix.
Esta torre defensiva, tenía además un carácter lúdico ya
que los reyes nazaríes colocaron en ella una gran fuente
que servía para lanzar un potente chorro de agua al aire.
Este funcionamiento fue aprovechado también en época
cristiana como testimonian escritos sobre la visita de
Carlos V a Granada en el siglo XVI.

Este muro saliente de color rojizo es de origen nazarí,
lo que nos ayuda a conocer la altura de esta peculiar torre.
Esta rematado con una albarrilla para que el agua de la
lluvia descienda del muro. 
Junto al muro medieval, la puerta da acceso a la parte superior del pabellón sur del Generalife. Este pabellón fue elevado en época cristiana, construyendo sobre él dos miradores cubiertos que miran hacia el Albaicín y hacia el Patio de la Acequia y hacia el Pabellón Norte.

Vista del palacio del Generalife desde las plantas superiores
del pabellón sur del palacio, con la perspectiva del Patio de la
Acequia, la crujía oeste y el pabellón norte al fondo.

Plantas de construcción cristiana con vistas al Albaicín.
Con estos añadidos cristianos, el pabellón opuesto
perdió sus vistas al Albaicín, como originalmente
idearon los reyes nazaríes de Granada.
En el centro de la larga acequia del Patio de la Acequia habría un pabellón en época nazarí que ha desaparecido, aunque la vegetación que adornaba el patio en época hispanomusulmana sí se ha recuperado gracias a la labor arqueológica al obtener el polen encontrado al llegar al sustrato medieval de los jardines del patio. Los famosos surtidores de la Acequia no existían hasta el siglo XIX, por lo que habría que imaginarlo como un lugar en silencio, sin el constante ruido del agua al caer.

En el lado oeste del pabellón norte, se conservan los restos
del arranque de un muro que nos da una idea de la altura
que tendría en época nazarí. En realidad, los arcos que
actualmente se abren hacia la Alhambra fueron construidos
en época de los Reyes Católicos, suponiendo que la decoración
original estaría compuesta por arcos ciegos, simétricos a los
accesos de la crujía oesta, la que se encuentra frente a ellos.

la crujía oeste sufrió un incendio a mediados del siglo XX.
Tras él se pudieron descubrir ciertos restos que delataban
su antigüedad y que se desconocían hasta el momento. Por
ejemplo unas escaleras que descienden hasta un punto ciego
y que posiblemente conducirían hasta el hamman o baños.
Una vez visitados los corredores abiertos que fueron añadidos en época cristiana y que conducen al Patio del Ciprés, conocemos que la leyenda del Ciprés de la Sultana se remonta a más allá del romanticismo decimonónico, hasta el siglo XVI, tal como recoge el embajador Navajero en su visita a la corte de Carlos V. Dejamos atrás el palacio por un momento para dirigirnos a la Escalera del agua, que presumiblemente finalizaría en un oratorio islámico que desapareció con la construcción del Mirador Romántico.

Escalera del Agua por la que el rey ascendería realizando
las pertinentes abluciones con el agua que desciende por
el pasamanos y con un canal que atravesaba los peldaños.
Vistas desde el pabellón norte. Habría que imaginar
el pabellón opuesto con la altura rebajada permitiendo
ver la panorámica del barrio del Albaicín y la medina.

La Casa del Amigo, de la que hoy sólo pueden verse restos
arqueológicos, fue una construcción del rey Yusuf III
situada junto a un callejón de servicio.

Este paseo de cipreses, en origen, era un camino medieval
que conducía a los aledaños del palacio del Generalife

En los jardines del Generalife se conserva este arrayán
bético medieval que ha subsistido hasta la actualidad.
A diferencia del arrayán que hoy vemos plantado por toda
la Alhambra, el arrayán medieval tenía unas hojas más grandes.
Al igual que este, otros se conservan en Tocón y en Murtas.

Punto en el que se unen estos dos ramales de la acequia,
conocidos como el tercio y los dos tercios. Aquí finaliza
la visita, en la misma Acequia Real desde donde partimos.
Sin lugar a dudas, estas visitas guiadas por especialistas merecen la pena, por su módico precio (9 euros), ya que no sólo los conocimientos que te aportan, te permiten además acceder a espacios reservados al público en general y conocer en mayor profundidad el complejo alhambreño.

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