Numismática nazarí

El sistema monetario hispanomusulmán constaba de dos monedas principales: una en oro (el dinar, también llamado dobla o doble dinar) y otra en plata (el dirham), a las que ocasionalmente se unió durante algunos períodos otra de escaso valor, acuñada en cobre (el fals).

Durante el Califato Omeya y el período de Taifas (siglos X y XI), las monedas se acuñaban con pesos diversos. Esta situación cambió en época almorávide y almohade (siglos XII y XIII), cuando los ejemplares, de plata u oro, pasaron a tener un valor más o menos fijo, de manera que un ejemplar de dinar nazarí tenía un único peso de 4.6 gramos.

Algunos ejemplos de monedas
nazaríes acuñadas en el
Reino de Granada

Debido a las características sociales y económicas en los reinos cristianos se acuñó moneda mucho más tarde que en al-Ándalus, en concreto a finales del siglo XI, utilizando hasta ese momento las monedas islámicas que circularon por todos los territorios peninsulares. Cada reino tuvo su propio sistema monetario, conviviendo todos ellos durante siglos. 

Las primeras emisiones cristianas de oro imitan a las andalusíes, aunque la moneda característica hasta el
siglo XIII fue el dinero de vellón (aleación de plata y
cobre), acuñado en todos los reinos cristianos y
manejado por la mayoría de la población

El reino nazari de Granada es el último vestigio del Islam en el al-Andalus, siendo sus acuñaciones una continuación formal y metrológica del modelo almohade. En sus doblas aparece el mismo lema dinástico que decora la Alhambra y la genealogía del soberano, dato fundamental para aclarar el linaje de los nazaríes, confuso en los documentos que se han conservado. Hay que destacar la serie de dinares (llamadas doblas); en ellas aparece el lema dinástico: "No hay vencedor sino Dios" y los nombres de los gobernantes con sus títulos y ascendencias. También se perpetía la emisión del dirham de plata y muy ocasionalmente aparecen feluses de cobre. Esta moneda es atípica en su formato y la mención de la Alhambra como lugar de acuñación; estas consideraciones a las que hay que añadir su bajo contenido en oro, permiten suponer que pueda tratarse de alguna emisión excepcional realizada en situaciones de especial inestabilidad política.

Estructura epigráfica de las de las nazaríes 
del monarca Yusuf I (1333-1354)

Por ejemplo, la dobla de oro del monarca Yusuf I se acuñaba siguiendo el patrón almohade, con unas características comunes como son la omisión del año de acuñación y lugar de emisión, si bien podemos suponer que el grueso de la producción monetaria se realizaba en la ceca principal de la ciudad de Granada. En distintos momentos de la dominación nazarí vinieron a unirse otras cecas: Málaga, Almería, Jaén, Ceuta, Guadix, Baza, además de la propia ciudadela de la Alhambra (expuesta en la vitrina 3 de la Sala I del Museo de La Alhambra). Las monedas almohades y nazaríes muestran un rasgo formal y simbólico común: el uso del cuadrado en conjunción con el circulo.

En estas monedas, adquiridas por el
Patronato de la Alhambra, en los segmentos
del reverso -como también sucede en la
epigrafía de los muros de la Alhambra-,
se repiten el lema dinástico nazarí
"Y no hay más vencedor que Dios", y el
término árabe al-mulk ("el poder"), que
manifiestan el papel preponderante de
la divinidad única y la legitimación del
poder político a través de
la ideologia religiosa

Cuando se renuncia a la imagen en las monedas, todo el peso recae en los mensajes escritos en ellas, como ocurre tradicionalmente, en la monedas orientales (islámicas, chinas y japonesas) y en ciertas monedas europeas, por ejemplo en los reales de Castilla del siglo XIV, donde la imagen del monarca es sustituida por las iniciales de su nombre coronadas.

Dobla de oro del reinado de
Mohammed IX "El Zurdo"
(1419 - 1431)

Los difíciles momentos finales se reflejan en los minúsculos dinarines y en la acuñación de doblas de vellón, quizás para ser posteriormente doradas. Con la moneda nazarí acaban siete siglos de moneda andalusí.

Monedas nazaríes expuestas en el
Museo Arqueológico Nacional de Madrid

Hasta mediados del siglo XX los metales más empleados para la fabricación de la moneda eran el oro, la plata y el cobre, con sus aleaciones, y su valor esta a en relación con la cantidad y la pureza del metal que contenía. El constante volumen de acuñación requería de unas fuentes de abastecimiento regulares. De ahí la estrecha relación entre producción minera y emisión monetaria. El metal extraído en las minas llegaba a la Casa de la Moneda o "ceca", el edificio donde se fabrica la moneda.


El largo proceso de fabricación de la moneda empieza en la mina, extrayendo el mineral, y acaba en la ceca o Casa de la Moneda. Se trata de un tipo de producción en serie, controlada y legislada por el Estado en todas sus fases. Requiere recursos metálicos, un lugar donde manipularlos y un personal altamente especializado.


