La atalaya de Cerro Gordo

La Torre de Cerro Gordo que ha llegado hasta
nuestros días fue levantada tras la conquista
castellana, a finales del siglo XVI o inicios del
XVII, como parte del refuerzo del sistema
defensivo frente a los ataques corsarios, muy
frecuentes en el Mediterráneo occidental

La costa granadina conserva un paisaje donde la historia y el mar dialogan desde hace siglos. En ese escenario privilegiado se alza la Torre de Cerro Gordo, también conocida como Torre de La Herradura o Torre del Nogal, una atalaya costera que, aunque construida entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII, hunde sus raíces en un territorio previamente fortificado durante la época del Reino Nazarí de Granada.

Un enclave estratégico desde época andalusí

La torre se sitúa en el cabo o Punta de Cerro Gordo, en la cara occidental de la bahía de La Herradura, dentro del actual Parque Natural de los Acantilados de Maro-Cerro Gordo, en el término municipal de Almuñécar, provincia de Granada. Este enclave cierra por el oeste la ensenada de La Herradura y ofrece un dominio visual excepcional sobre el litoral, razón por la cual ya en época nazarí existió aquí una atalaya andalusí destinada a la vigilancia marítima.

Durante los siglos finales de Al-Ándalus, el litoral granadino era una frontera viva, expuesta tanto a incursiones cristianas como a conflictos navales. Las torres costeras permitían alertar con rapidez a las poblaciones del interior y coordinar la defensa de puertos y fondeaderos naturales.

La atalaya presenta una forma troncocónica, con un leve talud y planta circular de 7,30 metros de diámetro, asentada sobre una plataforma de nivelación con zarpa aparente. Está construida con mampostería de piedras medianas, alternando cada dos hiladas con una verdugada de lajas, una técnica habitual en este tipo de fortificaciones. Conserva una altura aproximada de 10,50 metros y restos del enlucido exterior de mortero de cal, que originalmente la protegía de la humedad y la salinidad. 

El acceso al interior se sitúa en el lado este, a unos 5,50 metros sobre la base, siguiendo el modelo defensivo tradicional. Este hueco cuenta con jambas, arco y matacán de cantería, elementos diseñados para dificultar el asalto. La torre dispone además de una tronera orientada al suroeste y conserva gran parte del peto de la terraza, desde donde se realizaban las labores de vigilancia.

La construcción de esta torre vino a paliar la
debilidad defensiva de la Ensenada de La Herradura
y la Playa de Cantarriján, zonas muy expuestas a
incursiones de corsarios berberiscos

Los torreros utilizaban un sistema de señales visuales para comunicarse: ahumadas durante el día y fuego por la noche, enlazando con otras torres cercanas.

La Torre de Cerro Gordo formaba parte de una red de vigilancia costera en la que se integraban otras fortificaciones como la Torre del Río de la Miel, la Torre de Maro, la Torre Caleta y la Torre Río de la Miel, creando un sistema continuo de control del litoral heredero, en parte, de las estructuras defensivas nazaríes.

Con el paso del tiempo y la desaparición de la amenaza corsaria, la torre perdió su función militar. En el siglo XIX fue utilizada por el Cuerpo de Carabineros como punto de vigilancia, principalmente para el control del contrabando. Hoy, integrada en un espacio natural protegido, la Torre de Cerro Gordo se ha convertido en un símbolo del paisaje histórico de la costa granadina.

Más allá de su arquitectura, este enclave recuerda la continuidad histórica de un territorio donde el legado nazarí, la defensa costera moderna y la naturaleza se superponen. Desde lo alto de la torre, el mar y los acantilados siguen cumpliendo la misma función que hace siglos: vigilar el horizonte y contar, en silencio, la historia de Granada y su frontera mediterránea.

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