La almunia de Ibn al-Jatib en el Pago de Aynadamar
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| Las excavaciones en Cartuja confirman que allí se ubicó la almunia de Ibn al-Jatib, un complejo palaciego nazarí articulado en torno a torreones y una gran alberca alimentada por la acequia de Aynadamar, clave para comprender la historia andalusí y la evolución de este espacio hasta la actualidad |
En el año 2014 las primeras excavaciones dirigidas por el catedrático Antonio Malpica en la zona alta de Cartuja sacaron a la luz una atalaya de unos siete metros de altura. Aquel hallazgo abrió la puerta a una hipótesis tan fascinante como sólida: ese enclave podía corresponder al palacio-almunia del gran visir y poeta nazarí Ibn al-Jatib. Con el tiempo, la teoría fue reforzándose gracias a las investigaciones de especialistas como la arabista Bárbara Boloix o el científico Julio Navarro.
La confirmación definitiva ha llegado con la última campaña arqueológica impulsada por la Universidad de Granada, desarrollada entre el verano de 2021 y octubre de 2023 en el entorno del templete de Cartuja. Los trabajos han permitido documentar dos nuevos torreones, que, sumados al ya conocido, han hecho posible delimitar el conjunto defensivo y localizar el área donde se situaría el recinto principal. Parte de este espacio se encuentra hoy bajo la antigua Carretera de Murcia, fuera de los límites del campus, lo que ha impedido intervenir directamente en esa zona.
La excavación, dirigida en una primera fase por el profesor Guillermo García-Contreras y posteriormente por los arqueólogos David Rodríguez y Emilio Cano, ha aportado además información clave sobre uno de los elementos más evocadores descritos por el propio Ibn al-Jatib en sus textos: la gran alberca. Esta infraestructura hidráulica coincide parcialmente con lo que hoy se conoce como el Albercón de Cartuja, aunque sus dimensiones originales eran muy superiores: unos 1.500 metros cuadrados.
En época nazarí, esta alberca se abastecía del caudal constante de la milenaria acequia de Aynadamar, construida en época zirí y alimentada por la Fuente Grande de Alfacar, a más de once kilómetros de distancia. Con el paso de los siglos, el espacio fue transformándose: primero en balsa de riego de los cartujos (siglo XVI), después de los jesuitas (siglo XIX) y, más recientemente, en depósito de abastecimiento de Emasagra, hasta su desuso en 2021.
Paralelamente, la UGR ha culminado la restauración de la acequia de Aynadamar y trabaja ya en la rehabilitación del Albercón de Cartuja, con la intención de devolverle el agua siglos después y recuperar su sentido histórico y paisajístico.
Pero la vivienda de Ibn al-Jatib sigue siendo, en parte, una promesa. Junto a los torreones, el equipo arqueológico ha localizado muros de tapial de cal y canto, similares a los de la Cuesta de la Alhacaba, la entrada primitiva de la acequia, así como cinco contrafuertes. Los hallazgos materiales, pendientes de análisis en laboratorio, incluyen joyas, anillos, monedas, dedales y cerámicas vidriadas (olambrillas), testimonios directos de la vida cotidiana en este enclave privilegiado.
Según explica Guillermo García-Contreras, existe en Granada un paralelismo claro para imaginar el aspecto del palacete: la Casa del Chapiz. Aunque la zona habitacional aún no ha aflorado, hay indicios claros de su ubicación, lo que abre un horizonte de futuras investigaciones.
El futuro del fastuoso hogar de Ibn al-Jatib está, por tanto, aún por escribir. Esta última intervención ha permitido delimitar áreas de reserva arqueológica, espacios donde será imprescindible volver a excavar. Además, los investigadores insisten en la necesidad de un proyecto integral que analice las distintas ocupaciones históricas de la colina, que se remontan incluso a época romana, cuando el lugar albergó una cantera de arcilla destinada a los alfares de Cartuja.
Cartuja vuelve así a revelarse como un palimpsesto histórico, donde el agua, la poesía y la arqueología dialogan para devolvernos una parte esencial del pasado de Granada.


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