La fachada románica de la iglesia de Santiago en Carrión 

de los Condes (Palencia) muestra a los operarios 

medievales involucrados en la fabricación de monedas


No hay en Europa una representación 

tan completa y realista del personal 

de una casa de moneda medieval


La acuñación es el último paso de una compleja serie de procedimientos entre los que se incluyen el tratamiento y la depuración del metal, la fabricación de los cospeles y los cuños y la comprobación de los pesos. La calidad del producto final, la moneda, es garantizada por los cargos públicos responsables.


Desde las primeras emisiones griegas, la mayoría de las monedas se fabricaron por el método de acuñación a martillo. Para ello se utilizan dos cuños, o troqueles, que llevan grabadas en hueco las imágenes de la futura moneda. Entre ellos se coloca un disco en blanco, el cospel, en el que se imprimen los diseños con uno o varios golpes de martillo.


Acuñación manual de moneda en la Edad Media


Las monedas, como piezas arqueológicas, individualmente o agrupadas en tesoros, y localizadas en excavaciones o por azar, proporcionan información valiosísima para la datación e interpretación del yacimiento, ya que permiten conocer numerosos aspectos de la vida en el pasado: desde áreas de influencia económica, política y lingüística, hasta delimitaciones funcionales de los espacios. En otras ocasiones, es el contexto arqueológico de los hallazgos monetarios el que contribuye a fechar y explicar las emisiones.


La moneda, ese objeto que usamos todos los días sin apenas fijarnos en él, es una de las fuentes de información más importantes que los arqueólogos e historiadores tienen para interpretar el pasado, porque ofrece imágenes, textos y fechas que nos ayudan a conocer otras culturas y otras épocas.


El estudio de la documentación histórica contemporánea a las monedas es el complemento principal a su estudio directo. La legislación, las crónicas sobre su uso, los registros de contabilidad y los archivos comerciales, entre otros, son imprescindibles para la interpretación de las monedas



El acto de pesar, sean monedas o mercancías, ha sido una actividad sujeta siempre, desde la Antigüedad, a controles oficiales y sanciones religiosas para evitar el fraude. Para el desarrollo del comercio es requisito fundamental asegurar la fiabilidad del peso, cuyos instrumentos de medición son las balanzas y las pesas. En las monedas antiguas, el fraude se realizaba disminuyendo el peso de la pieza, usando una aleación empobrecida o bañando en plata u oro un disco metálico de escaso valor.


La falsificación de moneda fue una práctica
relativamente frecuente en la sociedad hispano
cristiana de los siglos XIIII y XIV, pese a estar
perseguida y castigada por el Ordenamiento de
Alcalá de Alfonso XI (1348) señalaba que "algunos
hombres de fuera de nuestro señorío hacen, habían
traido y traen de cada día mucha moneda falsa de
coronados y de novenes a la nuestra tierra y al nuestro
señorío y que emplean y derraman comprando con ellas
las mercancías y cosas de nuestra tierra"
; en Alarcos,
un hallazgo evidencia el establecimiento de un taller
itinerante dedicado a la producción de moneda falsa
en el interior del castillo, pues al tratarse de una actividad
ilícita perseguida, su puesta en marcha se hizo al abrigo
del recinto amurallado ofrecía cierta privacidad para la
realización de este trabajo entre 1334 y 1369, coincidiendo
con el reinado de Alfonso XI (1311-1350) o en los
primeros años del de su hijo Pedro I y cuyo proceso
de fabricación estaba dirigido a la obtención de
monedas similares a las que se intentaban copiar
para, una vez labradas, mezclarlas con las monedas
de curso legal con la finalidad de
ponerlas en circulación


La moneda es la forma de dinero más universal, utilizada y conocida. Habitualmente es un disco de metal cuyas caras son marcadas por el Estado con diseños que garantizan su autenticidad y valor. Surgió en Lidia (actual Turquía) y en China hacia finales del siglo VII a.C. y, aunque el perfil redondo es el más corriente, ha adoptado formas y tamaños muy diversos.


Dobla nazarí del reinado de Mohammed IX
expuesta en el Museo Arqueológico Nacional 
de Madrid; una dobla granadina valía 107
maravedíes, mientras que un maravedí
equivaldría en la actualidad a 16 euros 


La moneda, un objeto práctico, pero de alto contenido ideológico, se emite con el fin de cumplir diversas funciones en la sociedad: como medio de pago, por parte del Estado o entre particulares, instrumento del comercio, elemento de ahorro y símbolo de riqueza y prestigio social. Su utilidad es tal que, cuando falta, se articulan mecanismos para poner en circulación un sustituto de emergencia: el llamado «dinero de necesidad"


Cuando se renuncia completamente a la imagen, todo el peso recae en los mensajes escritos. Ocurre, tradicionalmente, en las monedas islámicas, chinas y japonesas, pero también en ciertas monedas europeas. En los reales de Castilla del siglo XIV, la imagen del rey es sustituida por las iniciales de su nombre coronadas.


Ante la existencia de «buscadores de tesoros", conviene hacer hincapié no sólo en que es una actividad ilegal, sino en que una moneda separada de su contexto arqueológico pierde una parte esencial de su información histórica.

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