Jardín nazarí: la palmera


Para un árabe, una palmera es algo más que un árbol: Abderraman I, fundador de la dinastía omeya en la Península, plantó en el jardín de su palacio de Al-Rusafa una de las primeras palmeras en el suelo español, para recordar su niñez en Siria, país que había tenido que abandonar huyendo de los abbasíes, para crear más tarde su propio imperio.

El palacio de Al-Rusafa era la residencia campestre construida por Abderramán I cerca de Córdoba en el siglo VIII, en recuerdo de un palacio similar en Siria. Este palacio andalusí fue un lugar de esparcimiento para el emir, rodeado de jardines con plantas exóticas, y de él toma nombre el barrio de Arruzafa en Córdoba. La denominación "Rusafa" también hace referencia a la ciudad y el palacio que su abuelo, el califa omeya Hisham, tenía en Siria. 

En un poema se compara a sí mismo, extranjero inmigrado, con esta palmera solitaria. Esto ocurrió a mediados del siglo VIII. Doscientos cincuenta años más tarde, cuando Al-Mansur (Almanzor), gran canciller del último califa omeya, quiso ampliar la mezquita, se hizo preciso derribar un edificio, en cuyo patio interior crecía una palmera y que pertenecía a una mujer. La dueña se negó a enajenar la casa si no se le proporcionaba otra que también tuviera palmera; la autoridad judicial le dio la razón.


 

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