La Alhambra subterránea

Pasadizos descubiertos y adaptados en el Cármen
de la Fundación Rodriguez-Acosta y que son
de origen hispanomusulmán y que al
parecer conectaban con Torres Bermejas


Existe una Alhambra desconocida para el turista, que atraviesa el subsuelo por metros de galerías, silos y aljibes, pasillos y pasadizos estrechos envueltos en la oscuridad, una red subterránea que se esconde en la llamada “ciudad roja” que sólo conocen unos pocos privilegiados. La Alhambra está cruzada bajo tierra por túneles, mazmorras y espacios defensivos como la cueva semioculta entre la maleza que da paso a una galería subterránea que asciende hasta los palacios nazaríes a través de doscientos escalones, tal vez una vía de escape en caso de necesidad, aunque también existe la teoría de que fuera un acceso a una zona donde se cobijaban fieras exóticas como se acostumbraba en las cortes orientales. O como el pasadizo que lleva desde el Patio de la Reja al Patio del Cuarto Dorado y que servía para reforzar y actuar con rapidez a la guardia de palacio, así como los pasadizos que existen en la Colina del Mauror.

Acceso a un pasadizo oculto en los bosques de La Alhambra


Por el momento se han descubierto veintiún silos en La Alhambra, de las cuales seis se encontraban en la alcazaba, y en muchas ocasiones fueron encontrados manera fortuita cuando algún jardinero se hundió unos palmos mientras trabajaba. Espacios subterráneos que sirvieron para almacenar alimentos en silos bajo tierra que conservaban trigo y semillas, pero que también eran utilizados como mazmorras durante las etapas más bélicas del Reino nazarí, donde los cautivos esperaban a ser canjeados por otros prisioneros. Un orificio en lo alto del zulo era el único acceso desde el exterior, al que era imposible escalar. El interior tenía una planta circular y paredes descarnadas que forman un embudo donde los presos yacían tumbados en sus camastros en condiciones de poca higiene y donde aún quedan restos de los ladrillos que se disponían de forma radial para crear divisiones, así como un vasar donde se apoyaba la escudilla.

En la alcazaba de la Alhambra se encuentra un silo que estuvo enterrado
hasta principios del siglo XX cuando apareció el barrio castrense
durante unas excavaciones arqueológicas

Los monarcas nazaríes sentían al enemigo dentro de su propia casa, sucediéndose asesinatos, levantamientos, guerras civiles fratricidas, cundiendo el miedo y la tiranía entre muchos reyes que llegaron a desconfiar de sus súbditos y familiares. Este hecho, así como el temor a un ataque cristiano, por lo que se configuró un laberinto de entradas y salidas en el camino de ronda de la muralla, haciendo de La Alhambra una plaza inexpugnable, unas galerías concebidas para que el cuerpo de guardia pudiera hacer su ronda por el adarve alto de la muralla sin tener que descender al adarve bajo, haciéndose subterráneos al pasar por conjuntos palaciegos –como en el caso de la torre de Comares- para evitar obstáculos, permitiendo un control total y la protección sin interferir en la vida civil.

También se dice que estos espacios pudieron servir para guardar los tesoros que acumularon los monarcas granadinos, grandes cantidades de oro y plata que en muchos casos estaban destinados a pagar parias al reino de Castilla, así como joyas de elevadísimo valor (ver post sobre el rubí del rey Bermejo)  que pudieron esconderse, como muchos apuntan, en la llamada Sala de las Ninfas –en el sotano de la Sala de la Barca-.

En el programa de televisión “Cuarto Milenio” hicieron un reportaje especial sobre estos espacios que puede reproducirse aquí o el documental de Canal Historia junto a la Asociación Pura Vida que organiza visitas a estos espacios (contactar por email asocpuravida@gmail.com o tel 692103656)

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