La Toma de Granada (2 de enero de 1492)

La Alhambra de Granada vista desde el Albaicín 


La mañana del primer día del mes de rabí al-awwal (2 de enero de 1492), muchos granadinos se despertaron sobresaltados por las tres salvas de artillería que atronaron el cielo de la ciudad adormecida. El estrépido producido por los disparos de una bombarda de duelas y aros de hierro forjado y de ánima corta fue audible en casi toda la ciudad.

Poco antes de la maitinada, llegaron tropas castellanas con bombardas, falconetes, búzanos y pasavolantes acarreadas por mulos que las subieron hasta la Alhambra, acompañados por tropas nazaríes. Pontoneros y gastadores castellanos ensancharon el camino que desde el río Genil lleva ba hasta la alameda de Muamil durante toda la noche bajo las instrucciones de un mudéjar aragonés llamado Muhammad Palacios, con el objetivo de ensanchar el camino de acceso a la fortaleza de la Alhambra por el lado este de la ciudad.

Los cañonazos disparados aquella mañana procedían de las murallas de la Alhambra y eran la señal de las tropas granadinas al ejército cristiano asentado en Santa Fe para iniciar la entrega de la ciudad. Seiscientos hijos varones de notables granadinos, reunidos la noche anterior por oficiales del monarca granadino y entre los que se encontraban bastantes niños y adolescentes, habían sido trasladados durante la última madrugada hasta el Real castellano para quedar como rehenes y asegurar la rendición pacífica de las fortalezas y puertas de la ciudad.

El ejército castellano, dispuesto y formado en tres batallas, corrió para tomar la última ciudad musulmana de la Península. La primera batalla, al mando del comendador mayor de León, Gutierre de Cárdenas, cruzó el río Genil a la altura de la Puerta de los Molinos o Bib Riha por el camino ensanchado en la noche anterior y ascendió, con quinientos jinetes y tres mil peones de infantería, por la alameda de Muamil hasta el Abahul y las cercanías de la Bib Algodor. Tras recibir el saludo del gobierno nazarí y los dignatarios granadinos con el rey Boabdil al frente, ocupó Gutierre de Cárdenas ocupó los puntos más estratégicos de la fortaleza nazarí; batallones de artillería, mandados por el maestre de Alcántara subieron tras la infantería y la caballería. El séquito nazarí, con el monarca a la cabeza abandonó la Alhambra por la Puerta de los Siete Suelos o Bib Algodor.

En la torre más visible de la fortaleza de la Alcazaba, la torre de la Vela, los cristianos izaron tres banderas. Un pendón rojo blasonado con las armas de Castilla y Aragón, la enseña de Jesús Cristo con una gran cruz en su centro y la del Apóstol Santiago, indicando al resto de las tropas, la ocupación sin incidentes de los palacios musulmanes. Los conquistadores entonaron el canto "Ave cruz, spes unica!", un antiguo himno romano utilizado por la Iglesia durante la celebración de la Semana de Pasión para adorar la Santa Cruz, y un heraldo anunció a voz en grito y desde la torre la toma de la fortaleza, en nombre de sus majestades.

La segunda batalla, al mando de Fernando de Aragón y escoltado por cien caballeros continuos (encargados de la custodia personal y de su palacio), aguardó la llegada del monarca Mohammed XII desde la fortaleza en el inicio del camino de la alquería de Armilla, en un arenal del río Genil y en la proximidad del morabito de al-Muntasir, el ribat situado a un tiro de piedra del Kars Xennil. Se había pactado realizar la entrega de Granada a las afueras de la ciudad para evitar cualquier incidente o contratiempo. Al rey nazarí le acompañaba su intérprete, Hernando de Baeza, y Gonzalo Fernández de Córdoba como representante castellano. El militar cordobés que diez años antes era una joven promesa del ejército cristiano, no había defraudado a la reina Isabel; se había destacado militarmente en los sitios de Tajarja y de Íllora y como hábil negociador en la rendición de la ciudad. Recompensado con el señorío de Órgiva y la Orden de Santiago, Fernando de Aragón tenía previsto, finalizada la Guerra de Granada, enviarlo a la península Itálica al mando de sus ejércitos como adalid contra los franceses que amenazaban las propiedades de la corona de Aragón. Curiosamente, los monarcas cristianos iban vestidos con trajes musulmanes.

Boabdil, al llegar a la altura del rey Fernando, hizo amago de bajarse de su caballo y poner el pie en tierra para iniciar la ceremonia de "rendido y vasallo" en la que, arrodillado debía recibir el saludo del de Aragón. El monarca cristiano le contuvo tal y como se había pactado para no humillar al granadino y en ese momento renunció a sus derechos sobre el trono nazarí, en su nombre y en el de sus herederos.

Tras la ceremonia, el rey nazarí se dirigió hacia la alquería de Armilla, donde, al frente de la tercera batalla del ejército granadino, le aguardaban la reina Isabel con sus hijos, y Ahmad, el primogénito de Boabdil conocido como "El Infantico" y que había permanecido como rehén en manos castellanas desde la liberación del entonces heredero granadino tras su apresamiento en la batalla de Lucena. Tras el frío encuentro entre padre e hijo, pues el muchacho apenas recordaba a su progenitor tras el largo tiempo de separación (ocho años), la comitiva trotó hacia el Real de Santa Fe en donde la familia nazarí permanecería alojado en los aposentos del cardenal Mendoza, como garantía de sosiego en la ciudad, hasta que los granadinos entregasen sus armas.

En su palacio de Guadalajara, los Duques del
Infantado representaron esta escena en la Sala
de las Batallas, donde mezclándose con temas
de la mitología clásica, aparece el
protagonismo de la familia Mendoza en
la Guerra de Granada, tal vez representando
a Íñigo López de Mendoza, II duque del
Infantado quien participó activamente en
la campaña de 1486, conquistando Loja,
Íllora y Moclín y en la firma del acta de
la capitulación de Granada en 1491


Fernando de Aragón encaminó su montura hacia la Alhambra para ser recibido por Abén Comixa, el alguacil mayor de la población y recibir oficialmente la fortaleza y la ciudad; en su ascenso se cruzó con una procesión de unos setecientos cautivos cristianos que, casi desnudos y desnutridos y marchando tras una cruz, habían sido liberados según las estipulaciones acordadas de los zonotes del Abahul.

Quinientos jinetes y mil infantes ocuparon la Alhambra y los soldados entonaron un "Te Deum" como acción de gracias mientras trompetas, atabales, clarines, arcabuces y mosquetes sonaron haciendo temblar la tierra en señal de la proclamación de los nuevos monarcas como amos de la ciudad, llegando el estruendo a los musulmanes granadinos que permanecían encerrados en sus casas.


Esta es la puerta al Salón del Trono del
Palacio de la Aljafería que muestra
cuidada heráldica de la Monarquía 
Hispánica, sostenida por leones, con
Castilla y León, Aragón y Sicilia y
una amplia Granada, reino recién 
conquistado

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